Tercer desborde: La Gamia
Las operaciones de representación de disidencias de esquemas relacionales en la literatura aún son escasas. Ya sea porque es un tema de debate no tan instalado, es difícil encontrar material teórico para desarrollar el tema y más aún corpus literario en el cual se plasme. Sin embargo una como crítica encuentra en sus lecturas lo que desea analizar, por lo que procederé a romper una barrera más allá de los desbordes de la norma genéricos o de orientación sexuales. En Historietas LGBTI se presentan relatos con personajes que desbordan la heteronorma. Explícitamente, las tramas de las historias se comprometen con las identidades sexo genéricas disidentes. Pero, y aquí es donde presento mi hipótesis, en “Amar Cord” de Natalia Novia y “Elogio de la duda” de Julia Barata los relatos se resuelven con un implícito desborde más: el de la gamia. Propongo en este trabajo, desde el enfoque de Paul Preciado y sus cuestionamientos a la biopolítica de Foucault, entender las propuestas de amor libre que concluyen los relatos como un tercer desborde de disidencia en la cis-hetero-mono-norma.
Enmarañadas en trazos oscuros y texturas barrocas, en “Amar Cord” se presenta el amor entre una lesbiana y una bisexual. Esta última se encuentra en el marco de una relación heterosexual, en la cual se suelen relacionar por medio de gustos culturales, audiovisuales. Ella quiere reproducir en su amor lesbiano la misma muletilla de ver una película que con su amante hombre, pero este mecanismo no funciona entre ellas y sus cuerpos fluyen sin necesidad de un film de por medio. Huye en la mañana y llega tarde a ver a su siguiente vínculo. Se repite en ambas citas la secuencia de la no puntualidad, dando la sensación de paralelismo en ambas relaciones. La última escena genera desconcierto en los lectores, ya que no se entiende si el encuentro lesbiano de la protagonista se trata de una infidelidad, o si está consensuado por su pareja. Por más de que no haya indicios de conflictividad en el diálogo de la pareja heterosexual, le lector aún lee desde sus categorías impregnadas en mononorma, e induce la mentira de que podría haberle dicho que visitaba una amiga, antes que la verdad de un segundo vínculo y que eso no generare conflicto alguno. Cabe entonces preguntarse, desde qué lugar se posiciona, no solo la autora escribiendo sobre disidencias, sino le lector dejándose sorprender por el relato. Si les personajes representan “lo otro”, ¿les lectores entonces se enmarcan en la norma? Hal Foster plantea esta distancia crítica que debe mantener el artista del otre cultural sobre el cual relata: desde qué lugar se lee esta historia y qué se asume en lo obviado determinará la moral de les personajes y, sobre todo, de nuestra protagonista, ya que aunque el amor libre no juzga la no exclusividad sí juzga la falta de responsabilidad afectiva y comunicación asertiva de les amantes.
Como lectora desconcertada ante tal inminente trasgresión a la mononorma no me queda más que comprenderme como parte de una sociedad atravesada por el panóptico de Michel Foucault, constantemente disciplinada y bombardeada por la universalización del amor romántico que nos baja línea de como vincularnos sexoafectivamente y ser funcionales a un sistema que nos necesita emparejados binariamente. Pero abrazo la critica que Preciado hace sobre la docilidad de nuestros cuerpos: da lugar a escapar a tal adoctrinamiento, es posible separar la concepción de mapaternidad biológica de la estructura relacional monogámica y dual socialmente instalada. Es posible delimitar otros bordes gámicos ante este tercer desborde identitario. En “Elogio de la duda” la estética gráfica es más simple, las figuras son lisas y un color rojo en la piel nos indica cuando un personaje está excitado o no. La trama también es más simple: Thais es clara en sus propósitos, y el hombre es transparente en cuanto a sus ideas sobre el emparejamiento y su consenso a compartir vínculos con su amiga. Los parlamentos son tan claros que los globos de diálogo salen directo de las bocas de sus personajes. La protagonista de este relato también es bisexual, pero no hay tanto drama en el lector para poder identificar si se trasgrede o no la norma de la gamia, los desbordes son legales ya que todes les participantes consensuan. Hace ruido que Thais y su amigo compartan cuarto y presencien la intimidad del otre, pero es el mismo desconcierto del lector, a diferencia con “Amor Cord”, que el que le genera a la personaje principal. Se abre acá la interpretación de que quizás Thais y su amigo también mantengan un vínculo sexoafectivo ya que él expresa que no mantiene relaciones monogámicas sino que tiene “amigas”. Se amplían los panoramas.
A lo largo de este trabajo aventuré demostrar un tercer desborde representado en Historietas LGBTI, y termino concluyendo que cuanto más a fondo deshilo más es posible encontrar otros esquemas relacionales donde se suponían mononormados. También que como lectores y sociedad estamos más influidos por el amor romántico de lo que somos conscientes. Nos queda entonces ser estrategas políticos y resistirnos a la universalización, desontologizarnos como sujetos de las prácticas sexuales y deconstruirnos como lectores y como creadores de ficciones que plasman realidad.
Ana Solari
Bibliografía
Corpus literario:
-Novia, Natalia, “Amar Cord”, en Historietas LGBTI -Barata, Julia, “Elogio de la duda”, en Historietas LGBTI
Marco teórico:
-Preciado, Paul, “Multitudes queer”, en Nombres Nro. 19 -Foster, Hal, “El artista como etnógrafo”, en El retorno de lo real -Foucault, Michel, “Volumen I: La Voluntad de Saber”, de La Historia de la Sexualidad













