un animal disecado me mira
creo que llorar por la quietud.
y sigo frente a una pantalla led -
creo que lloro por la quietud.
piensas que el mundo se mueve deprisa, que los coches navegan las avenidas veloces, que los peatones no dejan de dejar huellas blandas en las aceras, que las trayectorias de las golondrinas no cesan, que los chem trails sobre tu cabeza corren de polo a polo, que la dirección del viento cambia, se mantiene, pero no se detiene.
piensas en un río, fluyendo eterno. ciclo infinito. te bañas en un agua que ya se ha ido, tras haberte lamido piel y hiel, fría como puñales de acero templado. fría como las verdades. como la filosofía. agua que se amontona en tus oídos y piensas en heráclito, quien hablaba de esos ríos. y piensas en cómo el tiempo aquel de los presocráticos en una clase con 43 pupitres se ha ido. y no te importa, porque has crecido.
mi afición del verano es escuchar la misma canción en bucle. ayer escuché una canción de reguetón 65 veces. antes de ayer escuché una canción de rap 51 veces. mañana escucharé una canión de jazz n veces.
mientras, esta pantalla led y esa jineta disecada me miran y el tiempo discurre sinuoso por mi epidermis y yo le dejo irse porque da igual donde vaya:
ni formas de contener el desierto en botellas.
ni modo de registrar todas las estrellas fugaces.