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La rubia no pudo evitar fruncir el ceño confundida al escuchar las palabras ajenas — No necesito alcohol para tolerar a los demás, pero gracias, encanto — Respondió con la amabilidad que poseía tan naturalmente, pero sus palabras no dejaron de sonar en su cerebro — ¿Que tapadera? — Preguntó de una vez para quitar la curiosidad del medio.
—Disculpa mi poca confianza en las personas, amor —dijo, esparciendo sus malas vibras sin poder controlarlas. Tal vez ser abierto de esa manera traería consecuencias luego, pero las esperaría sentado si una de ellas englobaba el concepto de ser echado—. Pero todo este asunto parece demasiado perfecto, ¿verdad? —le regalo a la joven una sonrisa que te dice enseguida que puede pensar cosas mucho mas peores si llevara sentado en la barra dos horas.






















