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@ariecnahurts
Hoy, como cualquier otro día del año, como cualquier otro momento, como cualquier otra hora en el futuro dejará de dolerme, pero hoy me destroza, se perdió esta amistad, parte de mi, el lado egoísta de hoy, no puede permitirlo pero el lado que ha sufrido y no quiere repetir la historia, hoy te dejo ir.
-SeeSea
Source: wildfellheights
The Godfather, Part II (1974)
Spuffy routine mood board
Escribir desde el dolor, siempre escribí desde el dolor, siempre me vi desde el dolor, y no había otro color que el de una rosa marchita una tarde de invierno, u otro aroma que la falencia de un café frío en una mañana helada.
Recuerdo el día en que le puse nombre a lo que sentía, ya que en mi pequeña burbuja de casa no existían demasiadas palabras que pudiera romper sin que me señalaran los vidrios con bronca y reproche, así que mis primeros grandes escapes fueron gracias a mi primer y única notebook con acceso a Internet. En ese mundo tan amplio, tan repleto de cosas, tan de inercia, tan de falta de manual de instrucciones al lado, fui encontrando las primeras baderitas de colores que fueron abrigando mis ojos de identidad temblante; rechacé definiciones, busqué otras, leí personas, me encontré con el rechazo, con el odio, con el miedo, pero también con el abrazo, con la duda, con manos que te saludaban sin si quiera saber tu existencia, y entre tantos caminitos virtuales, todavía recuerdo aquella tarde en la que me brotó mi primera flor de tonos rosados, violáceos y hojas azules, “soy bisexual” soltó mi yo de diecisiete años, y el mundo comenzó a crecer, y yo terminé temblando con orgullo e inercia.
No me atreví hasta los diecinueve años a decircelo a mamá, me acuerdo tardar como una hora hasta poder hilar una oración coherente en un audio en plena cuarentena, mientras ella estaba en el trabajo, quizás me esperaba un abrazo y una cálida bienvenida como esos videos que hasta hoy me hacen llorar cuando los encuentro, pero recibí cariño, y una advertencia al mismo tiempo, “mirá que la gente es mala Dani, mirá que la gente es mala”, yo todavía tengo los ojos de una niña pequeña que llora cuando tiene sueño, y que ve dragones de arcoíris en las nubes del cielo, pero mamá no lo sabe, así que tragué saliva, y mi flor azulada se encogió para no destacar demasiado.
En mi cabeza florecen las ideas hace tiempo, para mi los pensamientos son una jungla que explorar, o un pantano de arenas movedizas, que te abraza como para decir para siempre eternamente, y sigo sin saber a qué aferrarme. Por eso quizás ya me es suficiente con que crezcan ideas, que a mi pelo lo hago pasar por varias tijeras cada vez que no me reconozco al espejo, y sé que mi niña anterior me miraría hoy con una mezcla de sorpresa y terror, porque de pequeña aprendí que lo único bello que tenía era mi pelo, largo hasta la cintura, corte recto, lacio, castaño, me hice una armadura con cada filamento, porque de cierta manera también mi habían enseñado que mi cuerpo no encajaba, las pediatras haciendo análisis de sangre porque mi peso no era “normal”, los niños con nuestros comentarios de hiel, que primero salen de la boca de un adulto consiente que sabe como hablar con dulzura o cuando el silencio es mejor simplemente para dejar existir; e incluso la familia que quizás en un apuro, te abrazó de más hasta hacerte daño. Por eso, para mí no había nada más lindo que mi pelo, hasta casi desaparecer frente al espejo en medio de unos cuantos mechones rebeldes, y quizás las primeras rosas de rebelión nacieron en la sala de espera de una peluquería, no guardo memoria de los mechones de pelo en el suelo, ni de la cara de la mujer que cortaba y pasaba la máquina incentivada por el tiempo, solo recuerdo a las espinas de las rosas salir con libertad entre mi ser, porque una vez, tan solo una vez, había destinado al miedo para la fuerza, y esa pequeña melena castaña me decía a mi, que era valida sin importar el corte, porque tenía algo más que mostrar al mundo, que hegemonía.
Aunque las rosas de vez en vez se esconden un poco, “tan lindo que tenías el pelo antes”, “que lindo, ¿pero ahora te lo vas a dejar crecer ¿no?”, y me encantaría a mis veinte años hacerme la fuerte y decirle a la gente que sea feliz porque ya encontró la versión de mi que mas les gusta, que la abracen, que la guarden, y que me dejen a mi descubrir que es lo que quiero ver en mi, pero desde el dolor todo es más lejano, desde el dolor las rosas también se marchitan, como una tarde de invierno, como un café desolado, como una niña y un nudo en la garganta, como la inercia por una identidad bajo el silencio.
Y a veces sigo escribiendo desde el dolor, hoy encontré mi pulserita rosa violeta y azul al fondo de la cartera, mi madre la había sacado y ocultado mientras la sostenía al esperarme en una tienda de ropa, quizás para que no la vieran, quizás por el mismo miedo que me llevo a callar mucho tiempo, y que a veces me da, cuando quiero gritar lo que tengo que gritar. Mi yo de veinte años no dijo nada y se dio secretamente un abrazo, esos que le darías a una figurita de cristal para que no termine irreconocible en el suelo frío, pero mi niña interior lloró ruidosamente entre lágrimas de colores, y pidió una explicación a mamá con nuestras florecitas multicolores pegadas hasta el alma; mi niña sabe que desde el dolor no se vive, mi niña y yo sabemos que desde el dolor solo se abraza, así que le tendí los brazos más firmes que pude, para temblar con nuestras rosas heridas.
No quiero escribir siendo el dolor, no quiero escribir porque a mi identidad la insultan, la muerden la hieren, la manchan, quiero escribir porque me puedo permitir explorar la tristeza, la alegría, el amor, y quiero ser, rapada, perforada, radiante, opaca, temblando envuelta en mi bandera rosa, violeta y azul, quiero gritarle al dolor que venga, para poder abrazarlo, para poder mirarlo con ojos de ternura, y que la herida no se transforme en odio, porque tengo flores marchitas que tratar con cariño, tengo un jardín que enseñar a mostrarse con menos miedo, porque desde el dolor, desde el dolor mi niña y yo sabemos que no se puede, porque desde el dolor nos enseñaron que se hiere, y nosotras, queremos mostrar que desde el dolor, también se abraza.
-danielac1world ~Florecer desde la piel~
Sarah J. Maas
Sarah J. Maas
"Porque me gustaría que alguien me sostuviera la mano hasta el final y un rato más después. Eso es algo que todo el mundo merece".
Una corte de rosas y espinas - Sarah J. Maas
“Estoy pensando que fui una chica solitaria, sin esperanza y que tal vez me haya enamorado de la primera cosa que me mostró un poquito de amabilidad, que me ofreció un poquito de seguridad. Y estoy pensando que tal vez él sabía eso..., tal vez no activamente pero creo que él quería ser esa persona para alguien. Y tal vez eso funcionaba para lo que yo era antes. Tal vez no funciona para..., para quien soy ahora”.
—Una corte de niebla y furia - Sarah J. Maas
Sabía que sus palabras me darían en la madre, pero ahí estaba yo.. queriendo escucharlas de su boca, para auto torturarme y de algún modo agarrar coraje para continuar..
me odio por sentir tanto,
sentir tanto por alguien
que no siente nada por mi.
“No podía hacer mucho, pero podía quererte, y esperaba que también me quisieras; aunque algo dentro de mí decía que no.”
— Rotada.
“Es tan confuso entender mi sentir cuando se trata de ti.”
—
Yo sabía que te irías, porque no es fácil estar con una persona que tiene momentos muy pequeños en los que se siente bien.
Arcana