El Piloto
In memoriam de Alberto “El Negro" Arellano
Por Ángel Huerta Ruiz
Nos conocimos en 2009, pero nuestra amistad se forjó el año siguiente en plena efervescencia mundialista, en el marco de la Copa del Mundo de Sudáfrica, desde el primer momento hicimos conexión, porque había un puente invisible entre dos apasionados de los micrófonos.
Sin conocerme, desde el primer minuto depositó une enorme confianza en mi trabajo. De inmediato surgió un vínculo total. Nuestra pasión por los medios era evidente en cada momento. Desde las instalaciones de Diario Puntual, cada vez que nos cruzábamos por los pasillos, trazábamos nuevos proyectos, ideas extravagantes, muchas se quedaron en el puerto pero otras zarparon a altamar.
Lidiando con turbulencias, y siempre con su mentoría, tres años después, tras la tempestad cambiamos la tierra y el mar por el aire. El aire de la radio en vivo, donde El Negro Arellano acumulaba más millas y horas de vuelo que cualquier piloto de Air France. En la Ke Buena de Ciudad Serdán se estrenó el proyecto del que me siento más orgulloso en mi carrera profesional: Parrilla Deportiva.
El programa cumplía la máxima, de quienes como el Negro, consideramos que si algo se va a hacer tiene que ser el mejor en su rama, de lo contrario mejor no hacemos nada. Por eso nos aventamos al vacío sin paracaídas, desde kilómetros de altura, y decidimos sin titubear que el padrino de la primera emisión sería nada más y nada menos que José Ramón Fernández.
Gracias a la astucia, audacia, sagacidad, inteligencia y ese colmillo que raya todos los azulejos hasta los de la Corte Inglesa, El Negro Arellano convenció, ya con el programa al aire, a José Ramón para dar una entrevista en vivo en la emisión que conducía un tal Fernando Cruz y otro tipo de nombre Ángel Huerta.
Una vez terminado el primer programa, aún con la adrenalina corriendo a tope como Isaac del Toro en el Tour de Francia, Alberto nos dio una cátedra de periodismo radiofónico en tan solo cinco minutos, nos regaló tips que cualquier estudiante de comunicación pagaría por recibirlos, nos dijo cómo no ponerse nerviosos al aire aún cuando el entrevistado sea una figura de la talla de José Ramón Fernández.
Nos contó, con esa cercanía de amigos, como la primera entrevista que hizo en su carrera a una figura de ese nivel fue a otro Fernández, Don Vicente, y cómo usando recursos radiofónicos y de comunicación, como la preparación previa, concentrarse en la entrevista, hacer amena y cercana la conversación, los nervios se difuminan entre las nubes hertzianas.
De la mano del Negro Arellano como productor, pero sobre todo como el amigo, se consolidó el proyecto que recuerdo con tanta emoción y cariño. Después de cada programa nos reuníamos en la misma cabina, o una fonda de Serdán, para hacer una evaluación de la emisión, proponer secciones, contenidos. Una auténtica reciprocidad que cada vez hacía de Parrilla Deportiva un mejor contenido radiofónico, pero sobre todo que estrechaba más nuestra amistad.
Gracias a esas conversaciones pudimos llevar a los micrófonos a invitados de reconocimiento nacional en materia de crónica deportiva como Emilio Fernando Alonso, Roberto Gómez Junco, Rafael Puente Del Río, Pepe Marín, el entrañable ex cronista de Pericos de Puebla, y muchos más. Siempre con esa idea de volar lo más alto posible, despegando a pie del Citlaltépetl.
Hace apenas unos años recibí una llamada telefónica suya, donde nuevamente me invitaba a otro proyecto, ahora en la radio de Puebla capital, en la frecuencia de Radiorama, donde me encomendaba otra misión: hacer de la sección deportiva del noticiario, donde él fungía como la mente creativa, un producto radiofónico de alta calidad.
Gracias mi querido Negro Arellano por siempre confiar en mí, por reírte conmigo de las puntadas y los puyazos al aire, de literalmente abrirme las puertas de tu casa, y de la radio, de hacerme segunda con los juegos de palabras radiantes, pero sobre todo por tu amistad fuera de los estudios y las redacciones.
Vuela alto Negro Arellano, el PILOTO de Parrilla Deportiva.










