Cambiaría todos los cuadros de Cristo por una fotografía.
Bernard Shaw
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@cigarrillos
Cambiaría todos los cuadros de Cristo por una fotografía.
Bernard Shaw
“Su trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creen es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen. Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando. No se detengan. Al igual que con los asuntos del corazón, sabrán cuando lo encuentren. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se detengan.”
Steve Jobs 1955-2011
Hoy escuché uno de esos cuentos que pasan a formar parte de la vida de uno. O al menos pasará a formar parte de la mía. Lo cuenta esta pediatra de Médicos Sin Fronteras. Para no olvidar. Nunca.
Va otro post con foto fija de cine con lluvia. Esta es de "Buscando finales felices", la vida de Estela de Carlotto, interpretada por Susú Pecoraro, que es la que aparece en la foto, sola bajo la lluvia, tras enterarse de palabras del cobarde Bignone que su hija "tuvo que ser desaparecida". Heavy. Próximamente en su cine favorito.
Casi, casi, Murakami.
Esta vez no pudo ser. Pero quizás le llegue el Nobel el año que viene. Aunque vuelva a estar el gran Dylan en la terna, a quien respeto mucho como músico, pero me parece que Haruki se lo merece como escritor de raza. Bueno, después de todo el premio es el Nobel de Literatura, che. Yo vengo diciendo que este muchacho nipón promete. Y cumple. Vote Murakami.
Y finalmente se fue, nomás. Va un pequeño homenaje al último moderno.
La cuna del marketing.
Gladiador, de Riddley Scott. Escena en la fosa, previa a la salida de Máximo a la arena a pelear a muerte. Próximo, su amo, no le habla de sangre, no lo incita a que protagonice una sangría humana. Ni siquiera le recuerda que se trata de la vida de él o de los otros. Que la lucha será salvaje y a muerte. Le dice, simplemente: "Haz que te amen".
Una peli hecha enteramente con un iPad2. Caramba. Interesante. Muy.
El hombre no escucha para comprender, escucha para contestar.
Creo que lo dijo A. Conan Doyle.
Una foto de la escena final de la película Viudas, en donde hice la foto fija. Y donde disfruté como un niño.
El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo.
Gabriel García Márquez
Ocho ventiladores. Una luz. Un corte de seda roja. Casi tres minutos de magia.
Vivía en una casa tan rara, que sus ventanas miraban sólo hacia adentro.
Me pregunto si un recuerdo es algo que tienes o algo que has perdido.
La otra mujer / Woody Allen
El chiste más gracioso del mundo. Una perla de los Monty Python, para morirse de risa, je.
El aplauso ausente.
Hace unos días estuve en la comunión de mi ahijada. No voy mucho a la iglesia, es más, suelo ir sólo en ocasiones y para ceremonias muy puntuales. Y debo decir que hay algo que, particularmente, siempre me gusta, aunque suene algo kitch: cuando cantan el Ave María. Uf! No sé bien por qué, pero es algo que siempre me gusta. Y el otro día se me dió por darme vuelta y mirar hacia arriba, bien alto, al lugar donde se ubica el coro de la iglesia. La que cantaba era una niña de unos 12 años, con anteojos, colitas y hasta diría que llevaba aparatos. Cómo cantaba esa niña, señores. Cuantas horas de ensayo, cuántos días memorizando la difícil letra en latín, cuantas bufandas gastadas cuidando esa frágil garganta, cuántos nervios la noche anterior casi sin dormir. Cuánto hubiese merecido y necesitado un aplauso esa criatura. Pero no, parece ser que la gente no aplaude en las iglesias. No sé. No sé si la religión no lo permite, pero parece que nadie lo hace. Quizás me equivoco, pero esa mañana fue así. Había que ver la cara de esa nena cuando terminó, la emoción dibujada en su sonrisa -quizás con aparatos, quizás no- Atras estaban sus compañeritos y compañeritas de coro. Pero ella estaba sola. Había que ver a la directora del coro dándole una tibia palmadita en su hombro y un abrazo amarrete. Uno puede decir, bueno, si cantase en la radio parroquial tampoco la aplaudirían. Sí, es cierto. Sólo que en la iglesia, esa mañana, la gente estaba ahí, abajo y adelante de ella. Y de espaldas. Haciendo silencio y, seguramente, pensando "que hermoso canta". Pero esa mañana, también, nadie aplaudió a la chica del Ave María. A ella le dedico hoy tres palabras que me hubiese gustado decir en ese momento, en voz alta, pero omití hacerlo, quizás para no incomodar a mi ahijada, quizás por simple cobardía. Esas tres palabras son, simplemente: -Fuerte ese aplauso!