EL JARDIN SOLARIEGO de SYLVIA PLATH
Las fuentes resecas, las rosas terminan. Incienso de muerte. Tu día se acerca. Las peras engordan como Budas mínimos. Una azul neblina, rémora del lago.
Y tú vas cruzando la hora de los peces, los siglos altivos del cerdo: dedo, testuz, pata surgen de la sombra. La historia alimenta
esas derrotadas acanaladuras, aquellas coronas de acanto, y el cuervo apacigua su ropa. Brezo hirsuto heredas, élitros de abeja,
dos suicidios, lobos penates, horas negras. Estrellas duras que amarilleando van ya cielo arriba. La araña sobre su maroma
el lago cruza. Los gusanos dejan sus sólitas estancias. Las pequeñas aves convergen, convergen con sus dones hacia difíciles lindes.












