—Se quedo en silencio, simplemente escuchando. En cierta forma, aquella breve historia la había descolado. Saber que un ser a quién amas te olvida, y luego elige a otra persona envés de corresponderte... no, no debía ser fácil. No seria fácil para nadie, mucho menos superarlo. Por lo menos, no tan sencillamente como él lo dio a entender. O eso creía la blonda. Entonces, después de tal pensamiento, ante los ojos de Alana, aquel castaño se había transformado en alguien fuerte, de aquellos acerca de los que a veces escribía en sus relatos cortos, sobre el papel de una gastada libreta color escarlata. Movió sus labios hacia un costado, creando un pequeña mueca, aún sumida en sus pensamiento— Lo siento, por ambas...—Dijo finalmente, olvidando por completo que el chico había prendido un cigarrillo. — Y no te preocupes, no me molesta... digo, el cigarrillo—Agregó encogiéndose de hombros, como si nada. Realmente no le molestaba, sin embargo, aquello no quería decir que estaba de acuerdo con que lo hiciera. Tomo otro sorbo del café, con su vista perdida. Quería ayudarlo, lo cual no era nada nuevo, a Alana le encantaba ayudar, solo que esta vez era diferente, pues, no sabia cómo, ni con qué. Dejo la taza a un costado, sobre el brazo del sillón y se acomodó sobre su lugar— En algún lugar escuche que: Si realmente alguien te merece, regresa, y si no lo hace, es porqué nunca fue merecedor de ti... O algo así decía la frase. — Movió sus manos, explicando—. Aunque claro, es tan solo una frase…—Concluyo profundizando una sonrisa. No sabia con que objetivo había dicho tales palabras, pero sentía que debía decir algo. Ladeo la cabeza volviendo a tomar la taza, y lo observo. De repente, tan solo quería saber más, de él, de su historia, pero a su vez se sentía un tanto inoportuno, tantas preguntas de golpe nunca sientan bien, así que prefirió primero cambiar de tema. — Y entonces, tienes una moto, eh—Comentó en un tono ameno— Que... ¿Qué modelo es?