Descubrí la imperfección perfecta, la adicción eterna por su piel.
La unión de nuestros labios resonaba en el mismo espacio-tiempo, pues la sensación exquisita me llevaba a otros universos sin moverme de su lado. Mis manos recorrían su piel a la vez que su lengua seducía mi cuerpo.
Amo el arte de su cuerpo, es uno que sólo yo soy capaz de comprender, conozco a la perfección cada punto de el.
Quitar su ropa jamás fue rutina, al contrario, siempre descubría una nueva experiencia en ello, el placer de descubrir su piel otra vez, aquel aroma que extrañé durante días, aquella esencia que me entregaba la felicidad más pura. Los nervios me consumían cada vez, pero tenía que actuar como un artista debe y continuar. Siempre al llegar a su ropa interior me detenía unos segundos y pensaba en ella, sí en ella, estaba justo frente a mi pero lo hacía, para ser específico casi siempre recordaba nuestro inicio, aquella sonrisa y mirada que eran dedicadas sólo para mi. Veía la confianza y amor que sentía por mi através de ello, no necesitaba más inspiración.
Aún con inseguridades fuiste para mi, aquellos "defectos" que tanto te atormentan, fueron mi paraíso. Son los detalles que te hacen única y hermosa, mi obra de arte perfecta. Amo cada parte de tu cuerpo, cada centímetro de tu piel, cada día con más intensidad.
Mi cuerpo pedía a gritos el tuyo, esperando el momento de ser uno otra vez, pues aunque nuestros corazones lo eran todo el tiempo, nuestra carne se extrañaba a diario. Felicidad era lo que sentía al verte, al besarte, tan sólo al escuchar tus palabras otra vez, sentir tu cuerpo cerca del mío ansioso del segundo en el que pueda tocarte. Desvestir tu piel para mi, hacer el amor por horas y mirarte a los ojos sabiendo que sientes lo mismo que yo, pero para llegar a eso, primero el arte. Arte por quitar tu vestimenta, que no deja de ser importante en este acto, aunque por pasión a veces sólo volaba, en otras ocasiones proponía acciones interesantes.
Extraño tu piel y tu esencia, aquella esencia que me llenaba en el fondo el alma, porque esa conexión hacía de esto algo único. Tomar tu cuerpo y tomar tu corazón, hacerte el amor y coger salvajemente, llenarte de placer y llenar tu paz, todo a la vez.
Tus gemidos unidos a los míos, tu respiración acelerada y tu piel húmeda, el segundo acto en su mejor momento. Donde chocaban nuestras pieles así como nuestros corazones, donde tu placer rasguñaba mi espalda y tus piernas temblaban ante mi. Nuestros cuerpos agotados pero nuestras ganas intactas, ganas de comernos vivos, de sentirnos uno solo, de que penetrara tu entrepierna y tu amor a la vez. Con el sudor corriendo por nuestra frente, nos detuvimos por momentos, nos mirabamos a los ojos fijamente sin decir nada y diciéndolo todo, eso es de las mejores cosas del mundo. Podía contemplar tu belleza, tu sonrisa cansada pero alegre, sólo sentía ganas de besarte y recostarme a tu lado para el final del tercer acto.
Abrazar a mi chica, abrazar a la mujer perfecta para mi, abrazar el arte más puro. Porque el lazo entre la obra y el artista es único, así como el nuestro.
Eres mi obra de arte eterna, aquella que quiero dedicarle mi vida, la imperfecta perfección.