No sé cómo logras arruinarlo todo incluso en tu ausencia.
El hombre que amo ahora cree que sigues viviendo en mí, y yo cargo con una rabia tan antigua que a veces parece haber nacido conmigo. Qué coraje me da que sigas apareciendo donde ya no existes.
Porque siempre serás mi desolación.
Siempre serás aquel cuyo nombre se escribe con dolor. No porque te extrañe. No porque aún te quiera. Sino porque nadie me hizo llorar sangre. Nadie desgarró mi corazón con tanta precisión. Nadie dejó una herida tan profunda que mi pluma todavía encuentre tinta en ella.
Mis mejores versos nacen de tu ruina.
Y eso también lo odio.
Mi ángel insiste en que debo amarte por ser mi prójimo. Yo quisiera obedecer, pero hay días en que tu recuerdo se levanta como un cadáver que se niega a permanecer enterrado. Hay días en que no lucho por amarte, sino por no odiarte.
Porque si algo queda de ti en mí, no es amor.
Es una cicatriz que aún conserva la memoria del puñal que nunca encontró tu pecho.
"Liturgia del rencor"
-beth 🍷












