La ingenuidad de pensar que el lobo desaparece. Pero el lobo nunca desaparece, tan solo dormita callado en un rincón oscuro. Dormita hasta que vuelve a despertar.

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@caperucitanotemealobo
La ingenuidad de pensar que el lobo desaparece. Pero el lobo nunca desaparece, tan solo dormita callado en un rincón oscuro. Dormita hasta que vuelve a despertar.
El colmillo se había clavado mucho más profundo de lo que en un principio podía parecer. Corriendo fue a lavarse el mordisco, como si nada hubiera ocurrido, cubrió la zona de muslo con un pañuelo y apretó intentando que la sangre dejara de brotar. Que idiota había sido. No se podía jugar con un lobo, así como si fuera un perro, confundiendo sus gestos, creyéndolos amables y juguetones. Pues el lobo nunca había salido de su bosque, nunca había pretendido ser amable ni jugar. El lobo, sólo sabía ser lobo.
Lo bueno de acostumbrarse a tu presencia es que el miedo se va difuminando poco a poco y ahora apenas me asustan los ruidos porque ya me los has enseñado todos.
Lo malo de acostumbrarse a tu presencia es que el miedo se va oscureciendo poco a poco y cada vez es más profundo, más silencioso, más peligroso. Me asomo y le pierdo el respeto, porque me has acostumbrado a vivir con él. Y no hay nada peor que perderle el respeto al miedo y no verlo venir de lejos y adentrarse en su boca, oscura como la tuya. La boca del lobo.
Ya no sé de miedos, y eso probablemente es saberlo todo.
Ojalá pudieras comprender que no quiero ponerte una correa. Ni un bozal.
No quiero que vivas limitado por un valla que cerque tu horizonte. No quiero que debas comer siempre en la misma esquina. Ni que puedas temer que te dejaré fuera cuando empiece el invierno.
Ojalá hacerte entender que compro siempre el doble de todo para compartir la mitad contigo. Que no cierro nunca la puerta ni te he prohibido que pises la alfombra. Yo quiero que te tumbes en ella, aquí junto a mi.
¿Me entenderías si te lo digo con la palma de la mano?
Abre la boca que quiero que me comas. Que necesito que me tragues y acabar en lo más profundo de tu estómago, donde todo esté en silencio.
No me interesa saciar tu hambre, tú sólo trágame, hazme ese favor. Abre la boca y yo me meteré dentro. Voluntariamente. No tendrás ni que mover la lengua. Tú sólo trágame.
Huelo tu sangre, casi seca, veo tus heridas y extiendo la mano con cuidado. Quiero quitarte el cepo, comprobar que podrás correr si es necesario. Liberarte.
Hueles mi mano, fría, tocando tus heridas y extiendes tu cuerpo para dejarme ver. Quieres que te quite el cepo, comprobar que podrás correr si es necesario. Liberarte.
Desde hace unas noches he vuelto a oír de lejos un aullido sordo, como ahogado por la distancia y el aire. Me levanto y abro la ventana... me quedo inmóvil en silencio pero no escucho nada... es tan extraño.
Cierro la ventana, regreso con frío a la cama y me arropo hasta las orejas. Y de nuevo, cuando estoy a punto de dormirme otra vez, vuelvo a escuchar ese aullido lejano...
Empiezo a pensar que el lobo ya no esta fuera. Esta aquí dentro.
Aquel lobo negro era tan solitario que ni siquiera tenía sombra.
Mis colmillos están más afilados que los tuyos.
Mi olfato está más afinado que el tuyo.
Mis pezuñas tienen más garras que las tuyas.
Y mi aullido se escucha a mucha más distancia.
Ahora, si vienes a jugar conmigo, no me digas que no te avise.