Cosimo Galluzzi
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— Eso sí, seguro debe traer locas a todas las niñas ¿No es así? —continuó la broma mientras posaba sus orbes azules en el niño y Maeve únicamente rió. “Tú serías el cascanueces, Valentín, yo sería Cara. Usted… ¿Usted sería capaz de interpretar al Rey Ratón, señorita? ¡Les enseñaré a bailar a los dos!” la pequeña rubia explicó todo con una gran sonrisa al tiempo que daba un pequeño giro en un intento de mostrar sus aptitudes para la danza—. Entonces tenemos todo perfectamente organizado, es un plan. Sólo ignoraré el hecho de que acabas de dejarme fuera de la obra ¿Tan mal bailo yo? —fingió estar molesta por un instante mas sus intentos fueron fallidos, era difícil enojarse con la niña—. En fin ¿Quieres que nos pongamos en algún lugar especial para el dibujo o cómo? Te dejamos la dirección artística a ti, que de eso no se mucho.
Valentin simplemente rió al encontrar absurda esa conclusión, en especial porque a esa edad el hecho de pensar que una niña pudiese sentir algo por él, le resultaba asqueroso. Una etapa por la que todos pasaban alguna vez. La doncella bajó la mirada hacia la más pequeña, inconscientemente pasó la yema de sus dedos por la quijada infantil de Maeve, un gesto cariñoso que a veces brotaba. “Me encantaría interpretar al rey Ratón. Y puedes decirme Kaylee... ¿Sabes? Tengo un par de zapatillas de ballet en mi cuarto que seguro te van a quedar bien” sus cejas se alzaron dando paso a un gesto dubitativo, sino mal recordaba, eran las primeras que había obtenido gracias a sus ahorros; estaba segura de que ahora harían feliz a otra infante amante de la danza. “Necesitamos que alguien sea juez de la obra, Margo, no te lo tomes personal” bromeó, negando con la cabeza. Valentin asintió un par de veces, buscando el lugar exacto con su mirada. “Ahí, junto a la mesa, pueden pretender que están en un salón de té” sonrió el artista, acomodándose justo en frente para comenzar a trazar las primeras líneas.
b-astixn
“No estaba dudando, Kaylee, sólo quería asegurarme de salir bien, ¿Es ese un pecado, acaso?” la mirada del monarca se dirigió hacia el infante conforme sus brazos se cruzaban sobre su pecho, el menor negando con una sonrisa en sus labios. Estaba de más decir el que el abrazo del pequeño lo tomó por sorpresa, pero a diferencia de lo que haría con cualquier otra persona, simplemente se dedicó a despeinar algunos cabellos del menor. “Puedes decirle Bastian, Valentín, me gusta más que príncipe” y quizás era la costumbre que sólo personas mayores utilizaran aquel título para referirse a él. Una entretenida risa salió de sus labios, a diferencia de las sarcásticas y secas a las que estaba acostumbrado, ésta era genuina. “Lo siento amigo, quizás después, por ahora tendrás que comportarte conmigo” sus hombros se encogieron con ligereza conforme sus pies se movían hasta el sillón que el infante había señalado, sentándose en éste con naturaleza, esperando las indicaciones del contrario. “¿Debería quedarme así?” sus cejas se alzaron, mirando a la fémina. “¿Acaso eres su asistente, o su representante?” entrecerrando sus ojos de nueva cuenta se dirigió al menor, quien parecía decidido a la hora de colocar sus útiles para comenzar con su obra.
“Oh, por favor, no es como si usted fuera a...” pausó, elevando sus cejas con cierto descontento a su propia dicción, chasqueó su lengua obviando la frase pronunciada. “Es decir, no es pecado en absoluto” hiló a su suerte, encogiendo sus hombros con ligereza. El infante simplemente sonrió y asintió un par de veces. “Bastian, Bastian. Cuando grande quiero ser un príncipe también” dijo sin destinatario en especial, pero la doncella no contuvo las ganas de plantarle un beso en la mejilla, siempre le enternecieron los sueños de cada niño. “Y serás el príncipe más guapo de todos” aseguró, con una sonrisa que después fue dirigida al rubio monarca, ampliándose sutilmente antes de contestar. “Sí, está muy bien así” humedeció su labio inferior con discreción, acomodando una hebra castaña detrás de su oreja. “Ambas. Hay falta de personal, así que cubro ambas áreas” bromeó, seguramente sólo el príncipe comprendería el chiste. Transcurridos unos segundos, la de ojos esmeralda se vio en la necesidad de hablar: “Uh, por cierto, Bastian... Quería agradecerle eso de la otra noche. Me fui temprano y no quise despertarlo. Prometo que no volverá a repetirse. Y de hacerlo... no será usted a quien moleste” para alguien que detestaba disculparse, aquellas palabras sonaban como tal; mas estaba consciente de que en esta ocasión debía tragarse el orgullo, de otra forma sería complicado continuar.
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No me lo tomo a mal. —elevó sus hombros, drenando toda la importancia del asunto, ni siquiera él era dueño de una seguridad absoluta con respecto a su positiva relación con los niños, bastante diferenciada a las creencias que cualquiera cosecharía debido a su carácter diario, pero era la ingenuidad y falta de todas esas características de los adultos lo que lograba de alguna manera maravillarse con cualquier infante— Intentar comprarme con halagos no funciona. —arrastró un poco las sílabas, observando con las cejas enarcadas a la doncella, reemplazante de la pelirroja a quien ya estaba acostumbrado, mas no tenía ganas de cuestionar los cambios efectuados— No me puedo quedar mucho tiempo quieto con ésto encima…—elevó un poco a Efrem, quien movió sus brazos sorprendido por el efusivo movimiento de su cuerpo, como si pudiera tocar de alguna manera el paisaje astral, el pequeño necesitaba estar en movimiento, saciar su curiosidad, recién despertado de una siesta era un peligro que de milagro podía dar errantes pasos con ayuda de alguna mano— Pero… podemos tratar—pausó, posando sus orbes en el pequeño gran artista.
Sus brazos se cruzaron bajo su pecho, una sonrisa que pecó de tímida se hizo cuando la comisura derecha de la boca femenina se levantó ante ese comentario. “Tenía que intentarlo, aunque sea terrible intentando hacer halagos” admitió, porque lo era, además la doncella nunca había sido fanática en concederlos. Las infinidades oliva se posaron en el menor que no estaba bajo su cuidado, comprendiendo la situación. “Eh, Valentin” y el mencionado alzó su mentón. “Puedes dibujar a Jakob, pero apenas necesite moverse, lo hará. Y buscaremos entonces a otra persona para retratar, ¿de acuerdo?” sus palmas se posaron sobre los hombros del niño, regresando la mirada a su interlocutor. “Gracias. Le llama mucho la atención eso de retratar príncipes y gente importante, pero si necesitas irte puedes hacerlo. O si necesitas ayuda con ese pequeño inquieto, puedes decirme” sus cejas se alzaron, el atisbo de sonrisa que había en sus labios se disipó gradualmente, trasladando ahora su vista hacia quien tenía a cargo. “¿Puede sentarse ahí?” preguntó el artista con sus labios curvados, alegre, e indicando el sofá más cercano; sus ojos grandes y celestes se centraron primero en la fémina, como pidiendo permiso antes de acomodarse en el castaño.
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Casi todo en él exhalaba una seriedad que tenía rasgos que le contradecían, poco serios. —¿Me está diciendo que la idea salió del señor Valentín aquí presente? —su mirada se encontraba pegada a la de la contraria en ese momento, desplazándose en el último segundo al pequeño a cargo. —De todos modos, está en lo correcto Kaylee. Es mi completo deber, sí. Y yo siempre cumplo con mis deberes —prometió al pequeño genuinamente, aunque resultara en un futuro arrepentimiento por parte de su espalda. Un niño de seis años, después de todo, no pesaba precisamente un kilo. Dejó ir un suspiro y arregló casualmente su pose. —En fin, habían mencionado algo de modelar. ¿Aún está en pie?
“Puede tutearme sin problema, por cierto” creyó que era necesario aclarar, le parecía inevitable esa incomodidad que nacía cada vez que alguien la trataba de esa manera tan cortés y formal. La doncella separó sus labios para responder, sin embargo, el pequeño ganó al contestar: “¡Sí, sigue en pie! Por favor, por favor, señor” exclamó, bastante alegre porque el duque finalmente pudiese acceder. “Disculpe, Christian, ¿usted sabe montar a caballo? Porque Valentin luego quería ir a los establos, pero yo no tengo idea del trato con esos animales...” añadió en un tono más bajo, en tanto el infante se sentaba en el suelo con sus múltiples hojas de papel y sus lápices. “Ahí quedará bien” interrumpió el menor, señalando uno de los sillones situados en frente. “Kaylee, deberías sentarte junto a él, es por si algún día me piden un dibujo de mi familia” soltó el menor con total inocencia; ella torció una mueca parecida a una sonrisa, sin duda enternecida por el comentario del niño. Y situó junto al duque en silencio, con un simple asentimiento.
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Asintió de inmediato, dirigiendo su mirada al más pequeño, mientras esperaba su decisión. “En la silla será entonces” Dedicándole unos últimos segundos de pensamiento a sus perdidas obligaciones, comenzó a caminar en la dirección indicada.“Un gusto señorita Kaylee” Supuso que no haría falta presentarse, pero los modales eran una costumbre que ya no podía olvidar. Alzó su mano con amabilidad, aunque quizá estuviera haciendo el ridículo frente a ella “Elijah Newsome, como ya debe de saber” Y su única respuesta al agradecimiento fue un corto asentimiento con su cabeza. Sus océanos se dirigieron al pequeño mientras tomaba asiento y acomodaba su saco “De acuerdo Valentin” Le dedicó una larga miranda, estudiando la emoción que salía de sus ojos “¿Así está bien o prefieres alguna otra pose?” Pensándolo mejor, aquello era mucho más entretenido que los cientos de números a la espera por ser agregados a una inútil cuenta, aunque, de nuevo, cualquier cosa era mejor que eso.
“Puede llamarme simplemente Kaylee” se vio en la urgencia de una corrección, nunca pudo verse a sí misma tratada de esa manera. Su comisura diestra se alzó con ligereza antes de aclarar: “Lord Elijah, bien. Sí, sabía que era Newsome, pero los nombres se me confunden... más o menos” explicó, con un ligero encogimiento de hombros. La mirada del pequeño artista siguió los pasos del mayor, sonriendo apenas se acomodó en el sitio correcto. “Ahí está perfecto, sí” el menor se posicionó en el suelo, justo frente al hombre. “Valentin, ten tus lentes, si vas a dibujar a lord Elijah debes hacerlo bien” a regañadientes, el infante accedió, una mueca en sus labios delataba su descontento al tener los anteojos puestos, sin embargo, la doncella tenía razón. Ella, mientras, decidió sentarse en uno de los sofás que ayudaban con la decoración del cuarto donde estaban. “Prometemos no robarle mucho tiempo” aseguró cuando estimó necesario hacerlo, después de todo, estaba consciente de que el modelo temporal tenía deberes que terminar, no podía estar cuidando de niños tan inquietos.
zernsby
“¿De verdad?” cuestionó Jasper, agrandando los ojos para dejar en claro que se sentía medianamente identificado. Su atención pasó hacia Valentin, la sonrisa adornando gran parte de su rostro. “¿Qué lees? Yo una vez tuve la oportunidad de echarle un vistazo a un libro con todas las serpientes existentes. También uno en donde venía la mayor parte de insectos que jamás haya visto, ¿puedes creerlo? Fue genial” asintió con la cabeza, Zea permitiendo que una risa baja escapara de entre sus labios. Más tarde observó atenta las acciones llevabas a cabo por la doncella, asintiendo con la cabeza para demostrar que se sentía satisfecha al respecto. “¿Bajo esa banca?” — Zea señaló a la más cercana, echando un vistazo fugaz en dirección a Jasper. “¿Vas a estar bien?” — deseó saber, pese a que la distancia que los separaría sería escasa. “¡Sí,sí!” respondió. “Aquí te espero mientras eres una modelo” aseguró, la guardia moviéndose en la dirección señalada. Se sentó y se colocó en una pose bastante ridícula. “¿Así está bien?” — preguntó en general, fingiendo una expresión seria que hacía que las cosas fueran incluso peor de lo que había esperado. Jasper soltó unas cuantas risas, detalle que ocasionó que Zea abandonara inmediatamente aquel fingido papel que no había podido desempeñar a la perfección.
Valentin observó al menor y con una media sonrisa respondió: “Me gusta el ruiseñor, hombrecitos, el soldadito de plomo, la gallina roja, el jardín secreto, el extraño caso del semáforo Serafín...” pausó, observando a todos sus interlocutores parcialmente avergonzado. “Bueno, y muchos más” decidió concluir, humedeciendo sus labios. Kaylee simplemente soltó un par de risas. “Probablemente lee más que todo el palacio junto” bromeó, chasqueando su lengua al tiempo que asentía ante la pregunta de la guardia. “Sí, ahí está perfecta, señorita Zea” dijo el pequeño artista, situándose para comenzar a trazar líneas. Kaylee, a su vez, permitió que Jasper se sentase sobre sus piernas, una mera protección contra la fría madera de la banca elegida. “¿Así que te gustan mucho los animales, Jasper? ¿Ya fuiste a ver los establos? También hay ardillas por ahí, pero en invierno no salen mucho” le explicó la doncella, mientras su asignado trazaba líneas en su cuaderno, similares a la figura de Zea.
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Edithe estaba desesperada, su labor como madre sustituta era un verdadero caos y aunque al principio se esmeró, mejorar las cosas parecía tratar de arreglar una grieta con cinta adhesiva. Huía de la pequeña que le habían asignado, no porque fuera una niña traviesa (aunque sí, lo era un poco), sino que era incapaz de cuidar a alguien que no fuera ella misma, y lo sabía; Su mente rechazaba pensar para alguien más. Escondida tras una de las columnas en el salón, la presencia de repente de la doncella y el menor la tomó por sorpresa, irguiendo su postura al instante como quien no quiere la cosa. —Me encantaría, tanto que hasta no puedo pensar que ángulo sería el ideal porque ambos lo son, pero… —Se asomó al pasillo, aliviada por no identificar la menuda figura infantil. —Le encantaría más a —Demonios, el nombre se le había escapado —Hmm, Lee Min Ho, ya sabes, es una niña de como este tamaño —Su mano se posicionó a la altura de su cadera —Cabello largo y cara diabólica, les pagaría lo necesario por mantenerla entretenida, quiero decir, por miles de retratos de ella. ¿Qué dicen?
La respuesta y la situación la tomaron por sorpresa, definitivamente estaba en conocimiento de que las castas más elevadas pecaban de un ego absurdo y mimos innecesarios, sin embargo, era una escena particularmente molesta. “Lee Min Ho” repitió, con su ceño fruncido, su vista dirigiéndose a la princesa, mientras su mano sostenía con más esmero al más pequeño; le parecía bastante absurdo y poco ética la propuesta de la princesa, sin embargo, la doncella prefería cuidar a dos niños en lugar de abandonar a la infante con la pelirroja a suerte del azar. “Eso es algo... Cruel, pero está bien. ¿Dónde está?” preguntó después, soslayando a su hijo postizo con la mirada, quien se la devolvió con una expresión bastante seria. “A ti no te molesta rescatar a Lee Min Ho, ¿verdad?” le preguntó, una sonrisa que apenas podía verse adornó entonces su rostro; Valentin negó con la cabeza. “Bien, entonces puede dejarla conmigo. Y usted queda libre para su manicura o lo que sea que deba hacer” asintió, sin intención de sonar mal educada, pero los niños siempre tocaban una fibra sensible en ella; en especial si todos eran huérfanos.
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Caminaba hacia la cocina junto a la pequeña pelirroja (su propósito aferrándose a la idea de que allí encontraría algo dulce) cuando lo sorprendió la figura de la doncella. Su niña asignada rápidamente se escondió detrás de sí a escuchar en silencio las palabras de la mayor, las cuales ni siquiera llegaron a ser consideradas por el hombre. La negativa resultaba demasiado clara. “No. Addie tiene hambre y debemos ir a…” Ahí sintió como la mencionada tiraba de la manga de su camisa en un claro intento de llamar la atención y reclamar el oído del chofer. No tardó en doblarse en dos para oír el deseo que una repentina timidez no permitió hacer público: “Ah, se ofrece como modelo.” Dijo a su pesar, eran visibles sus pocos deseos de retrasar el previo objetivo. Sin embargo, aquella niña se había convertido en una debilidad. “Y supongo que no les cobrará por posar, tranquilos…”
Los ojos claros de la doncella viajaron desde el rostro masculino hacia la pequeña que jalaba de la manga del mismo, el atisbo de una ligera sonrisa pudo verse estampada en sus facciones. “Valentin seguro no tarda, planeaba llevarlo a comer inmediatamente después. Pero...” pausó, permitiendo que los menores se acomodaran a gusto propio, mientras Kaylee simplemente tendía los lentes a su pequeño designado, sus cejas se alzaron en señal de reprimenda; el niño tomó sus anteojos a regañadientes y se los colocó. “Pero, uh, Valentin prioriza cualquier cosa menos su hambre, sueño y necesidades básicas” rodó sus ojos con diversión, finalmente llevando su mirada hacia el empleado. “Por cierto, mi nombre es Kaylee. No lo había visto por aquí” o quizá sí, pero había estado demasiado ocupada con otros asuntos como para prestar atención a lo que sucedía en el palacio.
I think it’s important to realize you can miss something, but not want it back.
Paulo Coelho (via wordsnquotes)
elijahnewsome
Deambuló por los corredores del palacio, sin un rumbo fijo y con pensamientos perdidos. Había entregado unos papeles en los despachos y ahora, tenía un momento libre en el que su cuerpo le pedía despedirse de toda linea de pensamientos coherente y estaba dispuesto a hacerle caso. El curioso par apareció ante él repentinamente, aunque quizá los hubiera visto llegar si sus ideas no se hubieran desviado tanto de la realidad. Sus mares se clavaron en los luceros femeninos, estudiando su rostro mientras introducía al pseudo artista “¿Un nuevo Da Vinci?” Su ceja alzada se encargó de marcar la interrogante, estudiando ahora al pequeño ¿Había visto antes una sonrisa más grande? Pudo decir que tenía una junta a la cual asistir, o un escrito que esperaba su atención, pero una sonrisa rendida de sus labios confirmó el trato “Será un placer presenciar tanto talento” Con una mano en el pecho le dedicó una reverencia al infante, curioso repentinamente, divertido sería ver el resultado de todo aquel meollo “¿Dónde quieren que me ponga?”
“Totalmente” insistió la doncella ante la primera interrogante del mayor, las comisuras de su boca se curvaron en una sonrisa contagiada por el más pequeño del cuarto. “Creo que deberíamos dejar que él decida, ¿no?” preguntó, ahora con su vista clavada en las facciones infantiles; Valentin, a su vez, asintió. “¡En esa silla junto a la chimenea!” todo en el palacio le sorprendía y la dueña de orbes oliva lo comprendía a la perfección; sus cejas se alzaron, su mirada trasladándose a la del castaño. “Póngase cómodo, lord Newsome” indicó; a pesar de que jamás se había cruzado con él, ella tenía bastante claro quienes eran los príncipes, sus primos, y los invitados extranjeros; una tarea de pura eficiencia antes de ingresar a trabajar bajo esa cárcel real. “Por cierto, mi nombre es Kaylee. Presenté al artista, pero no a la asistente” humedeció ligeramente su labio inferior, esperando que su pequeño designado se acomodara para comenzar a dibujar. “Gracias” pronunció en un tono que sólo pudiese escuchar el modelo temporal.
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“Bueno.” Respondió con una sonrisa, a la medida que se enderezaba. Miró a su alrededor para ver donde ponerse. Todo era tan hermoso que en realidad daba lo mismo, porque quedaría bien fondo, así que simplemente se acercó a la ventana más cercana y se sentó en el alfeízar. Acomodó su falda y se llevó el cabello a un lado, mientras escuchaba lo que le decía la doncella al menor. Todavía le resultaba increíble oír sobre esa posibilidad. Para ella era algo remota, ya que no era ni un secreto ya ventaja que llevaban alguna de sus compañeras, pero al menos todavía lo era. “Sí me vuelvo princesa, tú habrás sido el primero en retratarme.” Le dijo a Valentín, moviendo ambas cejas, sin borrar la sonrisa de su rostro. “Es muy dulce.” Le comentó a Kaylee, que parecía tener un don especial con los niños. “Ahora ¿Cómo prefieres? ¿Me coloco así?” Hizo una pose, llevándose una mano a la cadera con expresión sorprendida. “O así.” Apoyó ambas manos en su falda, entrelazando los dedos con cara de inocente.
La doncella no estaba demasiado pendiente sobre los avances de la selección, prefería no creer demasiado en los chismes del Report, sin embargo, acudía a ese escepticismo propio de una ciudadana de casta más baja estando en desacuerdo con la selección. “¿Te parece que ahí está bien?” reiteró la pregunta al menor de la habitación, quien ya estaba instalado en un sitio para retratar a la seleccionada. “Sí, es bastante dulce, pero no habla mucho...” explicó la de ojos oliva, frunciendo ligeramente los labios. “Valentin, no podrás dibujar a lady Astrid si no decides una posición... Y tampoco si no usas tus lentes” dicho eso, colocó un par de anteojos sobre la nariz del infante, quien simplemente se los quitó. “Así, así está bien” dijo el recién mencionado a su ahora modelo; Kaylee pasó una mano por su cabello, permitiéndole que dibujara sin el aumento que su vista necesitaba. “Vale, pero si queda mal... Después no puedes reclamar. Puede ser una futura princesa, no puede quedar mal, ¿verdad?” le pasó la responsabilidad a la muchacha, un salvavidas para que su niño asignado hiciera caso.
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Los ojos del pequeño parecían haber encontrado un nuevo, juguete, las pestañas del mayor de los Crncevic que tiraba sin preocupación alguna, inquieto y curioso no se medía, preso de una gran necesidad de mantenerse en movimiento— Eres insoportable, ¿cuántas veces te lo han dicho? —una sonrisa se surcó sobre sus labios, mientras sus brazos tomaban con algo más de fuerza el pequeño cuerpo inquieto al borde de quizá un nuevo capricho, parecía disfrutar de comportarse como un diablo si había algún infante a su alrededor, ladrón de juguetes y de llantos, no había notado que esas palabras quizá podrían ser tomadas por la fémina, cuando no iban dirigidas hacia ella— Hey, pequeño Da Vinci… Y Kayle. —enarcó sus cejas, retorciéndose un poco bajo los ávidos dedos que continuaban usándolo a su reverenda gana— Tienes más cara de Basquiat, ¿sabías? —pausó, observando al acompañante de la doncella, buscando las palabras indicadas para decir que no, darle una negativa a unas facciones tan inocentes implicaba peligro— Y yo no estoy en condiciones de ser la Mona Lisa de nadie.
Su nuevo designado a servir estaba catalogado como el más impredecible de los Crncevic, inclusive a la menor había logrado comprenderla en un corto periodo de tiempo, mas sabía que no podía esperar lo mismo del castaño. “Jakob” saludó a su vez, con sus párpados ligeramente entrecerrados. “No te lo tomes a mal, pero no pensé que pudieran gustarte los niños” se aventuró a decir, sus palmas ahora sobre los hombros de su menor en una actitud bastante maternal y protectora, su sonrisa siendo reemplazada por una mueca de parcial desagrado hasta la negativa. “¿Y por qué no? Tienes la pinta perfecta de... más o menos un modelo. Y estoy segura de que no te arrepentirás del talento de Valentin” sus delgados dedos se ocuparon del cabello del niño que tenía a cargo, otra vez la comisura derecha de su boca decidió alzarse en un gesto divertido, a su vez, el recién mencionado estiró los utensilios hacia el mayor de todos. “Por favor” mencionó el infante, una sonrisa tímida pudo verse vislumbrada en las facciones redondas, características de la niñez. “Sí, por favor, Jakob” reiteró la doncella, peticiones que ella no acostumbraba siquiera a pensar, pero las excepciones ahora traían el nombre de quien tenía bajo su cuidado durante unos días, olvidar su orgullo por un instante no iba a matarla.