”Claro que tengo, estoy segura que si hubiera ido a molestar a cualquier otra persona me hubieran tratado mal” contestó, regalándole una suave sonrisa, ya más calmada pero el temor de que la siguieran acosando seguía allí. Se preguntaba porqué justamente ella había sido escogida por el tipo quien inició su pequeño ataque de pánico, aunque internamente agradecía que no hubiera molestado a nadie más o incluso a alguna chica un poco más borracha que ella, que se hubiera dejado engatusar por el hombre. Nadie merecía aquello “Sí, los hay. No es que me pase muy seguido, pero sí me ha pasado un par de veces antes y… Dios, no hay ni siquiera otra palabra para describir la situación que ‘miedo’ y ‘pánico’” dijo ella, apretando ligeramente los labios. Estaba molesta, incómoda con todo lo que estaba pasando. Ella había llegado para pasar un buen rato y distraerse y ahora sabía que no volvería frecuentar el lugar como antes, a pesar de que el lugar no tuviera la culpa de lo que había pasado “Vine sola… Pero no tienes que hacer nada, no te preocupes. Ya mucho hiciste dejándome quedar acá un rato” contestó, volviendo a sonreírle “¿Tú has venido con alguien? No quiero estorbar si estás en una cita de verdad o algo”
‘Bueno, ya sabes cómo dicen. Veo humanos pero no humanidad.’ Las personas solían encerrarse en su egoísmo, poco consientes ante el término de empatía y el cómo emplearlo en una situación cotidiana, optando por preocuparse de sus propios asuntos antes de prestar ayuda. No eran noticias que al ser cuestionados por su decisión de no involucrarse, estos respondieran que el miedo de salir lastimados les retenía ante tomar cartas en el asunto. ‘Lamento que tengas que pasar por esto.’ Se disculpó sin necesidad de hacerlo, pues no era él quien se había dado una invitación al espacio ajeno. ‘¿Estás segura, cariño?’ cayó en el juego de miradas fulminantes que el hombre dirigía en su dirección, respondiendo a esta para acomodarse en su lugar, jugando con el vaso medio vacío que yacía sobre la mesa, llevando así su foco sobre la fémina, la suavidad en sus irises remplazando de la oscuridad anterior. Una risa fugó los labios del masculino, negando por lo bajo para arrugar la nariz en respuesta. ‘No no, nada de citas.’ Confesó. ‘A veces vengo con un par de amigos, que serían…’ su mirada pasó a buscar al par entre las personas. ‘El par de idiotas del costado de allá.’ un movimiento de mentón se encargó de señalar a quienes, entretenidos y destacando entre el montón, bailaban como si nadie les mirara. ‘Yo solo me ahorro la humillación y los veo desde acá, así que, nada de interrupciones.’