Vivir en duelo es esto: nunca estar sola. Invisible pero patente de muchas formas, la presencia de los muertos nos acompaña en los minĂşsculos intersticios de los dĂas. Por sobre el hombro, a un lado de la voz, en el eco de cada paso. Arriba de las ventanas, en el filo del horizonte, entre las sombras de los árboles. Siempre están allá y siempre están aquĂ, con y adentro de nosotros, y afuera, envolviĂ©ndonos con su calidez, protegiĂ©ndonos de la intemperie. Éste es el trabajo del duelo: reconocer su presencia, decirle que sĂ a su presencia. Siempre hay otros ojos viendo lo que veo e imaginar ese otro ángulo, imaginar lo que unos sentidos que no son los mĂos podrĂan apreciar a travĂ©s de mis sentidos es, bien mirado, una definiciĂłn puntual del amor.
El duelo es el fin de la soledad.
Cristina Rivera Garza. El invencible verano de Liliana.














