En esa época tenía 19 años. Me encontraba estudiando para la gran cantidad de exámenes que había acumulado en tan sólo dos años de carrera, producto de una incansable capacidad de procrastinar de la que padecía. Aquella era la primer semana, en dos años en que pude dejar de lado la postergación obsesiva y enfocarme en estudiar, en éste caso era filosofía la materia en que me perseguía. Pese a haber conseguido empezar a leer los libros de texto sin interrupciones en lo que eran los primeros días de mi repentina concentración, la energía se había ido disipando en el transcurso de los días, y ya no me encontraba con tantas ganas como al principio de continuar con mi lectura y hacerlo me costaba ya grandes esfuerzos. Para despejar mi mente, salí a comprar cigarrilos con la ilusión que cuando volviera podría volver y continuar con mis estudios.
Salgo del kiosko, e inmediatamente me enciendo uno. Iba caminando por la calle, mirando absorto la caja que contenía los cigarrillos, tenía un diseño que me gustaba mucho, que por lo que vi era debido al centésimo aniversario que cumplía la marca. Caminé dos cuadras, cuando me pareció oportuno visitar a una compañera de curso que vivía cerca, pero deseché rápidamente la idea por ser una excusa más para procrastinar y desviarme de los estudios. A esa altura iba caminando por la cuadra en donde había un casino, aparentemente, un evento de gran magnitud estaba teniendo lugar allí, como era costumbre. De todas maneras me sorprendió la gran cantidad de asistentes con los que contaba, que deduje por la gran cantidad de autos que estaban estacionados en las cercanías del casino. En la entrada de aquél, había una comitiva de personas, que por lo que parecía, esperaban a alguien que no venía, por la forma en la que miraban nerviosos alrededor. De todos los que había presentes me llamó la atención un hombre, que al voltearse, su cara me resultó familiar. Era de contextura ancha, de estatura más bien baja para tratarse de un hombre. Iba con el pelo peinado para atrás, con los costados de la cabeza rapada, vestido elegantemente, de traje, camisa blanca y pantalón de vestir. Cuando me acerqué más, me di cuenta que se trataba de uno de mis amigos más cercanos, llevaba el apodo de <<Escoba>>, del cual no tengo la menor idea de su procedencia.
(Continuará)








