…A veces contemplo el cielo y en una especie de fiebre reflexiva me digo ¿Hace cuánto no me permito ciertas cosas?
No paro de pensar constantemente, no me detengo nunca. Quiero convencerme de la inexistencia de varias “rarezas” pero sé que están ahí, debo asumirlo y vivirlo.
Aprovecho a decir que llevo varios meses con este escrito en mi blog de notas, quien sometido a modificaciones constantes supo conservarse y extenderse.
No fue nada sencilla esta redacción, más que nada si consideramos que cada mañana percibo una emoción nueva y diferente. Pero lo más dificultoso, agotador, fue aceptar que todo esto existía y provenía de mí.
Comprendo ahora al fin, que todo esto sucede hace poco más de un año; se transforma, muta, desencaja con lo ya antes experimentado, empuja las más viejas huellas sensitivas y se apiada de todo mí ser. No pide permiso, llega y se instala como si yo le perteneciera.
A veces, nublada por el fastidio de este novedoso y extraordinario descontrol interno, en mi cabeza he buscado como designarlo y entre las más grandes frustraciones y sentimientos a veces de naufragio por tanto desconocimiento e inocencia, procedí a nombrarlo como sensación extraña.
Dicha sensación se sintió con el poder de gobernar mi vida y llenarla de inadvertidos cambios. Me empujó a desprenderme de una zona de confort en la cual me sentía resguardada y me dijo de alguna u otra manera que la misma no era aquella que yo tanto anhelaba, sino un escudo. Me ayudo a conocer mis deseos, pero sobretodo, me enseñó una parte de mí misma antes olvidada.
Si bien intuí desde el primer chispazo que esto quizás desarmaría lo ya existente, no permití que se detenga. Resulta ser que tan aterradora sensación tiene más de agradable que de destructiva.
Por lo dicho anteriormente me permití reflexionar y hacerme algunas preguntas, como, por ejemplo… ¿Es tan malo entonces sentirla?
Pero lo importante acá no es la sensación en sí, sino más bien, de dónde surge. No es como si un día despertaras y de la nada te aturdiera la desesperación, el miedo, la incertidumbre y, por otro lado, la alegría, el deseo, los sueños, la ilusión.
Sin dar tantas vueltas quiero decir que no florece sola sino más bien hay quien la despierte, y yendo al punto, resulta ser que el escrito del que tanto converse al inicio describe un poco lo que es para mí ese “quien”, y es el siguiente:
“Si fueras una metáfora de esas que tanto me gustan, serías esa brisa que alguna vez te conté me hacía sentir viva, la que me transportaba al más profundo sentimiento de nostalgia y hamacaba en las más insondables reflexiones. Esas gotas que siempre comento me inspiran cuando estoy triste, logrando que redacte mis mejores palabras.
Serías el olor a primavera que me devuelve a la infancia, envuelto por el aroma de los más lindos jazmines y angélicas. Las flores que crecen pero también el agua que las nutre. El trébol de la suerte que aún no encontré, pero que sigo buscando.
Serías la música que escucho, o más bien, las ganas de escucharla. Las ganas de cualquier cosa en general, de vos, por ejemplo, siempre tengo ganas.
Serías la guitarra y la melodía alcanzada. La voz de mis cantantes favoritos, la de cualquier ser humano atractivo e incluso la voz en mi mente. También la caricia que le doy a mis mascotas, el ronroneo de mi gato y la sonrisa que me provocan. Incluso serías el mate que me tomo en familia o con amigos aunque sepa que arrastrara consigo los más excedidos insomnios, donde siempre un rato te pienso.
Podrías ser aquella cerveza que tomo cuando estoy apenado pero también la que celebrando o entre risas comparto con otros. Serías la ebriedad y la sobriedad, pero de esas que no dañan para nada, las que incluso lo valen.
Serías siempre mis ganas de ayudar a otro ser vivo, incluso a mí misma. Seguramente si de trepar montañas se tratase mi vida, al tropezar, serías quien me atrapa. Y si todos los focos de una casa se quemasen, serías el que resiste. Aunque esto último no ocurriera y todos estallasen, entonces harías de vela, nunca dejando que haya oscuridad.
Pero entre otras muchas cosas, también serías el brillo de la luna, el que se refleja en el agua de un río cuando estoy tranquila escuchando el sonido de las olas. Y a su vez esa estrella fugaz que de vez en cuando pasa y hace que grites maravillado.
Podrías ser el frío del invierno, que sabés me congela pero disfruto sentir. Y aunque al verano lo odie le encuentro cosas buenas que también podrías ser, desde una bebida fría y un helado hasta la celebración de año nuevo que disfruto con amigos a la madrugada.
Serías la ilusión que uno siente en la niñez; la calesita a la que te subís y aunque en el fondo termines aturdido siempre queres volver. También ir a jugar en un parque no siendo un niño, acostarse a buscarle forma a las nubes o reírse a las carcajadas.
Serías como aprender un tema nuevo, tomarme un café o té caliente cuando hace frío y dormirme una siesta en días lluviosos.
Porque sos algo realmente lindo, así como lo es observar la luna en noches calurosas junto a tus amigos o como gustar de alguien correspondido.
Así de bello como mi gato acostándose en mi regazo, observar a los pájaros construir un nido y ver crecer las plantitas que por tantos meses regaste.
Lindo como escuchar música triste un domingo lluvioso o música alegre en una juntada con amistades.
Igual que chocar las miradas con alguien especial, un abrazo por la espalda o rozarse las manos.
Sos algo tan lindo que podría compararte con reírte el día más triste del año, como ese aire que llega después de una crisis de ansiedad o el cansancio después de un buen día.
Sos ese sueño al cual le deseas continuación, la canción que te dedican, que recuerden algo insignificante que contaste, un halago inesperado, observar de cerca un arcoíris e inclusive ver a tu banda favorita por primera vez.
Me tienta decir que sos ese momento hermoso en el que me pongo a jugar con un burbujero en mi patio, en el cual voy a un parque de diversiones, a los jueguitos de un centro comercial o simplemente disfruto de una noche de play con otra gente.
Sos como ese peluche tierno que siempre me quiero comprar, o aún mejor, como ver copitos de nieve cayendo del cielo. Ni ver las montañas cubiertas de nieve mientras la rodean diversos ríos es tan lindo como vos. Ni siquiera los patitos que cruzan o lo peces que saltan se podrían comparar.
Porque realmente sos similar a ver a tus abuelos contentos o compartir una rica merienda con ellos.
Lindo como esos días en los que tenes ganas de estar vivo, ganas de hacer. Esas veces que sentís que podes con todo, que nada te puede frenar. Esos momentos en que alguien te dice que les gustó algo que hiciste.
Más lindo que ir viajando en auto o colectivo junto a seres queridos, acompañado por mates, comida, risas y a veces cantos. El lugar nuevo al que llegas y te pones a explorar sin miedo y ese descanso que te permite valorar distintas piezas de la naturaleza.
Sos mucho mejor que el cielo, las nubes, las cataratas, cualquier paisaje en sí. Te prefiero antes que a mi color favorito, azul marino, porque sos ese color.
Y sos como esa tardecita en el río en la que construyendo un castillo de arena saboreo un sandwich veggie, tomando la bebida más fresquita del lugar. Como cuando aprobás o desaprobás un parcial y sabes que de igual manera va a terminar en una cerveza con amigos.
Sos esas ganas de verte que me desbordan de vez en cuando o las veces que me animo a decirte lo que siento. Ese abrazo que me aliento a dar rara vez y esa gente que comprende por qué no siempre me sale ser tan expresiva. Ese momento en el que te sentís entendido, esos ojos que no te juzgan.
Sos algo más lindo que un árbol de naranjas, una ducha fresca en verano o tibia en invierno. El fuego de una chimenea calentando tus pies, la caricia en el pelo antes de dormir o el beso en la frente que no se espera. Esa risa que después de varios meses me costó sacar.
Sos esos ojos color café que me gusta tener a la vista, tus pestañas preciosas y esos labios que casi no miro para no sentirme vencida.
Y mientras escribo me doy cuenta que hay cosas que ni sabía que me gustaban tanto, hasta que las compare con vos. Entonces, si fueras una metáfora de esas que tanto me gustan, serías mi favorita”