MOODBOARD MEME ;; ❃
▶ Calliope Lovrehm + { Her family } —— Requested by @tayladxvis.

Game Changer & Make Some Noise

blake kathryn

titsay

No title available
RMH

Jar Jar Binks Fan Club
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
No title available

No title available
★
Cookie Run:Kingdom Official!
Fai_Ryy
Today's Document

Andulka

❣ Chile in a Photography ❣
No title available
cherry valley forever
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
Claire Keane

bliss lane
seen from United Kingdom
seen from Indonesia
seen from United States
seen from Brazil

seen from Thailand
seen from China
seen from Philippines
seen from Philippines
seen from Moldova

seen from Colombia
seen from Argentina
seen from Philippines

seen from United States

seen from T1
seen from United Kingdom

seen from Germany
seen from Indonesia

seen from Indonesia
seen from United States
seen from Colombia
@callivrehm-blog
MOODBOARD MEME ;; ❃
▶ Calliope Lovrehm + { Her family } —— Requested by @tayladxvis.
MOODBOARD MEME ;; ♕
▶ Calliope Lovrehm + { Her relationship with Jakob } —— Requested by @j-akobx.
MOODBOARD MEME ;; ✌
▶ Calliope Lovrehm + { Feeling Depressed } ------ Requested by @blukasergfalk.
Si necesita reggaeton, dale, sigue bailando mami no pare, acércate a mi pantalón, dale, vamo a pegarno como animale -- Rama
Aunque me cuesta creer que realmente eres Ramyhro, debo asumir que suena exactamente igual a lo que él suele cantar por los pasillos.
Moodboard Meme.
Envíame un ♕ para un moodboard sobre la relación de nuestros personajes.
Envíame un ✌ + una emoción y haré un moodboard sobre mi personaje en ese estado.
Envíame un ♣ + un nombre y haré un moodboard sobre la relación de mi personaje con él/ella.
Envíame un ❃ para un moodboard sobre mi personaje y su familia.
Envíame un ☾ para un moodboard sobre tu personaje desde el punto de vista de mi personaje.
Envíame un ☮ + un nombre para un moodboard sobre ese personaje desde el punto de vista de mi personaje.
Envíame un ∞ + una situación para un moodboard sobre cuál sería la reacción de mi personaje.
Envíame un ♔+ un moodboard a tu elección.
Decidió darse por satisfecha al escuchar la respuesta de la empleada, zanjando finalmente el tema; una sonrisa se delineó con facilidad en sus facciones, comprendiendo el asunto de la rubia a quien servía; ciertamente tenía un carácter diferente, típico de una princesa, sin embargo, no era completamente su incumbencia. “Tiene sentido.” Accedió, con sus párpados entrecerrados. “Tengo conocidos que se asemejan a ella en ese sentido. No son consentidos, ni mandones. Todos éramos iguales, es decir, la misma ración de comida, los mismos estudios…, pero la gente que deseaba destacar tenía algunas manías como reírse estrepitosamente, o… Hablar muy fuerte, buscaban cosas para llamar la atención.” Escudriñó en el baúl de recuerdos, el cual reveló algunos nombres que, de momento, desconocía el paradero. Era imposible mantener contacto si la mayoría no poseía un teléfono de contacto o una dirección de correo electrónico. “Sí, eso es bueno. La parálisis bien después… Así como ahora, aunque creo que la prefiero ahora.” A pesar de haber estado en un perpetuo silencio durante muchísimas horas. “Estoy de acuerdo. Pensé que esas cosas sólo pasaban en las películas, pero no. ¿Tú… pudiste reaccionar bien o te paralizaste? Lo segundo es completamente válido también. Cuando me encontré con el Lord del gato parecía estar en otra galaxia.” De ninguna forma pudo recordar el nombre del mencionado, simplemente era conocido por su famosa mascota dentro del palacio, era algo que la doncella guardó en su cabeza involuntariamente. “Supongo que los rebeldes lograron su cometido, ¿no es así? No entiendo por qué lo hacen. Deberían… Irse.” Sus hombros se encogieron con sutileza, remojando sus labios; parecía una sugerencia carente de lógica, y hasta un poco estúpida, sin embargo, desde cierto punto de vista había sentido: si no te gusta algo, déjalo. ¿Cuál era necesidad de ejecutar una masacre dentro del palacio? Activaba el temor de los inocentes y la preocupación innecesaria de los reyes. “En fin, creo que el tema pone el ambiente un poco tenso. Y ni siquiera he preguntado tu nombre, qué mal educada.” Se burló de sí, en tanto una sonrisa decoró su rostro. “Yo soy Kaylee, pero puedes decirme Kay. Sí, es un apodo algo extraño, pero siempre me llamaron así.” Era complicado tomar decisiones en un orfanato, en especial cuando las autoridades del mismo te imponen todo tipo de reglas.
Asintió con lentitud a medida que las palabras brotaban de los labios de la doncella, consiguiendo comprender a la perfección a qué se refería. Ella, tan cercana al mundo del espectáculo, la fama y la belleza, no había podido evitar el haberse encontrado con personas como las protagonistas del relato de la muchacha.— Exactamente. De todas formas, hay personas que simplemente cuentan con un carácter que les impide pasar desapercibidos —frunció levemente el ceño, analizando la posibilidad. Sin embargo, la conclusión a la que llegó fue la misma:— No creo que sea el caso, de todas formas. O sí, ¿quién sabe? Es decir, nacer en una familia tan... mediática, por obligación —ladeó una sonrisa, sin poder imaginar cuán difícil era para algunos el mantenerse en el anonimato.— Lady Ciara, por ejemplo, parece destacarse sin siquiera buscarlo —encogió uno de sus hombros, imaginando que era imposible deshacerse de eso que la familia les heredaba.— Quién dice y, si los ataques continúan siendo así de frecuentes, terminamos por ser inmunes a todo lo que provocan —sugirió, pues una vez que se conseguía acostumbrarse a algo como aquello, era difícil que las situaciones se vivieran del mismo modo otra vez. Suponía que esa era la razón por la que los príncipes y reyes eran capaces de mantenerse con sus pies sobre la tierra en aquellas situaciones de tensión.— Un poco de ambas. Supongo que fue la... uhm... lo de Denysse fue lo que realmente me afectó —frunció el ceño con ligereza, pues hasta ese momento había estado convencida de que podía ayudar con todo lo que pudiese a que la situación no se saliera de control, y había una sola cosa que no tenía solución: la muerte.— ¿”El Lord del gato” es Lord Jakob? —inquirió después, curvando sus labios en una sonrisa entretenida ante el apodo escogido por la doncella.— Supongo que lo que desean es evitar que los reyes se "salgan con la suya" y continúen teniendo la vida que tienen —encogió uno de sus hombros con suavidad, en realidad sacando sus conclusiones en base a los gritos que exigían la abolición de la monarquía. Era difícil ponerse en la mente de los rebeldes, pero lo había estado intentando desde ese momento y hasta ahora.— Quizá adoran lo suficiente su país como para desear lo que ellos consideran mejor para él. ¿Sabes? En ese momento y en medio de todo ese caos pensé diferente, pero ahora no puedo imaginar que ellos actúen de ese modo por amor a la violencia o a ser... destructivos. Quizá ellos creen que hacen un bien —meditó, frunciendo levemente el entrecejo.— No me parece extraño, creo que sería más raro decirte "Lee" —entrecerró los ojos, deslizando una ligera sonrisa por su rostro.— Mi nombre es Calliope, y puedes llamarme como se te ocurra. Luego de lo de "Lord de los gatos" me es imposible imaginar que no tienes una mente creativa.
❝ No hay que subestimar. ❞ Fue todo lo que atinó a comentar, es decir, ¿había necesidad de sembrar mayor miedo en la fémina? No, claro que no. Aunque si de los pensamientos del moreno hablábamos, él creía en esa posibilidad. Era fan de esperar siempre lo peor en cualquier situación. Ahora, aún cuando la guardia se hubiese triplicado, estaban más débiles. El caos y la histeria por las recientes muertes eran una debilidad considerable. ❝ No realmente. ❞ Sin embargo, reconsideró la cuestión planteada. ❝ Bueno, sí. Algo así. ❞ Carraspeó. ❝ Estamos lidiando con el miedo. No con el nuestro, claro. Sino con el de los habitantes de Palacio en general. ❞ Era un punto importante, no eran psicólogos ni nada que se le pareciera, pero -al menos él- los recientes días se habían encargado de escuchar las inquietudes de los otros ante un posible ataque, el terror colectivo que hacía de palacio una tumba ante tanto silencio y todo lo que esto traía consigo en general. ❝ Si me lo preguntas, es bueno que te mantengas alerta. Pero debes seguir con tu vida. Mantener un equilibrio. ❞ Y es que era de saber común que el miedo era el limitante universal. Si uno se permitía a sí mismo el vivir con miedo, simplemente dejaba de vivir… o por lo menos eso opinaba el moreno.
—Supongo que, viniendo de un guardia, el que pienses así debería dejarme más tranquila —comentó, pues si ellos decidían subestimar a los rebeldes y confiar en que nada más sucedería, era probable que se llevaran una nueva sorpresa. Parecía difícil de creer, pero tampoco había esperado que el último ataque sucediera y los rebeldes habían sabido demostrarle cuán equivocada había estado.— ¿Eso les trae algún problema en especial? —quiso saber, recargándose sobre la baranda que tenía en frente y dejando su taza de té sobre la misma.— Es decir... Es que todos estamos lidiando con eso —entrecerró levemente los ojos, a medida que en su ceño se formaba una suave arruga. No sabía si el miedo o la paranoia de las personas les traía problemas a los guardias por alguna razón en particular, pero no le era difícil imaginar que así fuera.— Estoy tranquila, en realidad. Bueno, siempre que no aparece un guardia para espantarme, claro —añadió, con una ligera sonrisa curvando sus labios.
Y estaban ambas tirando de una soga imaginaria, a pesar de que eran bromas inofensivas y divertidas, podía percibirse la terquedad de las dos empleadas. “Depende. Si el susto es grande y no se molestan conmigo, no diré que fue tu idea. Si pasa lo contrario… Bueno, el crédito será todo tuyo.” Asintió un par de veces, chasqueando su lengua. Ladeó su cabeza ligeramente al encontrarse con la pregunta sobre la reina, el adjetivo había sido complicado de encontrar, por lo que no podía asegurar que fuera fidedigno a sus pensamientos. “Uh, sí. Es decir, no lo sé, pero definitivamente no pareciera ser como lady Reign, así que debes tener muchísimo talento. Quizá también debas asesorarla a ella…, la pobre está ganando una fama terrible aquí en el palacio.” Ni siquiera sabía por qué la estaba defendiendo, muchas veces debió tragarse reprimendas en el orfanato por razones como esa. “Puede ser. Honestamente, sólo se de la realeza por lo que veo en revistas y noticias. Pero ni siquiera viviendo en un palacio lleno de príncipes he logrado encontrarme con más de dos.” Y las conversaciones con ellos no habían sido demasiado contundentes como para entender más del tema. Relamió su labio inferior, escuchándola con atención. “Sí. De hecho, creo haber ayudado y sanado a muchísimos el día del ataque. Ahora vagamente me acuerdo de sus caras, así que debí estar en una especie de shock. Un buen shock. En donde viví nos hicieron cursos de enfermería, siempre pensé que serían bastante inútiles hasta… Ese día.” Admitió, rememorando las clases que tanto detestaba, pero aún así ponía atención (y es que nunca fue fanática de la sangre o las agujas). “Pasará. Tengo entendido que no es el primer ataque, así que… Eventualmente pasará.” Pronunció convencida.
Una suave risa fue acompañada por un ligero movimiento de su cabeza que denotaba cierta reprobación.— Eres muy lista, y desearía haberlo sabido antes de confesarte uno de mis trucos más famosos —se lamentó, soltando un suspiro que comenzó y finalizó demasiado rápido para resultar creíble. Su acostumbrada sonrisa volvió a aparecer ante la mención de Lady Reign y el modo en que necesitaba ser asesorada como sus tíos y primos; la idea, en realidad, no le parecía para nada mala.— Dentro y fuera del palacio —acotó, frunciendo levemente sus labios.— Pero a veces me parece que es exactamente así como ella desea que sea —relamió su labio inferior, dejando que su mirada se perdiera momentáneamente, concentrada en las razones que la llevaban a pensar de esa manera.— Debe ser difícil formar parte de una familia tan numerosa, ¿no? —y tal vez lo era más el intentar destacarse entre todos sus miembros, sobre todo cuando la familia estaba subdividida jerárquicamente por títulos reales.— La selección ha de tenerlos un poco ocupados. Lo cierto es que siento que no he visto a ninguno de ellos en largos meses —y estaba segura de que la Selección apenas llevaba dos meses en funcionamiento.— Por lo menos has podido descubrir que el miedo no te paraliza, sino que por el contrario, hace que reacciones —y lo creía algo importantísimo en tiempos como aquel, pues jamás habían existido ataques que sólo sucedieran con meses de diferencia (si es que no había pasado menos tiempo de uno hacia el otro). Suponía que la Selección y toda la atención que el evento atraía a los príncipes y reyes conseguía que los rebeldes necesitaran mostrar su desacuerdo más que nunca.— Ah, pero en situaciones de tensión puedes convertirte hasta en cirujana si no hay más opciones —la desesperación por ayudar a alguien más hacía que los conocimientos no resultaran un factor importante a la hora de "intentarlo".— El problema es pensar que tampoco será el último —presionó sus labios entre sí.— Aunque, considerando la cantidad de rebeldes del sur que han sido capturados y sumándole a eso el número de fallecidos... Dudo que estén preparados para un nuevo golpe hasta dentro de algún tiempo.
Prestó atención a la voz de la joven rubia de orbes azules llenos de misterio, le dedicó una mirada amable y dejó escapar una pequeña risa cuando escuchó aquel comentario respectó al motivo por el que hablaban. — Dudo mucho que en menos de doce horas haya tenido la oportunidad de crear un rumor. —comentó, Sebastién se sentó frente a la joven y observó el lago con atención. — Parece que ambos vivimos en la duda, pero no quiero llenarme de más dudas, así que si disculpa mi atrevimiento, ¿podría decirme su nombre? —preguntó.
Una sonrisa elevó sus comisuras al notar la aparente diversión que sus palabras habían generado en el príncipe, optando por cerrar su cuaderno de notas tan pronto como notó que él se acomodaba frente a ella.— Ah, entonces me he quedado sin opciones —frunció los labios y negó con la cabeza, gesto que duró apenas un par de segundos.— Soy Calliope Lovrehm. ¿Usted es el príncipe de...? —su memoria no se encontraba jugando a su favor en aquella oportunidad, y es que eran tantos los príncipes que habían ingresado como huéspedes en el palacio que ya no podía estar segura.— Quizá los empleados sólo buscan distraerse, por cierto. El hablar sobre la presencia de un príncipe puede ser una buena excusa para evadir los temas que últimamente se tratan por aquí... Las cosa están algo tensas —resumió, encogiendo uno de sus hombros para restarle un poco de importancia.
Involuntaria carcajada escapó de sus labios, una tenue y sin señal de burla o maldad, simplemente le causó gracia el comentario de su acompañante. “Siempre hay que dar créditos al autor.” Se defendió, manteniendo sus facciones radiantes con la misma sonrisa anterior. “Ya, bueno, en eso tienes ventaja. Aunque no lo sé, ya lo veremos.” Intentó que sonara como una amenaza real, sin embargo, las palabras se deslizaban suaves por su boca, imposible obviar la fingida seriedad. El rumbo del segundo tema pareció carcomer su interés, queriendo hacer más preguntas de lo que cualquiera se permitiría. Tuvo que morderse la lengua para aplacar la curiosidad. “Suena un trabajo interesante. Entonces tú eres la que hace lucir a la reina como un ángel. Porque, sinceramente, no la podría ver como lady Regin. Felicidades. ¿Cómo es que los príncipes salieron tan encantadores entonces? ¿O es obra tuya también? No he tenido la suerte de toparme con ninguno, sólo los extranjeros.” Añadió, controlando su lengua parlanchina al engancharse de un asunto más serio como el ataque de los rebeldes sureños. Una mueca se hizo en sus facciones, arrugando parcialmente su entrecejo. “La verdad es que no lo sé. Nunca había visto algo igual, pensé que iba a estar en una especie de shock o algo similar, pero no. Eso vino después… Ahora, me refiero.” Probablemente era a la única persona que se lo había dicho en voz alta, pues los pasados días vivió en un silencio casi perpetuo. Ya se sentía mejor.
En un gesto suave y delicado, frunció el ceño y analizó la respuesta de la castaña, intentando buscar una manera de contradecirla.— Bien, esa ha sido una buena táctica de defensa. ¿Tal vez podríamos incluir algunas excepciones a esa regla? —arrugó la nariz, curvando sus labios en una pequeña sonrisa. Aunque el debate fuese insignificante, la empleada parecía incapaz de abandonar la discusión para dejarle el triunfo a su interlocutora. Todo no escapaba de ser un simple juego, aún así.— Puede ser, puede ser... ¿Es así como luce para ti? —inquirió, divertida. El propósito en cuanto a la imagen de la Reina siempre había sido el de hacerla ver tan majestuosa como su puesto lo requería; vestuarios elegantes y ostentosos que la hacían ver exactamente como lo que era.— Uh, supongo que eso es obra del Rey Maxon, en realidad —sus palabras sonaron como una interrogante, aún cuando lo había intentado afirmar con completa seguridad.— Tal vez con ayuda de su madre, la abuela de los príncipes. Amberly —sugirió, con una tenue sonrisa elevando sus comisuras.— Sobre los extranjeros, te aseguro, no he tenido el menor de las influencias —con una de sus manos se encargó de indicar cuán terminantes eran aquellas palabras. Una ligera mueca ladeó sus labios al oír las palabras de la castaña, terminando por asentir con suavidad ante ellas. La comprendía.— En ese momento no hay tiempo para shocks o para... paralizarse —y ella, al menos por un momento, lo había hecho. En aquel caso, el fallecimiento de la seleccionada había sido la gota que colmó el vaso, y la joven empleada había superado todo límite. El final había sido casi imposible de evitar.— Espero que todo pase pronto —confesó, soltando un pequeño suspiro.
Se recargó sobre aquel asiento mientras Arthur conducía al palacio, contempló por la ventana el paisaje de aquel lugar tan diferente a Bélgica, gran parte de su vida había estado fuera de su país, pero nunca tan lejos con en está ocasión, le resultaba fascinante el haber realizado dicho viaje, habían políticas y tratados que debían realizarse y también para conocer más sobre la cultura de Illéa. Al llegar fue recibido con todas las atenciones necesarias (e innecesarias) por lo que se sintió en casa, la habitación que le habían asignado era enorme, con detalles en azul petróleo (su color favorito), habían decenas de cajas que trajo desde Bélgica esperando ser abiertas, pero sentía que debía conocer el lugar, además, de que según sus conocimientos de astronomía, en aquel lugar del mundo los astros se aprecian mejor que en Bélgica, dejó sus maletas y le ordenó a sus custodios que lo dejaran conocer el lugar por su cuenta, caminó por los pasillos, se sentía algo solitario a pesar de saber que en aquel lugar habían decenas de personas, logró salir a uno de los jardines, pero notó que había cierta tensión entre algunos guardias, como sí fuera extraño verlo caminar por los pasillos sin protección, pero él así estaba acostumbrado.
Se sentó en una banca de madera frente a un pequeño lago artificial, la luna estaba en su esplendor, pero sentía curiosidad por aquellas miradas desconcertadas, observó que no muy lejos de dónde él estaba había una persona, por lo que se levantó y con tranquilidad se aproximó para preguntar.
— Buenas noches, disculpe que lo interrumpa —hizo una pausa. — ¿Sabe por qué las personas actúan algo extraño? No soy prejuicioso ni nada por el estilo, pero tengo la duda sí estoy haciendo algo inapropiado y nadie me lo ha dicho o sucede algo.
Contar con la posibilidad de trasladar su trabajo hacia cualquier lugar del palacio era una de las grandes ventajas que consideraba tener, razón por la que el lago era ahora el sitio en que se había decidido a buscar algo de concentración. Sin embargo, era fácil distraerse cuando la gente circulaba por montones por cualquier sitio del palacio. Y es que los guardias, invitados y empleados se habían multiplicado en los últimos meses (los primeros, especialmente, en los últimos días) y era difícil encontrar un sitio que se encontrase por completo solitario. La voz masculina que desde uno de sus costados pareció dirigirse a ella, sin embargo, no pertenecía a ninguno de los mencionados con anterioridad. Con cautela, sus ojos azules ascendieron en dirección al rostro del portador de aquel característico acento extranjero que no conseguía identificar con claridad.— Uhm... —su mirada paseó por el rostro de los presentes, percatándose entonces de un par de doncellas que observaban al príncipe y cuchicheaban entre sí, compartiendo algunas sonrisas cómplices y miradas significativas.— La verdad es que no tengo idea. Me gustaría saberlo, de todas formas —pronunció, curvando sus labios en una ligera sonrisa.— Al parecer ha puesto a los empleados del palacio a cuchichear sobre usted... ¿Se ha visto envuelto en algún chisme del que me he perdido? —quiso saber, frunciendo el ceño con ligereza y estudiando el rostro del masculino.
Parpadeó un par de veces, sin extinguir la sonrisa que ahora poblaban sus facciones. “Eso no es justo. Para nada. Es decir, si me preguntan, diré que tú me diste la idea.” Decidió continuar, encargándose de echarle la culpa a su contraria; la expresión en su rostro no era otra que diversión, denotando así la falta de seriedad en sus palabras. “¿Trabajaste con la Reina directamente…? ¿Es como lady Reign?” No guardaba ningún encuentro con la monarca en su memoria, simplemente alimentaba su conocimiento por las noticias leídas (y algunas habladas). Sin embargo, pensándolo de mejor forma, cobraba sentido la personalidad de toda la realeza. “No tenía idea. Siempre muestra una imagen tan… ¿Cálida? No sé si es la palabra que estaba buscando, pero más o menos así.” Pausó, inhalando el aire que sus pulmones exigieron entonces. “Sí, está bien. Algo alerta como todos, quizá más nerviosa. Eso la pone de peor humor, pero de salud está bastante bien. ¿Tú te encuentras bien? Me resulta extraño preguntar eso a todas las personas que no vi durante el ataque.” Lo último fueron obvios pensamientos que escaparon sin permiso de sus labios, acompañándolos con suspiro completamente resignado.
Chasqueó la lengua en reprobación ante la respuesta de la fémina, observándola con un ceño fruncido que difícilmente denotaba seriedad alguna.— Lo que sugieres puede ser fácilmente considerado como traición. Pensar que confié en ti para confesarte mis métodos de entretenimiento —negó, decepcionada.— De todos modos, dudo que alguien pudiera creerte. ¿De la adorable y angelical Calliope? —bufó, como si la idea resultase ridícula para cualquiera que fuese testigo de aquellas palabras. Una sonrisa no tardó en acudir a su rostro, señal de que ni ella podía tomarse con seriedad aquellas palabras. Estaba segura de que los adjetivos utilizados no eran útiles para describirla.— Mi trabajo es asistirla a ella, al Rey Maxon y a los príncipes en todo lo que a "imagen pública" se refiere —comentó, remojando su labio inferior con sutileza.— Es necesario para mi trabajo el estar comunicada constantemente con ellos —encogió uno de sus hombros, restándole importancia.— Y sí, es bastante parecida a Lady Reign. Quizá el carácter de la Reina no sea tan llevadero —añadió en un tono más bajo, pues la menor de los Crncevic se encontraba en plena juventud, con una mentalidad por completo diferente a la de la Reina Celeste.— Sí, afortunadamente yo no fui otra de los que ocuparon un espacio en la enfermería en estos días. Supongo que el daño "emocional" es compartido entre todos —y por eso no era necesario siquiera mencionarlo.— ¿Y tú? ¿Cómo lograste salir de ese... alboroto?
Quizá había sido un error el recurrir a trabajar en Palacio Real como un escape, es decir, buscaba alejarse de su pasado, de la muerte de su madre y el señalamiento al que había sido sometido desde que era un infante. Dejar todo atrás. Pero ahora se veía allí, envuelto en las constantes revoluciones que amenazaban palacio y que cobraban vidas inocentes. ¿En verdad, qué mierda tenían en la cabeza los del Sur? No seguían un ideal, no buscaban la revolución o un cambio en el gobierno por el que Illéa era regido, simplemente dañaban, querían la anarquía y el costo que estaban dispuestos a cubrir era inhumano. Sin duda, la guardia nocturna era su peor aliado, el silencio, su taciturna personalidad y la nula compañía sin duda daban pauta para que el hombre se viera abrumado por sus propios pensamientos.
Se permitió el avanzar apenas unos pasos más, sacando su linterna de uno de los bolsillos de su pantalón y alumbrando hacia los pies de la figura contraria evitando encandilarle: sí, era una chica. Hipótesis que se vio confirmada apenas segundos después cuando la misma habló. Sus musculos se destensaron un poco al reconocer a la fémina, aún cuando no había cruzado palabra directa con ella, conseguía recordar su nombre y que también pertenecía a los empleados de Palacio Real. ❝ Entiendo. ❞ Bueno, quizá no lo hacía del todo, pero el aire tenso reinaba en el sitio desde el regreso de la Residencia Newsome y era algo comprensible. Se permitió el tomar asiento en una de las gélidas bancas de concreto que adornaban el sitio, mientras sus ojos no se despegaban ni un instante de la joven. ❝ ¿Temes que haya un ataque nuevamente? ❞ Cuestionó, con su característica ceja arqueada. No sabía exactamente cómo ayudar a que la chica estuviese más tranquila, pero realmente quería -si no podía ayudarla- por lo menos escucharle.
Los músculos de su espalda fueron poco a poco perdiendo tensión, y no fue hasta entonces que notó cuán alerta se encontraba ante la presencia inesperada de aquel guardia. Quizá no era para nada valiente al encontrarse allí a solas, a mitad de la noche y expuesta a cualquier cosa que pudiese suceder en los jardines de los reyes. Tal vez era muy pronto para intentar convencerse de que lo sucedido en la Residencia Newsome era un hecho que no se iba a repetir a la brevedad. Y si bien en aquella ocasión se había comportado de la manera opuesta, haciendo frente a las amenazas de las que todos huían para en cambio encargarse de ayudar a los que no contaban con las capacidades adecuadas para salir por sus propios medios, todo su sistema rechazaba la sola idea de tener que pasar por un momento semejante una vez más.--- Si hablamos de lo que yo pienso... Lo cierto es que no me parecería lógico que sucediese algo más a sólo dos días del último ataque ---admitió, elevando uno de sus hombros.--- Pero es como si mi cerebro todavía no hubiese apagado la alerta de "¡peligro!" todavía, ¿comprendes? ---entrecerró sus ojos, dudando el estar siendo lo suficientemente clara para expresar lo que sentía.--- O como si estuviera demasiado susceptible y se activara ante el más mínimo estímulo ---meditó, inspirando una pequeña cantidad de aire para después liberar un silencioso suspiro.--- Los ataques jamás me dejan tan tensa... ---casi sonó a una queja, pero es que no le gustaba en lo absoluto encontrarse de aquel modo. Quizá lo que lo hacía diferente a los demás acontecimientos era el hecho de haber presenciado el momento en que a una de las seleccionadas le arrancaban la vida a pocos metros de ella.--- ¿Ustedes (los guardias) no han tenido que enfrentarse a ninguna situación fuera de lo normal en estos dos días? ---quiso saber, quizá para cambiar el foco de atención de aquella conversación.
Relamió sus labios con sutil discreción, negando un par de veces con la cabeza.·“Lo tomaré en cuenta. Seguro mis compañeras van a estar contentas.” Otra broma escapó de su boca, llevando su mirada a las facciones femeninas para proseguir con la improvisada charla. Ciertamente carecía de tiempo para jugarle bromas a sus cercanas, pues si no estaba ocupada atendiendo a la menor de la familia Crncevic, su ayuda era otorgada para algún otro miembro del palacio; jamás podía quedarse quieta o descansando.·“Oh, sí. Su carácter es bastante singular, pero uno termina acostumbrándose después de un par de días… O semanas. Quizá meses.” Soltó lo último con una mayor sinceridad, curvando una casi imperceptible sonrisa entre las comisuras de sus labios.·“Quizá. Es lady Reign, si no aparezco en los primeros tres segundos de llamado, se molesta. Puede que mi imaginación me haya jugado una mala broma. Y… Después de todo lo que pasó en la residencia Newsome, creo que no me gusta dejarla tanto tiempo sola.” Se vio confesando enseguida, después de todo, se preocupaba por la salud de la rubia.·
Una sonrisa surcó sus facciones al notar como la doncella decidía seguirle el juego.--- No me hago responsable por las posibles reacciones negativas; eso sin duda alguna sería culpa tuya ---elevó sus manos para librarse de culpas, frunciendo los labios en una ligera mueca que no tardó en desaparecer para dar lugar a su acostumbrada expresión serena.--- Lo sé, me ha sucedido lo mismo al tratar con su tía ---le comentó en total confianza, y es que por alguna razón le resultaba difícil imaginar que no era prudente hacer comentarios como aquel frente a la castaña. La misma Reina debía de saber que su carácter no era el más "tratable", y según la castaña la mujer casi se esforzaba porque así fuese.--- Sí, bueno, ahí tienes un punto ---tuvo que admitir, asintiendo levemente ante lo último sugerido por la doncella.--- ¿Ella se encuentra bien? ---frunció el ceño. No había conseguido conocer en detalle la situación en que cada miembro del palacio se encontraba. Les habían dado un general "están todos bien", pero se podía estar bien realmente o se podía no estar mal. Había una gran diferencia entre ambas cosas.
Realizaba su característica guardia nocturna, esta vez, en los jardines de Palacio Real. Dormir y descansar eran un par de palabras que parecían perdidas del vocabulario de los guardias, al menos por las siguientes semanas. Los reyes les exigían que se mantuvieran más alertas de lo normal; y es que aún cuando no solían aparecer ataques rebeldes de forma continua y mucho menos uno enseguida del anterior, las precauciones no estaban de más. Se permitió desviarse un momento y dirigirse hacia los establos, con la única intención de echar sal a la herida latente que era la muerte de Denysse, ¿y por qué la de esa chica en específico? Bueno, porque le conocía. Y no, no eran amigos, ni sentía atracción por ella, ni nada que se le pareciera, pero recordaba que la joven era oriunda de Casta Tres, que tenía una buena vida antes de asistir a La Selección y ahora, bueno, ni siquiera la oportunidad de vivir tenía. Era cruda esa realidad, pero en general las cosas en la vida solían ser de aquella manera. Cuando reaccionó de que era algo demasiado estúpido lamentarse por aquel hecho que, en definitiva, no podía corregir, decidió seguir con su guardia ahora dirigiéndose al recinto más lejano de la residencia, desolado pero no por ello menos inmarcesible que el resto de los jardines.
No tardó demasiado en divisar una figura a un par de metros de su posición actual, imposible de reconocer ante la oscuridad que predominaba. ❝ Qué valiente estar aquí a solas, dados los recientes hechos. ❞ Habló en tono alto, aún cuando no era fan de la interacción humana, debía reconocer a aquella persona y pedirle que volviese a palacio, porque justo aquellas eran las órdenes que habían recibido los guardias por parte de los reyes.
Los recientes acontecimientos habían conseguido dejar pequeñas pero notables secuelas en la psiquis de la empleada; la principal y más problemática era el hecho de que su mente no consiguiera relajarse lo suficiente cuando llegaba el momento preciso, y el sueño se negase a visitarla cuando más lo necesitaba. Cuando los empleados con los que trataba a diario comenzaban a sentirse lo suficientemente cansados para huir a sus habitaciones, la castaña se quedaba por completo en soledad, desocupada, preocupada y frustrada por no poder conseguir que sus pensamientos le permitieran la posibilidad de conseguir unas sólidas ocho horas de descanso.
Cargando una taza de té en una de sus manos se había detenido sobre un pequeño puente que conectaba dos sectores el jardín, esperando que la paz de aquel nocturno y solitario paisaje consiguiera relajarla lo suficiente como para que el dormir no fuese una tarea tan complicada. El hecho de que jugueteara con un anillo que adornaba el dedo mayor de su mano libre indicaba que, por el contrario, todavía existía algo de ansiedad en su sistema. Y poco después, la grave voz masculina terminó por confirmar que se encontraba lejos de conseguir lo deseado, ya que con sólo interrumpir el silencio que la rodeaba hizo que su mano temblara y parte del contenido de su taza cayera al suelo. Deseó que ese pequeño percance pasara desapercibido para su inesperado acompañante, hacia quien dirigió su mirada antes de responder al comentario que había soltado.— Ah, si fuera por mí sería una cobarde que se esconde bajo sus cobijas —pronunció, soltando un pequeño suspiro que buscó pasar desapercibido.— Es por los recientes hechos que no puedo estar en mi cama disfrutando de un plácido sueño, de hecho.
callivrehm
La simpatía y el buen humor solían contagiarse sin problema aparente, en especial cuando la doncella mantenía esas cualidades constantemente, el problema era ese botón de pánico que al parecer fue presionado después del ataque, pues durante el mismo apenas procesó lo que se estaba viviendo en la vieja residencia de verano. “Podría convertirse en un perfecto pasatiempo.” Siguió la broma, dibujando una sonrisa minúscula entre la comisura de sus labios. “No ha pasado nada, es… Estoy algo paranoica, es todo.” Se permitió confesar, arrepintiéndose casi de inmediato. “Y ahora podía jurar que estaba sola. ¿De casualidad no ha visto a lady Reign? Estaba buscándola porque estaba llamándome (¿gritándome?), pero no la encuentro.” Aprovechó de comentar después, desviándose parcialmente del tema de conversación.
—Te lo recomiendo, es divertido comprobar la amplia variedad de reacciones que puedes provocar —curvó sus labios en una pequeña sonrisa; y por alguna razón sus palabras no eran más que completamente sinceras. Las doncellas solían tener una vida tan atareada y una mente tan ocupada que por lo general se sobresaltaban ante el más mínimo estímulo. Y la castaña ya podía creerse experta en generar aquellas reacciones.— Uh... ¿Lady Reign? No, no me pareció verla —frunció el ceño, pero quizá había estado demasiado distraída como para notar su presencia.— De todas formas, me parece extraño que ella estuviese gritándole. Difícil de creer —frunció sus labios para ocultar una sonrisa, quizá buscando que aquella broma quedase como algo interno entre la doncella y ella. Por supuesto, el carácter de la menor de los Crncevic no era un secreto para nadie. Le parecía la más similar a su tía, la Reina, en ese aspecto.— ¿Estás segura de que no estás delirando? ¿Fiebre o algo como eso? Porque no es raro en esta época —ni con los recientes sucesos. Esta vez, su pregunta iba totalmente en serio.
Plegarías y súplicas, cada presente no conocía de más que fe desesperada por no terminar en el mismo pozo que la joven seleccionada, muerta en un rápido y fugaz instante. Todos parecían haber subestimado el momento hasta ese segundo, cuando una pieza así caía en aquella partida sin ganadores ni perdedores, una mártir. Su mente no era más que un carrusel de imágenes, otra vez alguien se moría delante de sus ojos y la imagen poco a poco se inducía a su cabeza, inundaba por completo sus ideas, las cuales se ahogaban en esas turbulentas aguas de malos recuerdos, con milagro estaba pensando lúcido, eran dos y perderse también significaba decirle adiós a toda chance, en algún lugar de su cansado cuerpo escondía esa lucidez que creía inexistente, ya habrá tiempo para noches en velas, para más razones para no dormir y perderse en un laberinto de memorias, pero aquel momento le exigía vivir por instinto, moverse por impulso — Puedes colapsar en unos minutos, sólo dame unos minutos. —los últimos escasos de momentos de resistencia, unos momentos más ignorando su lado más humano y vulnerable, unos segundos más haciendo equilibrio en el abismo. Tragó saliva en seco, salir por la puerta principal sería una medida suicida, así que no dudó mucho en recordar sus corridas de niño, escaparse de un baño, escaparse de las garras de su madre por caricias o retos, recordó esa puerta en el segundo pasillo cercano a la cocina, recordó también otra vez la sangre desbordando y casi cae en ese pozo negro otra vez, ¿tenía más de veinte años esa muchacha, qué pasó por su mente en el último segundo de vida? Volvió, con la respiración algo agitada y con la voz de la fémina ingresando tardía a sus sentidos— Te la darían a ti. —soltó en un murmullo inaudible, a veces pecaba de no pensar por segunda vez sus ideas, erróneos o acertados, las verdades crudas se le salían hasta por los poros, eran ecos dentro de su cabeza. Sus ojos oscuros y algo desorientados se iluminaron cuando la puerta de tono blanquecino apareció cercana, apurando un poco la velocidad de sus pies. Control, la palabra giró por su interior, escaso y en peligro de extinción, fingido y de cristal— No lo hago. —lo había perdido cuando vio al rebelde, lo sabía y se lo decía cada célula y órgano de su cuerpo, sin embargo seguía, porque todavía existían lugares donde esconder todas sus mentiras— Pero no quiero salir de aquí muerto. No quiero que lo hagan mis neuronas tampoco. —a más de uno se le iba el espíritu justo en esos precisos segundos, después todo volvía a la normalidad, seguramente, pero no en la madre de aquella muchacha o en sus hermanos, o en cualquier conocido cercano. Abrió la puerta, esperando que la muchacha pasara primero, la primera señal de esperanza fue una brisa que le dio de lleno en la cara, la cual sentía en un estado casi febril entre los nervios y la ansiedad— Hay un lugar… la casa del jardinero, solía esconderme ahí con mi hermano… —recordó, palabras algo entrecortadas, Novak estaba bien, lo sabía, se lo imaginaba con las piernas extendidas en el refugio. Después de unos segundos de silencio, de pausa que usó para retomar energías, la observó con atención antes de seguir con toda la huida— ¿Mejor?
Ojalá pudiese elegir el momento en el que colapsaba y el momento en que lo retenía un poco más. Desde luego que la última opción sería la elegida en cada oportunidad, pues no le divertía ni se sentía cómoda entrando en esos pequeños episodios en los que sus sentidos parecían adormecerse y el primitivo instinto de evitar terminar dañada (física o psicológicamente) se apagaba. De todas formas, poco a poco se sentía capaz de mantener bajo control sus emociones, quizá gracias a las insistentes voces en su cabeza que intentaban de un modo u otro mantenerla anclada a la realidad. De repente la necesidad por ver el final de la noche y dormir hasta el otro día se había vuelto la más urgente de todas, pues se sentía incómoda en su propio cuerpo y deseaba que mente se desconectara de él por tanto como le fuese posible. Le era difícil pensar en conciliar el sueño, sin embargo; quizá el agotamiento pusiera de su parte en ello.— No lo haré, no voy a colapsar —más que asegurárselo al castaño, quería asegurárselo a sí misma. No poseía esa inestabilidad que la llevaba a cambiar de estado ante la menor influencia, ya no. Ni siquiera tenía idea del destino al que el masculino la guiaba, ni siquiera sabía cómo o porqué se encomendaba a él como si confiara con su vida en que aquello no era un error, pero tampoco lo cuestionaba.— Eso no me hace cambiar de parecer —frunció el entrecejo, pues no era algo que hiciera para buscar algo a cambio, lo único que necesitaba era calmar sus deseos por no sentirse una inútil en los momentos en los que debía de ser todo lo contrario. Tanto en esa situación como en cualquiera, aquello más que un deseo se convertía en una necesidad. Sus pies obedecían a las exigencias de los ajenos sin que ella consiguiese descubrir cómo lo hacían, pues sentía su mente por completo desconectada de sus extremidades. Era casi automático.— ¿Y por qué llevas contigo a la que casi acabó con una de esas dos cosas en una oportunidad? —la curiosidad era sincera, pero la manera de preguntarlo quizá le quitó un poco de la seriedad con la que sus palabras eran pronunciadas. Y ahora la duda era más grande: ¿qué habría hecho ella si hubiese sido capaz de mantenerse con los pies sobre la tierra en aquel momento de tensión, y fuese él quien casi perdía la cordura? Imaginarse escapando por su cuenta y dejando al castaño a merced de su momento de locura era imaginarse a una Calliope que en realidad no era; y es que todo lo sucedido indicaba que por alguna razón disfrutaba de jugar a ser una heroína. Sus piernas se apresuraron en permitirle encontrarse de cara con la brisa veraniega, seguramente no tan gélida como la sintió contra su piel ante la temperatura que su cuerpo había tomado luego de los últimos minutos de tensión.— ¿Qué tan lejos está de aquí? —no sabía cuánto podía confiar en sus piernas, y por lo mismo se detuvo para retirar de sus pies esos fieles compañeros que ni en momentos como aquél la habían abandonado: sus zapatos.— Sí —elevó su mirada hacia el lord y comenzó a caminar detrás de él, frunciendo el entrecejo.— ¿Puedo pedirte un favor? —inquirió, dubitativa.— No me observes como si estuviese a punto de tener otro "episodio".