Alguna vez un escritor publicó que todos los seres vivos existimos para ser huéspedes de la evolución del ADN, que busca preservarse y mejorarse a sí mismo, tanto que hasta desarrolló habilidades como la inteligencia, para ser consciente de su propia existencia y el lenguaje para comunicarse entre diferentes evoluciones de ADN, y unirse entre las mejores versiones que se van formando. Y suena a romanticismo científico o a poesía de cadenas evolutivas, porque no todos los seres humanos merecen ese distintivo de "humanos" ni de seres pensantes, basta con ver las noticias para saber que incluso en la naturaleza la prueba, error y ajuste abundan, que la evolución de la que tanto presumimos es una anomalía en la existencia humana y que muchos seguimos más cerca del simio que de los seres altamente avanzados, cuya conciencia ha roto toda lógica con sus acciones y su legado es el que con el tiempo nos ha permitido aspirar a ser algo más que mera existencia y huella de carbono, para dejar un granito de arena al mundo. Cada quien definirá si aporta a esa arena materia brillante o una espina en la hermosa playa de la breve y efímera existencia.
El sentido de la vida es que la vida no tiene sentido, nosotros se lo damos (o se lo quitamos) con nuestras acciones.














