Eres el retrato que nunca pinté y permanece en el museo de mi mente. Estás en esa galería mística de ideas que nunca vieron la luz de la realidad, pero brillan con los colores de la fantasía.
—Noctámbulo Del Arte.
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@anitakajira
Eres el retrato que nunca pinté y permanece en el museo de mi mente. Estás en esa galería mística de ideas que nunca vieron la luz de la realidad, pero brillan con los colores de la fantasía.
—Noctámbulo Del Arte.
Quiero ver las estrellas contigo mientras reímos a carcajadas balanceándonos sobre columpios. Sería mágico.
—Noctámbulo Del Arte.
Giovanni Maria Benzoni (1809–1873) — «L’Amour et Psyche»
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Me pregunto si me recuerdas, si te gusta recordarme, si te gusta pensar en mí, aunque sea de vez en cuando... Porque yo te pienso y te añoro. Miro al cielo de mi propio trozo de noche que pinta el techo de mi cuarto, una noche espesa y profunda sin presencia de estrellas... Y en medio de esa oscuridad te extraigo de mi memoria y te vuelves lucero en mi palma de nostalgia. Me pregunto si me extrañas, aunque sea un poco, lo suficiente como para volverme calor en tu corazón.
—Noctámbulo Del Arte.
El tiempo pasa pero tú no, persistes anclada a mis pensamientos. Tu voz hace eco en las paredes de mi mente como una cajita musical que no cesa su melodía, mientras yo te pienso con esa melancolía que me susurra desde el corazón que te llame, casi convirtiéndose en instinto, en necesidad. Heme aquí una vez más, dándole vueltas a tu nombre junto al mío como quien intenta encajar legos.
—Noctámbulo Del Arte.
Apareciste como una saeta trazando mi cielo nocturno con tu brillo, y mantuviste su naturaleza efímera que deja una estela de nostalgia perpetua. Y mientras tanto yo te sigo respirando y suspirando, con la misma terquedad propia de los poetas que nunca olvidan.
—Noctámbulo Del Arte.
No tienes idea de cuánto deseaba que fueras tú; de que fuéramos, tú y yo siendo infinitos, raros y brillantes como estrellas gemelas que resuenan.
—Noctámbulo Del Arte.
Hay algo sublime en este hábito de pensarte, de hacer de tu piel mi catedral, donde surge esa plegaria matinal que se encarna en tu voz angelical. Donde imploras y yo concedo tus deseos con las llameantes yemas de mis dedos. En tus cabellos el sol acumula su brillo sobrenatural, y en tu mirada los astros hacen concilio de ternura para arrancarme en el asalto de tus besos cada resto que le queda a esta trémula cordura.
—Noctámbulo Del Arte (Templo).
Angelical rostro con ojos serenos que hablan ternura a través del brillo pululando en su retina. Labios aplomados a la línea de una sonrisa de rebosante inocencia. Sus cabellos largos hacen capa en su espalda, y su ombligo expuesto seduce al radiografiante beso, que transforma en prosa las mariposas que de su vientre brotan.
—Noctámbulo Del Arte.
Te aprecié maravillado incluso cuando ponías una barrera de cristal entre el mundo y tú. Fría y hermosa como la nieve...
—Noctámbulo Del Arte.
Eres una estrella lejana. Admiro la hermosura con la que brillas haciendo bella la oscuridad. Escribo sobre ti, a veces con melancolía, otras con ilusión y siempre con el deseo ferviente propio de un astronauta que mira hacia el espacio sideral donde habitas usualmente inalcanzable y esquiva, perdida en tu singularidad mientras sostengo en mis manos y aprieto contra mi pecho la esperanza de ser reconocido por tu gravedad y ser parte de tu órbita íntima; de tu núcleo ígneo, de tu amor primigenio, de tu sonrisa oculta bajo miles de capas ardientes. Anhelo ser parte de ti, como ese punto extra que da sentido a una constelación dibujada por dioses caprichosos sobre la bóveda celeste, y replicar esos trazados sobre tu piel desnuda al hacerte mía. Escucharía con deleite el canto que de tu garganta emerge cuando te toque con la misma devoción con que se extraen los sonidos de un arpa y tus labios arden con el fuego innato de una estrella como tú: Lejana, hermosa y brillante.
—Noctámbulo Del Arte (Estrella Lejana).