Las mil vidas de tu vida
Mi nombre es Andrea Alejandra. No voy a entretenerlos mucho rato, solo les pido 5 minutos de su tiempo porque quiero aprovechar el tipo de evento en el que estamos el día de hoy para hablarles de algo que yo considero de mucha importancia: La inmensidad de la vida.
Hace no mucho, yo estuve en el lugar en el que ustedes, chicos, están sentados. Estuve enfrentándome a los mismos dilemas existenciales. Estuve viviendo con muchas incógnitas en la cabeza; porque, a mí también me tocó elegir carrera hace poco. Así que sé lo que se siente cuando tus papás y tus profesores llegan a preguntarte qué vas a hacer con tu vida. Elegir lo que estudiaremos siempre se nos presenta como una pregunta de mucho peso, porque nos dicen que la elección que tomemos va a marcar el resto de nuestra vida. No vengo a decirles que eso es mentira, pero sí vengo a complementar un poco esa afirmación, al menos desde mi experiencia; porque si algo he aprendido en los dos años que llevo estudiando mi carrera es que la vida es un mar de posibilidades.
Siempre me ha parecido algo ilógico que a la edad de 18 años tengamos que tomar una decisión tan fuerte. Y siempre tuve miedo a errar dicha decisión. Ahora sé que ese miedo no era necesario. Verán, todo el tiempo nos refuerzan la idea de que solo podemos ser una cosa en la vida, pero me niego a aceptarlo. Sigo más la ideología que sigue Barbie, porque ella es veterinario, pediatra, maestra, astronauta, vaquera… en fin, ella es lo que quiera ser; y la verdad es que nosotros también podemos y debemos, creo yo. Toda esta manera de pensar se ha visto reforzada gracias a la que ha sido mi experiencia escolar, la cual ha estado llena de muchas actividades diferentes desde que entré a preparatoria: Me animé a fundar la revista del Campus, entré como Presidente de comité en el Modelo de las Naciones Unidas, tomé clases de maquillaje, entrené tenis una temporada, fui voluntaria dando clases de inglés a hijos de militares y a chicos de primaria que acuden a la incubadora social del ITESM, fui mesa directiva de la Asociación de ingenieros, en fin… me gustaba ser ajonjolí de todos los moles como dicen por ahí. Y ser parte de todas esas cosas ha hecho de mi vida algo de lo que estoy verdaderamente enamorada.
Para este punto puedo escuchar las reacciones aún incrédulas de aquellos que podrían decirme que por supuesto, en la escuela es fácil sentirse el rey del mundo, pero en el mundo real hay que aterrizar y ajustarse a lo que la sociedad dicta. Claro, uno tiene que ser consciente del contexto en el que vive, pero sin verlo como una limitante. Actualmente voy en el cuarto semestre de Ingeniería Industrial y de Sistemas, y ya estoy dando prácticas profesionales en Procter & Gamble; al mismo tiempo soy parte de la Federación de Estudiantes del Campus, me desempeño como Embajadora del Tec, y soy parte del grupo representativo de Teatro de la escuela (por cierto estrenamos obra el 29 de marzo, y aquí los espero).
Hay gente que me ha preguntado qué hago actuando si soy ingeniero. Lo ven como algo incoherente o innecesario que haga cosas que no se relacionan directamente con mi carrera. Y cuando les digo que en un futuro aparte de ejercer lo que estudio me gustaría escribir para una revista de cine, me miran como si hubiera perdido la cabeza. La verdad es que yo veo más incoherente que habiendo tantas cosas por hacer y aprovechar, nos quedemos haciendo solo una; sin retarnos a nosotros mismos y sin descubrir todas las cosas de las que somos verdaderamente capaces.
En muchos eventos del Tec nos ponen esta analogía: El Tec es como un buffet, todos pagan lo mismo al entrar, pero cada quién decide qué tanto comerá. Y me gusta mucho esa perspectiva; pero yo la ampliaría: La vida es la que es un buffet, y cada quién decide de qué manera aprovechar al máximo cada centavo pagado.
Ustedes que están a punto de entrar a la universidad, no lo desaprovechen, hagan siempre algo diferente, busquen moverse de sitio en lugar de quedarse sentados. Aprendan de todo lo que experimentan y de todo a quien conozcan. Relájense, porque está bien no tener todas las respuestas e ir construyendo el camino conforme se recorre. Espero que tú, tú, y tú, te atrevas a sentir la magnitud que implican las mil vidas de tu vida. Gracias.














