Probablemente hablar con las personas era lo último que quería hacer, pero allí estaba John, arrebatando las botellas del bartender para servirse el mismo, y dirigiéndose a alguien en particular. Al parecer el encargado de las bebidas había abandonado la barra con un motivo: un británico estaba fumando cuando atravesaba su cuarto mes sin nicotina con éxito. Constantine, sin embargo, sonreía con el atisbo de importarle un bledo.
—Yo no lo haría, colega. Esa bebida no tiene alcohol. Parece que lo necesitaras si planeas aguantar esta tapadera del estirado —aconsejó un pelín ufano, endulzando su boca y dejándose disfrutar de la vista.














