“El que quiere estar, estará, el que no, empezará a dudar hasta irse.”
— Kev (via here-is-the-food)
Me pasa.

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“El que quiere estar, estará, el que no, empezará a dudar hasta irse.”
— Kev (via here-is-the-food)
Me pasa.
Without words!
No sé bien que estoy haciendo, pero sigo adelante con eso que estoy haciendo.
Día 60. Su sonrisa era como un letrero de advertencia, tipo: voy a romper tu corazón. Pero sus ojos, oh sus ojos brillaban tanto que hice caso omiso de las advertencias.
No tiene nada de malo irse cuando sientes que no estás avanzando
Quetzal Noah (via
quetzalnoah
)
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(via bohemiofilosofico)
¿QUE EDAD TIENES? De las preguntas más absurdas que nos pueden hacer en la vida es qué edad tenemos. Porque no, nos da ninguna pista de a quién tenemos delante. Yo la verdad es que no lo sé. Ni me importa. Porque lo importante no es cuantos años tenemos, sino en cuántos de ellos hemos vivido. Yo prefiero decir que tengo 42 miradas que me han hecho sonreír y un par que me desnudaron el alma. Tengo 2 “Te quiero” suicidas que dije sabiendo que quien tenía delante no me quería a mí. También tengo 14 abrazos inolvidables, 3 de ellos irrepetibles porque quien me los dio ya no está. Tengo unos 35 “Lo siento” de los cuales 3 jamás me perdonaron. Tengo 6 noches de hospital al lado de alguien que me importaba y 7 madrugadas pensando en una persona a quien no le importaba yo. Tengo unos 5.200 besos, pero solo me acuerdo de 6. Tengo 4 veranos que fueron infinitos y 3 inviernos demasiado fríos. Y solos. Y tristes. Tengo 25 noches sin dormir y algunas lágrimas gastadas en cosas que no importaban. También tengo 4 lágrimas muy amargas invertidas en algo que merecía llorar durante años. Tengo 10 carcajadas de esas que hacen que te falte el aire y 105 sonrisas por compromiso. Tengo 9 deseos de infancia que nunca cumplí. Tengo 3 consejos recibidos que entendí mucho tiempo después. Tengo unas 5 camas donde me acosté sin querer estar y 1 donde hubiera matado por despertar. Tengo 5 errores que volvería a cometer y 2 de los que me arrepiento mucho, aunque solo un poco. Tengo miles de cenas, pero pocas como aquellas 3. Y tengo 43 escalofríos que me han recorrido el cuerpo entero. 120 conciertos, 350 películas… y no soy capaz de contar las canciones. Tengo 31 tardes en un parque viendo la vida pasar con mis amigos. Y 500 tardes más recordándolas unos años después. Tengo 5 adioses. En dos de ellos nunca quise despedirme en realidad. Tengo 1 solo Dios el cual nunca me ha fallado. Tengo tantas cosas por decir que nunca diré y tantas que me tendría que haber callado. Para quién quiera saberlo, esa es mi edad. Y no tengo ni idea en cuántos años cabe todo eso.
Te deseo lo suficiente. (via la-vida-de-un-amor-suicida)
💙
No te enamores de una mujer que se hace la difícil
…aun si lo verdaderamente difícil es no enamorarte de ella.
No te enamores de una mujer que se hace la difícil. Porque la mujer que se hace la difícil es errante, desconocida, cambiante: no sabrás describirla a ciencia cierta, a cuestión de adjetivos comunes. La mujer que se hace la difícil muta, cambia, deja, se aleja, vuelve, se arrepiente. La mujer que se hace la difícil lee, escribe, canta, actúa, baila, trabaja y estudia con mucho pesar al siempre tener conflictos con la autoridad y los trámites. La mujer que se hace la difícil se gana la vida por sí sola, no necesita de nadie que la ayude para ser todo lo que quiere ser: ella misma.
Ya te digo, mi amigo, que no te conviene. Para empezar, enamorarla se cree que es imposible. ¿Rosas rojas? ¿Chocolates? ¿Animales de peluche? ¿Coqueteo? ¡Por favor! La mujer que se hace la difícil te aceptará las rosas con una sonrisa, las pondrá en agua, y no volverá a hablarte nunca más. La mujer que se hace la difícil evita comer chocolates, sabe que engordan, y es presa de la soluble vanidad presente en las revistas femeninas. La mujer que se hace la difícil odia a los animales de peluche, se empolvan y estorban; además, ya tienen de mascota a un gato. La mujer que se hace la difícil se sabe «el juego» del romance de pies a cabeza: sabe cuándo llamar, sabe cuándo colgar y, justo cuando crees que le llevas gran ventaja al escucharla decir que te echa de menos, se desvanecerá ante tus ojos.
Jamás podrás comprenderla, entenderla. No existen diccionarios ni manuales de instrucciones para mujeres difíciles, desgraciadamente. No podrás. Será como si ella te hablara en lenguas romances y tú humildemente contestaras con un «OK». No se entenderán, no habrá comunicación. No sabrán cómo decirlo y ella, tenlo por seguro, no lo dirá primero: su orgullo quemaría su voz antes que poner ante ti una debilidad. Porque así son las tan complicadas mujeres difíciles: ven cualquier muestra de sentimientos, cariño o afecto como un punto débil al que nadie debe de tener acceso. Nunca vas a verla vulnerable.
Y no porque no sufra. ¡Todo lo contrario! Las mujeres que se hacen las difíciles sufren como nadie: lloran, se lamentan, no saben qué hacer, gritan, se enfadan, se decepcionan y vuelven a llorar porque tú hiciste algo malo y deshiciste algo bueno, o viceversa.
Se decepcionan. Se decepcionan terriblemente porque ellas esperan lo mejor de ti. Se decepcionan porque añoran el romance, la nostalgia y, sobre todo, la caballerosidad. Ay, la caballerosidad, ¡las hace soñar despiertas a las mujeres que se hacen las difíciles! Que no te engañe: al tú abrirle la puerta del lugar mientras ella se coloca enfrente de ésta con los brazos cruzados y la mirada indiferente, una parte de su enorme corazón se va contigo.
Porque las mujeres que se hacen las difíciles tienen un corazón enorme, grandísimo, de un tamaño gigante. Es por eso que se hacen las difíciles: protegen esa hermosa figura de vidrio de cualquier papanatas con manos sudadas que pueda provocar una tragedia. Por eso son frías, duras, distantes y distintas. Todo se conserva mejor en un ambiente frío, helado: un congelador que logre conservar sus sentimientos para largo; y ellas mismas deben ser fuertes, son el templo de ese tesoro. Además, siempre les gusta ser diferentes, ser las correctas y maduras sabelotodos que realmente, a simple vista, parece que lo saben todo.
Las mujeres que se hacen las difíciles son guapas, pero una parte en su interior se los niega al mirarse en el espejo; jamás descansarán hasta no ser indiscutiblemente más atractivas que esa prostituta o famosa actriz de anuncio que puedas encontrarte camino a casa. Las mujeres que se hacen las difíciles generalmente son altas; de ojos grandes y labios enmarcados, de pómulos rosados y ojos expresivos: los ojos de las mujeres que se hacen las difíciles son una verdadera obra de arte; nada es más expresivo, nada es más atrapante que los ojos de una mujer que se hace la difícil. Pues la mujer que se hace la difícil miente, engaña, pretende, disfraza y la única manera de saber lo que verdaderamente está en su mente, es mirarle los ojos fijamente: tal como la Gioconda tiene un código oculto en su lienzo.
No te enamores de una chica que se hace la difícil, no. Insisto: no sabes con qué te estás metiendo. Además de todo lo que ya te he advertido, estas mujeres son odiadas, criticadas, renegadas. La gente no parece comprenderlas, amarlas; en cambio, son bastante envidiadas. No tienes opción, por si fuera poco, porque si no abogas a su favor, te lo reprochará y si abogas por ella, se alejará de ti. Sin preguntar. Sentirá tu (inexistente) lástima hacia ella, tu falta de admiración; ella no quiere tu lástima, no la necesita. Ella sabe que esas personas no tienen cerebro y no le llegan ni a los talones. Punto. No hay más que discutir. A oídos sordos y ojos llorosos cuando nadie las está observando.
Porque las mujeres que se hacen las difíciles se protegen, se resguardan hasta de sí mismas. Lo exageran todo, dramatizan cada acto tuyo en una tragedia porque escriben, porque leen, porque les gusta crear historias en las que ellas no son más que un personaje y para ti, como actor secundario, hay una lista entera de suplentes.
No se enamoran, no creen en el amor; lo consideran una mentira de su peor enemigo: la sociedad. Ellas creen en la pasión, en el romanticismo, en el drama. Las mujeres que se hacen las difíciles se encaprichan, se enganchan, se aprisionan, se encierran a un solo objetivo aun si éste no es digno de ser el blanco de lo más amoroso de su ser. Porque las mujeres difíciles así aman: terca, dolorosa, y caprichosamente; pero jamás por siempre. No, no, no. Las mujeres que se hacen las difíciles cambian, cambian todo el tiempo una vez que tal objetivo ya es misión cumplida.
Las mujeres que se hacen las difíciles son infieles por naturaleza, con la justificación de ser románticas; nunca pueden ser sólo tuyas. Las mujeres que se hacen las difíciles te quieren a ti, echan de menos a otro, lloran por aquel que no conquistan de inmediato, sufren por el que se fue y las dejó atrás hace años, y a la única persona que aman es a sí mismas. Ya te lo digo, amigo, que son unas malditas. Cínicas. Van por allí con una sonrisita enmarcada en labios rojos y sin escotes vulgares, con esas palabras dignas de salir de una boca tan bella y tú, ingenuo, crees poder no sólo enamorarlas, sino incluso jugar con sus sentimientos. ¡Ingenuo! ¡Imbécil! ¡Bastardo! ¡Acabarás enamorado! Enamorado, dejado, rechazado. Triste. Y sin tu chica que se hace la difícil, que muy probablemente estará besando casualmente a algún desconocido al que vio muy atractivo físicamente y al que jamás va a permitirle volver a verla porque está consciente de que es un completo imbécil.
Y es que ellas tienen estas fantasías amorosas, tal como tú tienes tus fantasías sexuales. Ellas sueñan con besar a su profesor más joven, a un hombre mucho mayor, a un chico arrogante y rompecorazones con el que no tengan aparentemente nada en común, a un maldito imbécil que las destrozará y este dolor ya lo verán venir de manera que hasta podrán disfrutarlo como inspiración, a un modelo masculino que les parecerá un maldito maricón, a un deportista profesional con quien tan sólo llegarán a tener una relación cordial, a un actor famoso del que saldrán huyendo asustadas por sentir que éste invade su libertad, etc.
Sin embargo, a final de cuentas, las mujeres que se hacen las difíciles no son tan difíciles como aparentan. Existe una manera para llegar a su corazón: piensa en ella, échala de menos, sueña con ella, escríbele. No te garantizo que te amará, no te garantizo que no te rechazará; pero ten por seguro que ella, tal como le gusta leer cada tarde lluviosa, «valorará tu sencillo coraje de quererla».
Para mantener a una mujer que se hace la difícil hay que dejarla, hay que perseguirla, hay que acorralarla, hay que soltarla, hay que ser un extraño y a la vez quien más la conozca, hay que darle su espacio, hay que ignorarla de vez en cuando y con una sonrisa coqueta, hay que dejarse crecer la barba, hay que aprender del arte y de la buena ortografía, hay que evitar aquellas mariconadas de asistir a su clase de pilates, hay que ser seguro de uno mismo o le darás asco con tus inseguridades superficiales, hay que ser intelectual y no aburrido, hay que ser guapo y arrogante porque feo y titubeante no le vas a servir para nada, hay que preferirla a ella de manera especial antes que a las demás, hay que darle libertad: libertad de irse, libertad de volver, libertad de quererte, libertad de odiarte, libertad de abofetearte y después besarte. Una pequeña conclusión con estas mujeres es que un «te odio» es la prueba más sincera que ellas tienen de decirte «me encantas, eres muy guapo». Ellas no sueñan con cambiarte, ella sueñan con encontrar ese detalle del cual puedan escribir sobre ti.
Así pues, amigo, las mujeres que se hacen las difíciles no son tan difíciles una vez que te revelan el primero de los muchos misterios que su larga melena ondulada contiene: lo único complicado con una mujer que se hace la difícil es lo mucho que ella puede llegar a hacerte feliz.
Impresionante.
Cuando por fin me decido a hacer algo, siempre sucede otra cosa que me hace darme cuenta de que estaba eligiendo mal. Cuando creo que puedo hacer algo, que quizás esa persona pueda "entender" no pasa nada ¡NADA! y me quedo pensando ¿Que tanto debo esperar? ¿Que más tiene que pasar? Siento que quiero morirme, pero eso sería lo más fácil y lo fácil no impresiona, no es atractivo.
Siempre tan distante e intocable.
¿Qué puedo hacer yo? Me has enamorado de una forma que nadie, absolutamente nadie lo ha hecho. No es que diga que soy una “una piedra sin corazón” o algo así, no. Sé querer cuando me quieren pero después de un tiempo, ya no los quiero (es una manía mía muy mala) pero tú, cariño. Eres tan interesante, tan fácil de distinguir entre muchas personas. Te quiero, te quiero para reír, para dormir, para ir por la calles tomados de las manos, también te quiero de la peor forma; para llorar, para estar triste, para estar decepcionada. Te quiero de la mejor forma hasta la peor forma. Así te quiero yo. Te quiero de verdad.
Unë e kam treguar këtë me miqtë e mi dhe nuk besoj se ai e kishte shkruar këtë, me pak fjalë. Unë jam fucked (via c-h-i-c-a–a-n-o-n-i-m-a)
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Permíteme escribir nuestra historia. Tú eras un día helado de principios de octubre, con tus pestañas jugaba a quemar las margaritas y con tus labios rozaba la cima de algún continente. Hay tantas cosas de las que podría escribir pero que, sin embargo, decidí desde el principio guardarlas para nosotros. Únicamente. Hay tantas chicas para amar, pero tan pocas, única diría yo, como ella, para amar y seguir amando después de que todo haya vuelto de nuevo a las cenizas. «Yo sólo soy una desconocida que pretende hacerte daño», me decías. «Yo sólo soy un roto que intenta coserte las heridas», te repetía. Cierta electricidad flotaba en el aire cuando nos besábamos. Ciertos besos tenían forma, textura y, como estrellas, nuestros labios creaban galaxias. Ninguna brillaba como la de nuestro amor. Se incendiaba el lugar, si estabas tan cerca, te incinerabas con tan sólo estar. Los principios y las morales los dejábamos para después, porque sabíamos que el mañana en sí no existía, que lo que hoy vivíamos, mañana estaría enterrado a una distancia abrumadora en el pasado. Así corras hacía atrás, cada vez aquel lugar se va haciendo más pequeño, más inalcanzable, más utópico. Teníamos en claro que viviríamos como el primer día del resto de nuestras vidas. Me vio drogarme con la negrura de su mirada, aunque tenía unos ojos azules preciosos. Como el océano. Como el cielo. Como un color jodidamente siniestro e infernal. Iba de femme fatale mientras gritaba a los cuatro vientos que ninguno de los cuatro podría cambiar su indestructible y aparatoso final. Me sabía de memoria su canción favorita, leía siempre su novela entrañable y, de vez en cuando, me la encontraba dentro. Y comprendí aquello de que, algunas chicas, te recomiendan libros porque, de alguna forma, te están invitando a leerlas. Y así fue: la leía de principio a fin. Era el blues del que tanto hizo bailar a Tokio, la única e inigualable mirada de la que se enamoró el poeta, era el cometa que te hacía estremecer cada punto de sutura. Me hacía temblar los miedos, precipitar las angustias y arrojar al vacío el fantasma que era el olvido. Era de esas chicas que ves pasar una sola vez por la calle y te pones triste al pensar que la echarás de menos lo que te reste de vida. Era una tormenta irrepetible y le temía tanto a la calma que se convirtió en su amor imposible.
Tokio, Benjamín Griss (via elchicodelayer)
❤️
Lo único estable en mi vida es el hambre.
Lo siento, no te estaba ignorando, sólo me estaba viendo las 7 temporadas y los 54 capítulos de esta nueva serie que me encontré.
Tengo miedo de seguir creciendo.