mamá por la ctm, alguna vez has pensado que todos los libros que he leído y todas las “weás que veo” - como tan poéticamente lo dijiste - son mi forma de olvidarme que estoy viva porque quizás - solo quizás - no quiero estarlo? El escapismo me ha mantenido viva como por 10 años. No lo subestimes. No lo cuestiones. Cada día me acuerdo más de por qué me fui de la casa
Sterling: Yeah. You were reading Mere Christianity in the fifth grade, and you were wearing that white knit cardigan you always wore and your hair was all frizzy from the wind. Also you had spaghetti sauce on your face still from lunch, but somehow never got it on your clothes! I always thought about how weird it was that you never got spaghetti sauce on it. But it was always all over your mouth. I thought about that all the time, actually. And also -
Cada vez que escucho una canción - sobre todo las triste últimamente - me imagino como el personaje principal. Quizás porque me gusta tratar de imaginar cómo se siente el hablante lírico, quizás porque tengo pena, quizás porque me gusta hacerme la víctima. Motivos sobran y la verdad es que no son relevantes tampoco. Solo sé que pasa. Y mucho. Quizás tengo complejo de personaje principal. Insisto, da lo mismo. La cosa es que estoy en ese mood constantemente en el último tiempo, y Taylor saca folklore. No sé cómo explicar en palabras más sencillas que me re cagó.
I didn’t have it in myself to go with grace
Conchetumadre. Venía saliendo de exile y me tiran esa frase. Decir que ya estaba llorando me parece obvio. Quería sentirme identificada con el resto del coro (And if I’m dead to you, why are you at the wake? Cursing my name, wishing I stayed), pero sabía que no era tan fácil. Aunque, con una mente lo suficientemente poderosa, se podía. Incluso si no calzaba perfectamente con la situación.
Y en verdad, daba lo mismo, porque la primera frase ya me cabía como anillo al dedo. I didn’t have it in me. I didn’t. Hice todo lo posible por quedarme, por estar bien, hice todo en mi poder para que se pasara la weá y poder seguir como si nada porque así soy. Weona, claramente. Pero siempre fui así. No conozco otra forma. Posponer todo en mí para acomodar al resto. Muy a mi pesar a veces. Sé que no es sano, sé que puedo hacerlo mejor, pero jamás me ha nacido actuar de otra forma. “Filo, me sentiré mal en mis propios tiempos, cuando pueda, cuando haya un momento. Por ahora, debo acomodar al resto”.
El segundo coro, repitiendo la misma frase, no me ayudó mucho.
Y el problema principal con esta canción es que partí sintiéndome el personaje principal. La víctima de la historia. Porque me sentía herida y triste. Pero de a poco la canción ya no es un discurso por mi parte, sino un diálogo. Un diálogo donde yo digo “I didn’t have it in myself to go with grace” y me respondías “if I’m dead to you, why are you at the wake? Cursing my name, wishing I stayed” y no tengo cómo responderlo. No tengo cómo. Y con esa misma rabia respondía you can aim for my heart, go for blood. Y me devolvías un But you still miss me in your bones. Y sí. Todos los días. Y es como un ciclo de no acabar al más puro estilo Ricky Martin teextrañoteolvidoyteamodenuevo. Por eso digo And I still talk to you (When I’m screaming at the sky), y me gusta imaginar que when you can’t sleep at night (You hear my stollen lullabies).
En ese punto remato con el último y destrozado I didn’t have it in myself to go with grace. Y es entonces cuando definitivamente dejo de hablar y se convierte en un discurso que tengo que escuchar y aceptar. Porque esas palabras son la verdad de las cosas. Y la verdad puta que duele.
You had to kill me, but it killed you just the same
Cursing my name, wishing I stayed
You turned into your worst fears.
And you’re tossing out blame, drunk on this pain
Crossing out the good years
And you’re cursing my name, wishing I stayed
Honestamente, en este punto, lo único que me quedaba era un dueto de nuestras voces diciendo Look at how my tears ricochet.
Hooooooli!!
Ha pasado caleta desde la última vez que escribí algo, y dudo que a alguien le importe, pero escribí una cosita y no sé...sentí la necesidad de compartirla.
Feliz Navidad bebés
...
Dejé la guitarra a un lado con un suspiro. Siempre me pasa lo mismo. Escribo buenas canciones en el momento para olvidar inmediatamente la letra y los acordes. Nunca se me ocurre grabar. Pero eso se lleva de inmediato la inspiración del momento. Además, ¿cómo iba a saber que lo que iba a escribir iba a ser bueno? Supongo que esta será siempre mi maldición.
Me paré frustrada y tomé los cigarros que tenía guardados en la mochila. Me senté en la ventana como suelo hacerlo siempre que quiero fumar. Hay algo relajante en mirar el cielo nocturno suburbano que hay fuera de mi habitación. Dejo que la noche entre y me enfríe un poco. ¿Para qué? Para sentir algo. Para que se lleve el olor a encierro que hay. Para enfermarme. Para ver si trae un poco de inspiración o una razón de algo.
Prendo el cigarro. Hay algo relajante en ver noche tras noche el mismo cielo y los mismos tejados. Han estado aquí desde que tengo memoria. Los tejados de una población suburbana construida a finales de los noventa, donde un montón de familias llegaron a vivir a principios de los 2000, buscando un nuevo inicio junto con el nuevo milenio. Familias como la mía. Sin embargo, este paisaje que cambia tan poco tiende a sentirse como una cárcel. Por eso me fui apenas cumplí 18.
¿Qué hago aquí entonces? ¿Por qué volví? Supongo que mi tendencia a escapar es algo que siempre llevo conmigo. Me fui de aquí escapando de la vida a la que le tenía terror. De terminar trabajando en un banco como mi madre. De vivir en eterna monotonía. De la rutina. Pero volví escapando de ti.
De ti. Tú que terminas siendo el tema central de todo lo que escribo. De todas mis canciones. El hilo que une todas mis ideas. Con quien termino soñando sin querer cada noche. Escapé de ti y me traje conmigo mis ganas de escapar, pero también viniste conmigo. Estás a un montón de kilómetros y te siento aquí. Claramente, una terrible jugarreta del destino. El humo empieza a quemarme la garganta y noto que el cigarro se ha consumido. Lo apago y entro, sin cerrar la ventana.
Vuelvo a sentarme en mi cama y tomo la guitarra de nuevo. No hay ideas. No hay acordes en mi cabeza. Tampoco hay frases. Ni una mísera nota. Solo tu cara y un vago fantasma de todas las emociones que me has hecho sentir.
Nerviosismo. Alegría. Serenidad. Júbilo. Nerviosismo. Tranquilidad. Paz. Locura. Serenidad. Emoción. Cariño. Deseo. Ganas de verte. Confusión. Tristeza. Desesperanza. Adormecimiento. Tristeza. Rabia. Ira. Tristeza. Cólera. Ira. Rabia. Ganas de mandarte a la mierda. Risa. Rabia. Ira. Ganas de agarrarme a puñetazos con alguien o algo. Rabia. Ganas de verte. La lista sigue y sigue, sin embargo, no hay ningún momento en que recuerde haber sentido amor.
Ni uno solo.
Aun así me pregunto, después de todo lo que pasamos, de todo lo que seguimos pasando, ¿por qué sigues aquí? En todas mis canciones. En todos mis acordes. En todas mis letras. En todos mis pensamientos. En mis sueños. En mis recuerdos. No hubo amor pero sí un montón de cosas que no puedo dejar de sentir. Tomo la guitarra de nuevo. Me dan ganas de tirarla contra una muralla, pero ha sido mi más fiel compañera y no puedo culparla de que te fuiste cuando ella se quedó. Porque esa es la realidad. Te fuiste. Elegiste a alguien más. Y está bien. Estás en tu derecho. Pero si eliges irte, vete y no vuelvas. No te quedes dando vueltas a mi alrededor. No te quedes si vas a fingir que nada pasó de un día al otro. Menos después de semanas donde no te dignaste ni a mirarme. No te quedes si vas a ponerle caras feas a todos mis amigos. Si le vas a decir cosas desagradables a cada uno de los amigos míos que conozcas. No te quedes pidiéndome un baile en cada fiesta que nos veamos. No te quedes si vas a mirarme con esos ojos, así de cerca, cada vez que tomes más de lo que deberías. No digas que te vas si vas a quedarte asegurándote que te siga.
Porque eso hiciste. Me amarraste una correa al cuello y te aseguraste de que, sin importar donde te fueras, yo iría detrás tuyo. Y sé que lo hiciste. Por eso tomé todas mis cosas, todos mis instrumentos y cuadernos llenos de letras, y huí. Dejé toda la vida que había logrado construir sola, a todos los amigos que me había costado tanto encontrar, para volver al único lugar que he podido llamar mi hogar. Y volví solo para encontrarte aquí también.
¿Y cómo es eso justo? ¿Cómo es justo que yo te tengo aquí a cada momento y en cada rincón si tú no me tienes en ningún recoveco de tu mente, ni siquiera en tus noches de insomnio? ¿Cómo es justo que yo te piense en todo cuando tú solo me recuerdas si necesitas algo de mí? Y me encantaría poder decirte tantas cosas, pero no puedo. No tengo la energía o la valentía para poder pararme en frente tuyo y decirte lo mucho que te odio. Lo mucho que aún me dueles. Lo mucho que te quiero fuera de mi vida de una sola vez. Que esa vez que te dije que no te culpaba, que no te resentía, que yo era la última en juzgar, no sabía lo ciega que estaba. O lo tonta que había sido al pensar que de verdad creía eso. Me ha tomado más de un año darme cuenta de tantas cosas...
Y la verdad es que es impactante la forma en que me he ido enterando de ciertas cosas con el tiempo. Cosas que preferiría no saber. Cosas que prefiero olvidar. No le he preguntado nada a nadie y la gente sin saber me ha dicho tanto. Y me di cuenta de que fui una estúpida pensando que eras la persona que tenía armada en mi cabeza. Que fui ingenua al pensar bien de ti. Que no solo tú fuiste injusta conmigo, sino que la vida armó todo para que la situación completa fuera una total mierda.
¿Qué hice? Me quedo despierta de noche pensando qué mierda tuve que haber hecho para merecer este calvario. Me he equivocado, no soy perfecta, pero ¿de verdad tanto?
Una página en blanco me sigue mirando. Las letras que he escrito antes van en círculo una y otra vez sobre todas las cosas que me has hecho sentir. Pero no puedo casarme con nada. Con ninguna emoción. Con ninguna idea. Porque no soy lo suficientemente valiente como para decirte que te odio. Porque te quiero demasiado como para de verdad odiarte. Porque no te quiero lo suficiente como para poder aguantarme todo esto sin volver a la ira y la rabia que han consumido mi vida los últimos meses.
Toco una melodía al azar. Espero que alguna idea surja de aquí a que salga el sol.
wow, hace caleta que no escribía en esta weá, y debería estar estudiando pero aquí estoy, escribiendo sobre weás que a nadie le importan.
Hay muchas cosas que probablemente debería dejar de hacer. Por ejemplo, fumar. Hay historial en mi familia de cáncer a los pulmones por culpa del cigarro y, honestamente, hay mucho historial de cáncer en mi familia por todos lados así que es una buena idea que deje de hacer cosas que aumenten mi riesgo de tener cáncer. También debería dejar de comer puras weás, y de comer a deshora, y de comer en exceso cuando como. También debería dejar de no comer. Eso suena raro. Reformulo. Debería empezar a comer porque hay días donde con cuea me como un pan o me tomo un café.
Hay muchas cosas que debería dejar de hacer, pero una de esas es tener miedo. Siento que así queda muy amplio, todos tenemos miedo de algo. A lo que me refiero es que tengo que dejar de tener miedo de decir cosas, sobre todo de decir las cosas que quiero decir. Tengo que dejar de tener miedo de expresar lo que quiero. Tengo que dejar de tener miedo de decir en voz alta cuáles son las cosas que quiero, y de exigirlas y de luchar por ellas porque alguien se vaya a reír o no le vaya a gustar. Podría escribir lo mismo de mil formas distintas y al final sería siempre lo mismo: tengo que dejar de tener miedo que querer lo que quiero, y de expresar ese deseo.
Pero puta, en Chile es loco desear cosas fuera de la norma. Ya cuando quieres ser profe te dicen que vas a ser un muerto de hambre, imagínate cuando dices que quieres ser artista, bailarín, músico. Te miran raro, como diciendo “mmmh…ya veremos cómo te va. O terminas entendiendo que tienes que estudiar ingeniería/derecho/medicina/una carrera de verdad, o terminas viviendo al tres y al cuatro contando las chauchas pa llegar a fin de mes”. Y chucha, en mi círculo siento que es peor la weá. Colegio privado, más encima católico, de familias clase media-alta con apellidos alemanes, franceses e italianos con varias consonantes. Tengo dos compañeros del colegio estudiando medicina, dos estudiando derecho, una estudiando enfermería, otra odontología, ochenta estudiando ingeniería, una estudiando química y farmacia, un par en periodismo, otro está estudiando psicología, y así. La más alocada y fuera de la norma está en diseño, que tampoco es tan terrible. Esa es la norma en mi ambiente. Yo era la única weona rara que quería algo distinto. Y cada vez que alguien expresaba su deseo de ir en esa dirección, todos ponían mala cara y le decía que iba a ser difícil o imposible y que no era bueno y etc etc. Sé que es más difícil que la chucha pero con todas las trabas que te ponen, ¿qué ganas quedan de hacer nada?.
Así que aprendí a callarme y a nunca expresar qué era realmente lo que quería. Weona po. Y ahora se me hace muy difícil hacerlo. Mi mamá me consiguió una entrevista con un profesor del IMUS de la PUCV, que es productor musical y vivió y trabajó en Estados Unidos, para que pudiera hablar con él y me pudiera aconsejar sobre cuál es el mejor camino que puedo tomar. Él sabe de mí y sabe exactamente qué es lo que quiero hacer, pero en el correo para agendar dicha entrevista, no fui capaz de verbalizarlo. La weá estúpida, ni siquiera es decirlo, es escribirlo y ni eso puedo a veces. Supongo que me da miedo la reacción del resto pero na que hacer. Es momento de que deje atrás esos miedos weones. ¿Cuesta? Más que la chucha. Pero hay que tomarlo un paso a la vez, una declaración de deseos a la vez. Quizás así llegue en algún momento a ese día donde no me dé miedo decir que quiero ser una productora musical.
Me puse a revisar lo último que había escrito y se me olvidó decir algo: le conté a mi vieja de mi angustia XXL. Me está ayudando y apoyando caleta y la amo y es bacán <3
wow, hace caleta que no escribía en esta weá, y debería estar estudiando pero aquí estoy, escribiendo sobre weás que a nadie le importan.
Hay muchas cosas que probablemente debería dejar de hacer. Por ejemplo, fumar. Hay historial en mi familia de cáncer a los pulmones por culpa del cigarro y, honestamente, hay mucho historial de cáncer en mi familia por todos lados así que es una buena idea que deje de hacer cosas que aumenten mi riesgo de tener cáncer. También debería dejar de comer puras weás, y de comer a deshora, y de comer en exceso cuando como. También debería dejar de no comer. Eso suena raro. Reformulo. Debería empezar a comer porque hay días donde con cuea me como un pan o me tomo un café.
Hay muchas cosas que debería dejar de hacer, pero una de esas es tener miedo. Siento que así queda muy amplio, todos tenemos miedo de algo. A lo que me refiero es que tengo que dejar de tener miedo de decir cosas, sobre todo de decir las cosas que quiero decir. Tengo que dejar de tener miedo de expresar lo que quiero. Tengo que dejar de tener miedo de decir en voz alta cuáles son las cosas que quiero, y de exigirlas y de luchar por ellas porque alguien se vaya a reír o no le vaya a gustar. Podría escribir lo mismo de mil formas distintas y al final sería siempre lo mismo: tengo que dejar de tener miedo que querer lo que quiero, y de expresar ese deseo.
Pero puta, en Chile es loco desear cosas fuera de la norma. Ya cuando quieres ser profe te dicen que vas a ser un muerto de hambre, imagínate cuando dices que quieres ser artista, bailarín, músico. Te miran raro, como diciendo “mmmh...ya veremos cómo te va. O terminas entendiendo que tienes que estudiar ingeniería/derecho/medicina/una carrera de verdad, o terminas viviendo al tres y al cuatro contando las chauchas pa llegar a fin de mes”. Y chucha, en mi círculo siento que es peor la weá. Colegio privado, más encima católico, de familias clase media-alta con apellidos alemanes, franceses e italianos con varias consonantes. Tengo dos compañeros del colegio estudiando medicina, dos estudiando derecho, una estudiando enfermería, otra odontología, ochenta estudiando ingeniería, una estudiando química y farmacia, un par en periodismo, otro está estudiando psicología, y así. La más alocada y fuera de la norma está en diseño, que tampoco es tan terrible. Esa es la norma en mi ambiente. Yo era la única weona rara que quería algo distinto. Y cada vez que alguien expresaba su deseo de ir en esa dirección, todos ponían mala cara y le decía que iba a ser difícil o imposible y que no era bueno y etc etc. Sé que es más difícil que la chucha pero con todas las trabas que te ponen, ¿qué ganas quedan de hacer nada?.
Así que aprendí a callarme y a nunca expresar qué era realmente lo que quería. Weona po. Y ahora se me hace muy difícil hacerlo. Mi mamá me consiguió una entrevista con un profesor del IMUS de la PUCV, que es productor musical y vivió y trabajó en Estados Unidos, para que pudiera hablar con él y me pudiera aconsejar sobre cuál es el mejor camino que puedo tomar. Él sabe de mí y sabe exactamente qué es lo que quiero hacer, pero en el correo para agendar dicha entrevista, no fui capaz de verbalizarlo. La weá estúpida, ni siquiera es decirlo, es escribirlo y ni eso puedo a veces. Supongo que me da miedo la reacción del resto pero na que hacer. Es momento de que deje atrás esos miedos weones. ¿Cuesta? Más que la chucha. Pero hay que tomarlo un paso a la vez, una declaración de deseos a la vez. Quizás así llegue en algún momento a ese día donde no me dé miedo decir que quiero ser una productora musical.