¡Muy buenas noches!
— No soy de los que rezan, pero nada se pierde. — Sonrió — Hay una infinidad de motivos, pero como cualquier otro problema el primer paso es la aceptación. Solo así hay total disposición a curarse … — Explicó un poco, pero no era momento de hablar sobre él, sus proyectos y el conocido consultorio. Era mucho más importante otorgarle a su amigo el protagonismo que merecía por la buena labor que venía desempeñando como educador. Definitivamente se alegraba mucho por él y la amplia sonrisa que se extendía en su rostro lo reflejaba — ¡De a pocos se arregla el mundo! Será un placer ayudarte — Emitió una carcajada — Una copa no hace daño, aunque está bien si no quieres, no insistiré. En todo caso, podemos ir por una soda y me sigues contando de tu vida que lamentablemente suelo estar ocupado…
--No, nada se pierde rezando --asintió varias veces, otra sonrisa ya jugando con sus labios--. Supongo que para llegar a la aceptación toma un buen tiempo --pensó, ensimismándose en las ideas que rondaban en su cabeza. Sinceramente, no entendía nada sobre ese tema--. La verdad es que no se me ocurre cómo una persona puede perderse tanto en el camino y terminar por decidir ser homosexual --negó con la cabeza, desaprobando totalmente todo el tema. Mas, al ver el rostro de su amigo, no pudo evitar volver a sonreír de manera tonta porque parecía que el otro aprobaba todo lo que hacía. Lo consideraba un hermano y, si era totalmente sincero, amaba todo aquello que pasaba con él--. ¡Esperaba escuchar eso! --Dio una pequeña palmadita y volvió a ponerse en posición correcta--. Es lamentable que estés tan ocupado, extraño pasar tiempo contigo. Solo por eso aceptaré el ir a un puesto de soda y beber batidos porque, admítelo, son los mejores --terminó por forjar una sonrisa dulce, ladeando la cabeza y con el tono juguetón que a veces lo caracterizaba tanto.













