La Navidad siempre había sido un evento bastante especial para Erick. Muchos recuerdos de su infancia recorrían su memoria, causando que un gran sentimiento de nostalgia presionara su pecho.
-- Niko... ¿crees que Santa nos visite este año? --
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@cielestial
La Navidad siempre había sido un evento bastante especial para Erick. Muchos recuerdos de su infancia recorrían su memoria, causando que un gran sentimiento de nostalgia presionara su pecho.
-- Niko... ¿crees que Santa nos visite este año? --
Luca nunca había estado interesado en ese tipo de festividades. Navidad siempre había sido una excusa para que su padre realizara grandes eventos en donde distintos comerciantes y mujeres llegaban a su conveniencia. Después de todo, solo aquellas personas con las que tenía algún cierto tipo de interés eran invitadas, y Luca siempre debía recibirles de manera cordial, incluso si nunca hubiera hablado con ellos antes. Era cansado, pero el joven ahora se encontraba agradecido por no tener que pasar aquellos momentos de nuevo. Es más, un año atrás, tampoco hubiera esperado pasar aquel evento en un barco pirata, pero no se estaba quejando. Después de todo, había decidido quedarse por alguien que valía la pena.
Y aunque el barco tampoco estaba decorado enormemente con detalles navideños tal como en su antiguo hogar, se sentía mucho más cálido que cualquier salón de baile. Tomando la mano de Wescott, Luca arrastró al contrario hacia la puerta de su camarote. No se detuvo a escuchar ninguna de sus preguntas y tampoco volteó a verlo hasta llegar a aquel lugar, observando a detalle el rostro del más alto. Parándose de puntitas, el joven de cabellos rubios busco alcanzar los labios contrarios, dejando un suave y lento beso sobre los mismos. Se separó despacio, sin soltar aún la mano del contrario, pero ninguna palabra salió de sus labios aún.
Quería dejar a Wescott confundido, o al menos hacerlo preguntarle la razón de ello. Seguía siendo un poco difícil pedirle un beso al contrario directamente, pero al menos así, el muérdago que había puesto sobre el marco de su puerta era la mejor excusa para hacerlo.
@corvittae
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– ¡Oh! ¡Bueeenas tardes! – contestó animado, realizando una pequeña reverencia. – Mhhh, pueees… ¿creo que sí? Hehe, recuerdo que seguí un olor delicioosoo… y solo llegué hasta aquí. ¡Pero por suerte te encontré a ti! Así que no estoy del todo perdido. –
– Ah~ ya veo. – rió bajito luego de dar esa observación. Que el contrario mencionara el olor delicioso que lo atrajo hacia su residencia le hizo recordar que tenía un pastel de zanahoria y nuez en el horno. Quizá compartiría un poco con el desconocido. – Si quieres, puedes entrar. Esta cabaña es algo pequeña, pero puedes acomodarte como quieras. – Lo invitó mientras abría la puerta que daba al interior de su hogar.
– Por cierto, soy Yoshiie Sakue, ¿puede saber tu nombre?
-- En... ¿En serio puedo pasar? -- parpadeó un par de veces, sorprendido por escuchar la invitación de la contraria. Nunca antes había tenido la oportunidad de entrar a una casa, y el Ookami incluso ya se había resignado con anterioridad en solo poder observarlas desde afuera. Su mirada se dirigió al interior de la pequeña vivienda, olfateando nuevamente aquel maravilloso olor que parecía provenir de adentro. El aire que daba aquel lugar se sentía bastante cálido.
-- Yoshiie-chan, ¡que lindo nombre tienes! -- su vista se dirigió hacia la contraria, regalandole una pequeña sonrisa mientras cruzaba la puerta. -- Muchas gracias por dejarme entrar, mi nombre es Akio... ¿Ryouma? -- bueno, aquel había sido el primer apellido que se le había ocurrido. No había tenido la necesidad de tener uno con anterioridad. -- ¡Sí! Ryouma, heh. Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que me presente. --
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A pesar de que ambos llevaran viviendo mucho tiempo juntos, Wescott no podía evitar sentirse anonadado cada vez que observaba tan de cerca las facciones ajenas, y es que ¿comó no sentirse así cuando era tan… adorable? Aunque si lo pensaba mejor, esa palabra le quedaba muy pequeña al contrario, porque para el pirata, Luca era como esas constelaciones del firmamento que podían guiarte a tu hogar, y de cierta forma esta metáfora era cierta, ya que con él a su lado, no se sentía sólo, y que pertenecía finalmente a un lugar que lo acogiese con calidez.
La aterciopelada voz ajena hizo que momentáneamente saliera del trance en el que estaba, y con algo de esfuerzo trató de prestarle atención a lo que tenía que decir. — Heh, te lo dije. — rara vez Luca le daba la razón en algo, y de cierta forma recibir este tipo de halagos hacía que se sintiese mejor sobre sí mismo, pero por sobretodo, querido. — Exactamente, perfecto… — continuó, su mirada sin apartarse de la ajena mientras guiaba al contrario suave y lentamente con los pasos que daba. Bailar no se le daba muy bien, tenía que admitir, pero no le importaba hacerlo cuando esta actividad le traía momentos como estos.
Pero otra cosa que no se le daba bien, era soltar al aire palabras que yacían adormiladas en su mente. Era una traición de sus propias cuerdas vocales, pero esta vez no sintió que cometió un error al pronunciarlas claramente:
— Tú eres perfecto… — le susurró bajito mientras se detenía despacio y la mano que tenía posada en la cintura ajena subía hacia el rostro del rubio, posándose esta vez en una de sus mejillas para acariciarla suavemente. Su mirada, sorprendentemente, no se desvió. Sus ojos amaban observar los ajenos, que al ser como pequeñas estrellas, parecían haberse convertido en su constelación favorita.
Luca no era una persona que acostumbrara sonreír seguido. Su semblante solía ser bastante serio, evitando sonreír ante otras personas que parecían no merecer demasiado su atención. Sin embargo, con Wescott era diferente. Siempre fue diferente. Con el tiempo, el pirata se había convertido en una de las personas más cercanas a él, por no decir que él era quien mayormente le hacia sentirse seguro y feliz, algo que no había llegado a sentir en años.
E incluso si todavía podían llegar a tener desacuerdos y ligeras discusiones, aquello solamente lo hacía más entretenido y cercano. Todo era mejor a lado de Wescott.
Siguiendo sus pasos despacio, el joven solamente asintió al escucharle hablar, manteniendo una ligera sonrisa entre sus labios. Todavía habían muchas cosas que quería decirle al otro, pero prefirió callarlas, al menos de momento. Sus ojos permanecieron fijos hacia el contrario, disfrutando la presencia y la cercanía que solo podía compartir con él, manteniendo su ritmo. Era un silencio cómodo, pero aquel momento de paz se detuvo junto sus pasos.
Y aunque Luca se sintió confundido durante unos instantes, la voz y las cálidas acciones de Wescott solo ocasionaron que las mariposas que sentía volar en su estómago revolotearan más. En realidad, parecía ser que ahora se encontraba más confundido, pero su verdadero problema era la repentina timidez que ahora sentía por aquel comentario. – N-No…No digas esas cosas… – contestó en un susurro, apoyando su rostro un poco en la mano contraria. Y aunque una parte de él deseaba esconderse, otra parte deseaba quedarse. Deseaba poder observar el rostro de Wescott toda la noche y escucharle decir cualquier cosa, sobre todo si sus palabras seguían siendo tan suaves como ahora.
– Estoy lejos de serlo – replicó finalmente, dejando salir una pequeño suspiro. La mano que se posaba en el hombro del pirata subió hacia su propio rostro, colocándose encima de la de Wescott. Una pequeña risita se escapó de sus labios. – Heh, quizás suene extraño, pero… Tu eres lo más perfecto que me ha pasado, ¿sabes? – suspiró, dejando que su mirada ahora escapara de la figura contraria. A pesar de todo, seguía siendo bastante difícil ser honesto. – …Lo mejor que me ha pasado. –
Lindo.
Lindo era una palabra demasiado pequeñita para describir a Luca y sus tiernas reacciones ante las palabras melosas que salían de los labios de Wescott, pero fue la primera que se le vino a la mente al verlo así de nervioso y sentirlo derretirse conforme iba acariciando su rostro. Era un lado de Luca que solamente él había visto hasta ahora, y de cierta forma le hacía feliz que este le diera la confianza de verlo tan vulnerable a las emociones, como si la montaña de hielo que usualmente Luca portaba frente a él de repente se desmoronara, simplemente dejándolo a él y su verdadero ser; ser que poco a poco fue ganándose el cariño y amor del pirata, porque obviamente era imposible no caer en sus encantos. Y él lo sabía perfectamente.
Sin embargo, no esperaba que Luca lo atacara de la misma forma que él lo había hecho, pero si iban a jugar a este juego los dos, con gusto lo seguiría. Seguiría a Luca hasta los confines del mundo.
Suspirando un poco para calmar sus nervios, Wescott soltó una pequeña risita mientras con un suave movimiento, su mano llegó a posarse bajo el mentón ajeno para así hacer que sus miradas volviesen a encontrarse. — No es justo que digas esas cosas y luego te escondas, príncipe. — lo molestó tiernamente a la par que posaba su frente sobre la ajena, frotando ambas con ternura mientras su mirada seguía afectuosamente fija en la ajena. — Para mí, no lo estás… ya lo eres. — y era cierto, para él, Luca era perfecto. Y tan perfecto, que tenía que lidiar todos los días con el pensamiento de que no merecía a alguien como él, que simplemente iba a ser un estorbo… pero momentos como este alejaban todo pensamiento negativo que alguna vez se atrevió a cruzar por su mente, y por esto estaba eternamente agradecido. — También eres lo mejor que me ha pasado, Luca… — despacio, Wescott acercó su cuerpo al contrario y delicadamente levantó su mentón, acariciándolo después. — Eres… el tesoro más precioso que he encontrado. — le susurró bajito a medida que acercaba aún más su rostro al contrario, deteniéndose cuando sintió que las puntitas de sus narices chocaban suavemente y sus respiraciones se mezclaban.
Tragando saliva debido a los nervios, Wescott se armó de valor para preguntar algo. — ¿P-Puedo…? — quizá iba demasiado lento para Luca, pero esperaba que el contrario pudiese entender lo que trataba de comunicarle, puesto que si lo llegaba a decir directamente, se desvanecería de la vergüenza.
Luca sentía como si el tiempo se hubiera detenido por completo. Parecía que la noche nunca iba a terminar y que cada segundo que pasaba era más lento que el anterior. Incluso sentía que el sonido de las olas chocando con el barco había desaparecido, pues lo único que podía escuchar eran las palabras que le dedicaba el contrario. Sin embargo, aquel pequeño universo que se había creado entre los dos era bastante cómodo, incluso si el joven aún tenía miedo del mismo.
No obstante, aunque Luca solamente quería disfrutar de aquella compañía ya establecida, los movimientos de Wescott lo tomaron desprevenido. Los latidos de su corazón parecían querer delatarlo, pues este comenzó a latir con más fuerza en el momento en que sus miradas se volvieron a encontrar. Sus mejillas ardían, y aunque deseaba con todo su ser desaparecer de ahí, tampoco quería irse. No quería alejarse de él, de su nuevo hogar. De esa persona que le hacía sentir que incluso las cosas más difíciles valían la pena vivirlas. Y este era uno de esos momentos.
Un ligero quejido se escapó de sus labios. Cada palabra que le dedicaba el contrario solo lo ponía más nervioso, eso sin contar la cercanía entre los dos al sentir sus frentes juntarse. Se sentía sumamente vulnerable en frente suyo, pero quizás... quizás podría dejar pasar ese sentimiento solo por esta vez. Después de todo, no había forma de que él pudiera huir tomando en cuenta todo lo que había confesado ya a Wescott. -- Lo que no es justo es que me digas todas esas cosas y solo yo me avergüence -- admitió nervioso. Se sentía abrumado por recibir tantos cumplidos; tanto amor que no esperaba. Era agradable, pero Luca tampoco sabía bien que hacer con ello. -- Pero... gracias por pensar así de mi, Wescott -- una suave sonrisa terminó dibujándose en sus labios. Pocas veces el joven llegaba a mostrar ese tipo de expresiones, pero la alegría y el alivio que sentía en esos instantes eran mayores que el recordatorio de la imagen que debía mantener.
Un escalofrío recorrió su espalda al escuchar su última confesión. Aquel último susurró de verdad había llegado a su corazón, y aunque el rubio sentía que le faltaba el aire, unas cuantas palabras se escaparon de sus labios. -- Si soy tu tesoro... entonces espero que me cuides bien, ¿sí? -- Sus brazos se elevaron, colocándose alrededor del cuello de Wescott. La reacción y pregunta del contrario habían sido algo inesperadas, pero el rubio solamente encontraba aquellas acciones sumamente lindas. La mirada de Luca se enterneció por completo, pues a pesar de todo, Wescott podía ser incluso mejor caballero que él. -- Sí puedes. Solo prométeme que este no será nuestro último beso. --
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La mirada de Erick se enterneció al notar la reacción del contrario, manteniendo una suave sonrisa se dibujo en sus labios. Adoraba como su novio podía lucir tan adorable, aunque eso era un pensamiento que tenía siempre presente. – No hay de que, Niko – contestó con serenidad. Una suave risa se escapó de sus labios al sentir ese besito, causando que el detective también tomara un pequeño beso, aunque ese fue robado de los labios de Niko. – Lindo. –
El rubor en las mejillas de Nikola no hizo más que aumentar, y es que la mezcla de las acciones y las palabras ajenas que eran cien por ciento dedicadas a él, hicieron que mariposas revolotearan en su estómago y que su corazón se derritiese. No podía evitar sentirse así cuando estaba junto a él.
– Oye, eso es trampa… – susurró bajito mientras se distraía arreglando un mechón rebelde de su cabello. – Bonito. – y sentenciando esas palabras, le devolvió aquel gesto depositando sus labios suavemente sobre los otros en un tibio besito lleno del amor que sentía por su novio.
-- Ah... ¿lo es? -- susurró despacio, procurando que el contrario le escuchara. Sus mejillas ahora mantenían un suave color rosa, pero no le importaba mostrarlo. Era inevitable que eso pasara después de todo, al igual que los fuertes latidos de su corazón que habían llegado a acelerarse. -- Trampa es que tú seas tan lindo -- contestó, dejando otro suave besito en sus labios, aunque este vino acompañado de dos más que llegaron a su mejilla. No le molestaría pasar todo el día dándole besos a Niko.
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La mirada de Erick se enterneció al notar la reacción del contrario, manteniendo una suave sonrisa se dibujo en sus labios. Adoraba como su novio podía lucir tan adorable, aunque eso era un pensamiento que tenía siempre presente. -- No hay de que, Niko -- contestó con serenidad. Una suave risa se escapó de sus labios al sentir ese besito, causando que el detective también tomara un pequeño beso, aunque ese fue robado de los labios de Niko. -- Lindo. --
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En un principio, no sabía por qué le había preguntado tal cosa al contrario. Quizá porque el estar juntos de esa forma lo hizo, casi inconcientemente, tomar entre sus dedos aquellas suaves hebras doradas que ya conocía muy bien; y es que pasó tanto tiempo junto a sus hermanas en aquel recóndito puerto donde se crió que sabía hacer distintos peinados. Quería intentar eso mismo con él… aunque no sabía si por nostalgia pura o porque quería hacerlo de verdad.
Que aceptara fue otra sorpresa para él, claro.
– Está bien. – comentó, casi surrurando mientras tomaba en sus dedos nuevamente las hebras ajenas. – Solo espero que te guste el resultado entonces. – y haciendo caso omiso a lo que su mente le decía, empezó su labor. Sus dedos se dirigeron a los costados de la cabeza contraria, y se entrelazaron en pequeñas tiras de cabello; estas tiras las fue entrelazando de a poco, haciendo al final dos pequeñas trenzas que caían detrás de las orejas ajenas. Al final, resultó ser algo simple… y bueno, era porque el cabello de Luca era tan dócil que podría incluso resistir a las tormenta más salvaje.
Luca no lo admitiría, pero le gustaba la atención que llegaba a darle Wescott en ocasiones, sobretodo por su cabello. Al principio no sabía bien como debía sentirse por ello, pero le causaba ternura las sutiles acciones del contrario. Además, estaba bastante orgulloso de su cabellera; él podía adaptarse a un estilo de vida de piratería, pero no lo haría su cabello.
Un ligero murmullo salio de sus labios, buscando asegurarle que podía proseguir. Luca tampoco conocía bien como debía expresarse en una situación como esa, pero tampoco pensaba que fuera incómodo. No, para nada. Ya habia pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien arregló su cabello con tanta dedicación... y aquello solo le traia buenos recuerdos.
Dos pequeñas trenzas ahora decoraban su imagen, y aunque al principio el rostro de Luca parecia confundido, una pequeña sonrisa iluminó su rostro. -- Mhh, buena elección, un inesperado estilo -- comentó, tomando una de las trenzas entre sus manos y jugando con el final de la misma. -- Es... lindo. ¿Crees que me queda bien? --
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– ¿De verdad? – sus ojos se iluminaron por un momento, olvidando por unos instantes la verdadera razón por la que quería conocer más el lugar. No había nada de malo en divertirse y conocer un poco más aquel reino, ¿cierto?
– ¡Muchísimas gracias! Estoy seguro de que así sera, sobre todo si es a tu lado… ¿Minnie? ¿Puedo llamarte así? – agregó sonriente, enternecido por las reacciones del contrario. – Solo espero no perderme. –
– Sí, de verdad. – Con un poco más de seguridad, Minsoo decidió ser más directo con el contrario aunque su estómago fuese un nido de nudos en este instante. Y todo debido a la presencia ajena.
– No tienes que agradecerme, yo- – se detuvo en seco en cuanto escuchó aquel adorable apodo que el contrario había usado con él. Si fuese cualquier otra persona, el príncipe no dudaría en considerar aquello una gravísima falta de respeto, pero si se trataba del chico que podía volverlo tan vulnerable… lo dejaría pasar. De hecho, aquel apodo lo hizo sonreír un poquito (mucho).
– P-Pues, si quieres… y no te perderás, Daehyun-ssi, estás conmigo, y conozco el jardín de rosas como la palma de mi mano. – si iban a jugar a quién ponía los apodos más adorables, Minsoo no tenía intención alguna de perder.
-- ¡Ah! ¡Excelente! -- contestó dando un ligero saltito de alegría. Daehyun apreciaba mucho la compañía del contrario, lo hacia sentir bastante seguro y adoraba la atención que recibía. Era completamente diferente a aquella ayuda que recibía en el castillo; se sentía más especial y el joven príncipe no podía evitar sentir que debía permanecer más tiempo a su lado.
-- Muchas gracias Minnie, no quería incomodarte -- una gran sonrisa se dibujo en sus labios. -- Además, mereces un apodo lindo por ayudarme tanto. ¿No crees? -- agregó, a la par que dejaba salir una ligera y nerviosa risa. No llevaban mucho tiempo de conocerse, pero Daehyun sentía que ya podía decirle cualquier cosa.
Sin embargo, una pequeña espina de culpa se clavó en su corazón al pensar lo que hacía. ¿No lo estaría molestando? ¿No se esta aprovechando demasiado de su bondad? Después de todo... aun tenía una labor que hacer. -- A-Ah, cierto yo... Lo siento, se que esta salida fue muy repentina y... me disculpo por tomar algo de tu tiempo. Seguramente estabas ocupado el día de hoy... --
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A pesar de que la respuesta contraria había hecho que su corazón se hundiese un poquito al principio, Wescott rió suavemente y lo volvió a sentir latir vigorosamente en cuanto sintió la mano ajena tomar la propia, y dedicándole una sonrisa, llevó aquellos delicados nudillos hacia sus labios para besarlos con suavidad mientras la mano que tenía libre sostenía cuidadosamente la cintura ajena para acercar al contrario más hacia sí.
— Eso debería decirlo yo, Luca. — confesó tímidamente mientras posaba su frente con la ajena en un suave movimiento. — Y no nos hace falta la música, el océano también produce dulces melodías, ¿sabes? — mencionó a la par que sus dedos se entrelazaban con los de la mano ajena. — Además, no es como si les cayera muy bien a la gente del puerto como para contratar músicos. — bromeó mientras una risita se le escapaba de los labios y daba un paso hacia adelante, esperando que el contrario lo siguiera para dar comienzo a lo que sería un baile bajo las estrellas.
Aquel beso en sus nudillos lo había tomado completamente por sorpresa, y el claro sonrojo en sus mejillas era la mayor prueba de ello. Luca ahora solo esperaba que la luz de la luna no lo delatara, y que tampoco lo hicieran los fuertes latidos en su corazón. Buscaba desviar su mirada, pues era mucho más sencillo que observarlo tan directo y que quedaran todas sus emociones al descubierto en frente él. Llevó su mano al hombro del contrario, acercándose aún más al contrario, mientras su frente se colocaba a la par del contrario.
— Yo… — ni siquiera estaba seguro de que decir, sobretodo por tener al otro tan cerca suyo. Sin embargo, aquella cercanía no le molestaba en absoluto. Aquel momento parecía ser algo íntimo entre los dos. Algo que no podían compartir con alguien más. — …Tienes toda la razón — comentó, mientras una risita nerviosa se escapaba de sus labios, buscando tranquilizarlo un poco. Su mano sostuvo la de Wescott con cuidado, entrelazando sus dedos despacio. No sería la primera vez que realizaba aquello, pero esta vez parecía ser diferente, más especial. — No necesitamos a los músicos. Esto… esto ya es perfecto, Wescott — agregó con una suave sonrisa, sin apartar sus ojos del otro. Al notar el primer paso de Wescott, Luca lo siguió con cautela, buscando acompañar su ritmo.
A pesar de que ambos llevaran viviendo mucho tiempo juntos, Wescott no podía evitar sentirse anonadado cada vez que observaba tan de cerca las facciones ajenas, y es que ¿comó no sentirse así cuando era tan… adorable? Aunque si lo pensaba mejor, esa palabra le quedaba muy pequeña al contrario, porque para el pirata, Luca era como esas constelaciones del firmamento que podían guiarte a tu hogar, y de cierta forma esta metáfora era cierta, ya que con él a su lado, no se sentía sólo, y que pertenecía finalmente a un lugar que lo acogiese con calidez.
La aterciopelada voz ajena hizo que momentáneamente saliera del trance en el que estaba, y con algo de esfuerzo trató de prestarle atención a lo que tenía que decir. — Heh, te lo dije. — rara vez Luca le daba la razón en algo, y de cierta forma recibir este tipo de halagos hacía que se sintiese mejor sobre sí mismo, pero por sobretodo, querido. — Exactamente, perfecto… — continuó, su mirada sin apartarse de la ajena mientras guiaba al contrario suave y lentamente con los pasos que daba. Bailar no se le daba muy bien, tenía que admitir, pero no le importaba hacerlo cuando esta actividad le traía momentos como estos.
Pero otra cosa que no se le daba bien, era soltar al aire palabras que yacían adormiladas en su mente. Era una traición de sus propias cuerdas vocales, pero esta vez no sintió que cometió un error al pronunciarlas claramente:
— Tú eres perfecto… — le susurró bajito mientras se detenía despacio y la mano que tenía posada en la cintura ajena subía hacia el rostro del rubio, posándose esta vez en una de sus mejillas para acariciarla suavemente. Su mirada, sorprendentemente, no se desvió. Sus ojos amaban observar los ajenos, que al ser como pequeñas estrellas, parecían haberse convertido en su constelación favorita.
Luca no era una persona que acostumbrara sonreír seguido. Su semblante solía ser bastante serio, evitando sonreír ante otras personas que parecían no merecer demasiado su atención. Sin embargo, con Wescott era diferente. Siempre fue diferente. Con el tiempo, el pirata se había convertido en una de las personas más cercanas a él, por no decir que él era quien mayormente le hacia sentirse seguro y feliz, algo que no había llegado a sentir en años.
E incluso si todavía podían llegar a tener desacuerdos y ligeras discusiones, aquello solamente lo hacía más entretenido y cercano. Todo era mejor a lado de Wescott.
Siguiendo sus pasos despacio, el joven solamente asintió al escucharle hablar, manteniendo una ligera sonrisa entre sus labios. Todavía habían muchas cosas que quería decirle al otro, pero prefirió callarlas, al menos de momento. Sus ojos permanecieron fijos hacia el contrario, disfrutando la presencia y la cercanía que solo podía compartir con él, manteniendo su ritmo. Era un silencio cómodo, pero aquel momento de paz se detuvo junto sus pasos.
Y aunque Luca se sintió confundido durante unos instantes, la voz y las cálidas acciones de Wescott solo ocasionaron que las mariposas que sentía volar en su estómago revolotearan más. En realidad, parecía ser que ahora se encontraba más confundido, pero su verdadero problema era la repentina timidez que ahora sentía por aquel comentario. -- N-No...No digas esas cosas... -- contestó en un susurro, apoyando su rostro un poco en la mano contraria. Y aunque una parte de él deseaba esconderse, otra parte deseaba quedarse. Deseaba poder observar el rostro de Wescott toda la noche y escucharle decir cualquier cosa, sobre todo si sus palabras seguían siendo tan suaves como ahora.
-- Estoy lejos de serlo -- replicó finalmente, dejando salir una pequeño suspiro. La mano que se posaba en el hombro del pirata subió hacia su propio rostro, colocándose encima de la de Wescott. Una pequeña risita se escapó de sus labios. -- Heh, quizás suene extraño, pero... Tu eres lo más perfecto que me ha pasado, ¿sabes? -- suspiró, dejando que su mirada ahora escapara de la figura contraria. A pesar de todo, seguía siendo bastante difícil ser honesto. -- ...Lo mejor que me ha pasado. --
corvittae:
cielestial:
@corvittae
– Entonces… ¿Esta vez sí podremos ir a ver esos bellos rosales cerca del castillo? Ya sabes, esos que siempre mencionas – sonrió, tuvo que aguantar el impulso de tomar el brazo del contrario y colgarse a este. – Por favooor, recuerdo que la última vez me lo prometiste. –
– E-Eh… – que el contrario le hablase con tanta confianza todavía lo descolocaba, y es que su corazón de manera tan extraña a su voz y su presencia que aún no podía entender del todo los sentimientos que sentía. Fue críado toda su vida para inspirar terror y no para… sentir esto. – S-Si… Si tu quieres, podemos dar un paseo. Te encantará…
-- ¿De verdad? -- sus ojos se iluminaron por un momento, olvidando por unos instantes la verdadera razón por la que quería conocer más el lugar. No había nada de malo en divertirse y conocer un poco más aquel reino, ¿cierto?
-- ¡Muchísimas gracias! Estoy seguro de que así sera, sobre todo si es a tu lado... ¿Minnie? ¿Puedo llamarte así? -- agregó sonriente, enternecido por las reacciones del contrario. -- Solo espero no perderme. --
@corvittae
-- Entonces... ¿Esta vez sí podremos ir a ver esos bellos rosales cerca del castillo? Ya sabes, esos que siempre mencionas -- sonrió, tuvo que aguantar el impulso de tomar el brazo del contrario y colgarse a este. -- Por favooor, recuerdo que la última vez me lo prometiste. --
corvittae:
cielestial:
– ¡S-Sí! Bueno… en realidad no. Es que iba caminando por el campamento y me tropecé… ¡Seguramente todos los vieron! Y… –
– Waaah – exclamó bajito, hundiendo su rostro en un uno de los brazos de Henry. Al menos estar a su lado le traía un poco de seguridad.
– Oooh… – entonces, no tenía que herir a nadie hoy. Que aburrido. Pero al menos la bailarina se encontraba fuera de peligro, algo importante para él, claro.
– Ya, ya. Estás bien ahora. – permitiendo que apoyase su cabeza en uno de sus brazos, Henry le dio pequeñas palmaditas sobre su cabello con la mano que le quedaba libre, tratando de calmarla. – Y si alguien se burla de ti, ¡sólo dime y yo me encargo, haha!
Olivia solo se mantuvo a su lado, dejando que el contrario la calmara con las pequeñas palmaditas, aunque sabía que aquello que le tranqulizaba más era estar a lado de Henry. Poco a poco, la pequeña bailarina comenzaba a sentirse más relajada.
-- ¡O-Oh! No creo que sea necesario, pero... -- contestó rápidamente, aunque no pudo evitar dibujar una sonrisa en sus labios, seguido de una pequeña risita que incluso la sorprendió a ella. -- Hehe, muchas gracias Henry, se que siempre puedo contar contigo. --
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@cielestial
– ¡Hola! ¿De casualidad estás perdido? Es raro encontrar gente en las profundidades de este bosque…
-- ¡Oh! ¡Bueeenas tardes! -- contestó animado, realizando una pequeña reverencia. -- Mhhh, pueees... ¿creo que sí? Hehe, recuerdo que seguí un olor delicioosoo... y solo llegué hasta aquí. ¡Pero por suerte te encontré a ti! Así que no estoy del todo perdido. --
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@corvittae
Hides in Henry. (???)
– A-Ah… ¡’Livia! – se sorprendió por la repentina e inesperada presencia a un lado suyo… pero, ¿por qué ella estaba asustada? ¿tendría que hacer sufrir a alguien por esto? Esperaba que sí.
– ¿Estás bieeen~? – la picó despacito con uno de sus dedos.
-- ¡S-Sí! Bueno... en realidad no. Es que iba caminando por el campamento y me tropecé... ¡Seguramente todos los vieron! Y... --
-- Waaah -- exclamó bajito, hundiendo su rostro en un uno de los brazos de Henry. Al menos estar a su lado le traía un poco de seguridad.
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– Mlem –
– NO
DABS.
@corvittae
-- Samekichi... ¿qué es ligma? --