Aún no hay título...
Y es que muchas veces vamos por la vida desperdiciando miradas, palabras, sonrisas y lágrimas sin darnos cuenta que fuera de nosotros existen personas esperando una sola oportunidad para entrar a nuestro mundo y conocernos, otras tantas veces en ese andar, descubrimos y permitimos que nos descubran, y de repente pasa, pasa que conoces a alguien que ya habías visto, visto pero no mirado, alguien que sabia de tu existencia pero hasta ahí es allí donde entra la magia del universo, el milagro divino, y por qué no los juegos del destino, donde de repente miras a la persona y esa persona te mira a ti, comienzan con tratos muy simples pues ambos son de carácter similar, ella ha oído que el es de carácter muy difícil y especial y él simplemente le ha visto una actitud muy reservada ante los demás.
Pasa que un día el menos esperado coinciden, y les toca interactuar por x o y razón y pasa que en ese trato el destino mueve sus cartas y los hace conocerse, conocerse de una manera que no lo hacen con cualquiera, conocer sus gustos, lo que les molesta, les toca compartir ideologías y aceptarse con sus defectos y virtudes, dejando cada quien una reserva para si mismos, pues ambos tratan de mostrarse tal y como son sin miedo a ser desnudados no de una manera morbosa o livinidosa, si no desnudados en cuanto a sus emociones, sus sentimientos esos que no cualquiera tiene el placer y dicha de conocer, aunque en el fondo ambos mueren de miedo pues son vulnerables el uno con el otro, ambos tienen el miedo a ser defraudados o abandonados, tienen miedo a entrar en una realidad ajena en la cual los dos están viviendo esa realidad en donde solo existe ella para él y él para ella, esa realidad donde no existe nadie más, donde el tiempo se vuelve muy corto a su alrededor.













