31 DE AGOSTO
Era el último día antes de empezar otro ciclo escolar en Hogwarts y Edward, como de costumbre tenía que repasar toda su lista de cosas por comprar para asegurarse de no olvidar nada. Con varios galeones en el bolsillo de su pantalón recorría las tienes de El Callejón Diagon mirando las plumas, tinta y calderos. Pasó por la tienda de lechuzas para comprar algo de comida y se detuvo a comprar un nuevo equipo de mantenimiento para escobas. El Quidditch era su vida, lo que más disfrutaba de la escuela y claro tenía que tener todo en perfectas condiciones…
La sonrisa que, religiosamente, siempre estaba sobre labios de la Hufflepuff había desaparecido aquél día, al igual que desaparecía durante todas las veces que tenía que hacer compras para el colegio. Sus padres, una ama de casa y un comerciante mal pagado, no podían permitirse comprar cosas de primera mano y todos sus artículos siempre tenían algún desperfecto o algo por el estilo. Suspira; por suerte aquél era su último año, ya no tendría que vivir de burlas o de caridad de familias con un altus estatus económico. Sigue caminando, perdida en sus pensamientos, hasta que choca con otro cuerpo que la saca de sus ensoñaciones. — Perdón, no me he fijado.



















