tengo deficiencia de hierro y de sentido común.
tengo problemas motores y con la comida también.
tengo miedo de los cocodrilos y de quedarme solo.
tengo una rosario nuevo y un alma rota.

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@chamopsicosis
tengo deficiencia de hierro y de sentido común.
tengo problemas motores y con la comida también.
tengo miedo de los cocodrilos y de quedarme solo.
tengo una rosario nuevo y un alma rota.
What horrifies me most is the idea of being useless: well-educated, brilliantly promising, and fading out into an indifferent middle age.
Sylvia Plath,
The Unabridged Journals
a pesar de lo que hago, nunca me sentí escuchado. si hablo con cientas de personas no estoy seguro si de alguna manera me escuchan. tal vez perdí la voz hace mucho tiempo y no es su culpa realmente, sino más bien mía de ser tan inconsciente y no haberme dado cuenta.
no soy capaz de notarlo, todo el tiempo hay alguien hablándome, no sé quién sea y no siempre ha estado ahí. creo que yo tampoco soy bueno escuchando.
el suicidio veraniego es algo que siempre he contemplado.
fúlgido sol y brisa desenfadada.
las hormigas desconocen que cuando vuelvan a casa
tendrán nuevo vecino, desidioso en el pasado.
dentro de los espejos de mi casa,
en cualquier momento dado
aparezco reflejado
llevando una mordaza.
mordaza que me lastima la boca,
boca que susurra la verdad,
verdad que solo yo escucho,
escucho los gritos de mi vulnerabilidad.
tus ojos son las estrellas que admiro cuando cae el anochecer.
al son de las luciérnagas, minúsculos destellos que hacen que te sienta en mi piel.
el dulce aroma de la noche y la suave caricia del viento me tranquilizan,
pues me recuerdan a ti y a tu enigmática sonrisa.
la luz de la diana ilumina tus mejillas, ligero rubor proveniente de una extraña sensación.
toques de cuerpos celestes, el destino nos juntó.
eres lucero del azar, simplemente en el altar contigo quiero estar.
en esta infinita existencia volando como las majestuosas cigüeñas,
al igual que el frío de la madrugada me haces temblar pero no me importa, lo que siento por ti es algo natural.
dentro de mí solo había alquitrán
pero mi músculo amoroso se pudo salvar.
mi piel suda gasolina,
no sabía que tenías el encendedor.
todo mi cuerpo quedó en cenizas
exceptuando mi aún vivo y palpitante corazón.
misterio del sentir, luz eterna y cálida fracción de un astil solar incidiendo vehementemente en mi cabeza, el resplandor provoca que mi pelo castaño parezca un incendio californiano.
estoy hecho de la luz de la luna, de la frescura del viento y de las palabras que me iluminan más que el sol.
mirarte se siente como una película de sofia coppola;
suave y fresca brisa que hace mover las olas
del mar, del río y de las lagunas.
sin duda alguna no hay ninguna chica que sea tan bella como las amapolas de tu jardín,
donde siempre se pasea un colibrí a las tres de la tarde,
a la hora que suelo pasar a buscarte.
me siento confundido, cierro los ojos y solo pienso en lo ocurrido y en lo que ocurrirá, mas no pienso en lo que está ocurriendo. tal vez no soy consciente de lo que pasa justo ahora o tal vez solo prefiero ignorar la realidad para no sentirme más miserable. no tengo una idea clara de quién era, soy o seré; ser o no ser, he ahí la cuestión, pero ¿ser o no ser qué? es un verdadero dilema para un chico de 18 años como yo. ¿quién decidió las normas de la sociedad? probablemente alguien muy vulgar. si yo las hubiese decidido posiblemente nadie se estaría sintiendo de la forma en la que yo me siento: perdido, asustado, como un navegante sin rumbo y con provisiones limitadas. tuve la desdicha de soñar de nuevo con aquel suceso que marcó mi vida para siempre pero a mí ya no me importaba tanto realmente, o al menos el autoengaño era suficiente.
siento que estoy muerto
como las flores de mi ventana.
sequía emocional, parsimonia total.
no me importaría realmente lanzarme del último piso de este hospital.
cristales rotos, habitación desértica.
esto es lo que los chicos como yo hacen,
sentirse impotentes y aprender a resignarse,
siempre sintiéndome culpable de cosas de las cuales no soy responsable.
gritos ensordecedores, laguna de vino,
no se puede luchar contra el destino.
siento que estoy muerto.
no, no siento. lo estoy.
él cortaba las verduras amenamente, con la mente perdida y una ligera sensación de cansancio; de pronto, un sentimiento de vértigo gobernó su cabeza e hizo que dejara caer el cuchillo de 30 centímetros de largo justo en su peana. agachó la cabeza confundido y empujó la tabla de picar con los vegetales mientras retrocedía violentamente para que la filosa herramienta no impactara sus pies. se limitó a recoger el utensilio segundos después, lavarlo y seguir como si nada. lanzó una pequeña risita aunque no sabía por qué, la situación de casi haber sufrido un accidente doméstico le parecía gracioso por alguna razón, tal vez eso podría haber hecho que algo en su vida cambiara y, al menos por un corto periodo de tiempo, pudiera recibir la atención que tanto anhelaba. terminó de cortar las hortalizas, las mezcló y las puso en un envase para almacenarlas en el refrigerador, hacía esto para no tener que picar nuevos condimentos cada vez que preparaba algún plato, así se ahorraba tiempo, del que irónicamente tenía muchísimo.
(fragmento de un relato corto que nunca concluí)
mi hogar está tan lejos, tan distante que me siento como un fantasma
caminando por el mundo, débil e inconsciente de que ya no estoy aquí.
intento hablarle a dios pero el cielo está vacío y no pienso en nada,
solo me permito existir en el momento.
el espejismo del crepúsculo sobre el océano
me hizo deslumbrar tu semejanza con el cielo.
el esplendor eterno, rendido ante el sol, no me importaría quedarme ciego.
aunque no me gusta nadar elegí entrar al mar de tu universo
y explorar así la fauna marina de un cuerpo ajeno que me extasía, me cautiva, me embelesa y me alucina.