La hora azul, cuando el cielo se despoja de la luz enceguecedora de enero y empieza a desvestirse de añil, develando el salpicón estelar. La brisa oceánica trae consigo alivio a las pieles quemadas por el salitre y el sol y el calor cede a las súplicas de los hippies veraniegos. Se llena de color la calle con los artesanos y sus collares de abalorios, los artistas playeros repletos de malabares y sonrisas, algún lugar donde sentarse a comer y tomar algo asoma detrás de la música de un parlante. Los farolitos encienden su panza de luz mientras alguien se destapa un cerveza helada. Se respira mar y es otra noche d paz, aquí en este recodo del mundo el vértigo se deja en la entrada allá en la 9...cero stress che estamos vivos y en verano...y con la gente que queremos...solo eso y no es poco y de regalo el sonido del mar...