Cuando te conoci, yo no sabĂa tu nombre, no sabĂa por quĂ© venĂas, me hacĂas sentir diferente, era algo que nunca habĂa sentido pero lo aceptĂ©, te aceptĂ©.
Te empecĂ© a conocer, lentamente. Pasaron los dĂas, las semanas, tĂș estabas a mi lado de repente, ibas y venĂas, ibas y venĂas. A veces, pasabas conmigo las noches en vela y a la mañana siguiente, al despertar, tĂș ya no estabas, mi cuerpo dolĂa, mi corazĂłn tambiĂ©n.
La gente empezĂł a notarlo, me veĂa diferente, tĂș me habĂas vuelto diferente, mĂĄs cerrada. Todos se empezaron a ir. Pero tĂș te quedaste. Debo admitir que mi autoestima empezĂł a dejarme, tambiĂ©n. Pero tĂș me visitabas mucho mĂĄs seguido, te habĂas enamorado de mi, yo sabĂa que por las noches llegarĂas, mi agitado corazĂłn me lo decĂa.Â
De repente, no solo llegabas en la noche, tambiĂ©n por las mañanas, en la escuela, mientras salĂa con amigos, de camino a casa, tĂș llegabas de sorpresa y me hacĂas dejar a un lado todos mis planes para estar contigo.
Gracias a ti sentĂ cosas que jamĂĄs habĂa sentido, la gente querĂa separarnos, pero nadie sabĂa como alejarme de ti. DespuĂ©s te volviste costumbre y ya todo lo que hacĂas, no me dolĂa, ya no sentĂa. Te marchabas por meses y justo cuando creĂa haberte superado, volvĂas. y la historia se repetĂa. Llorar era parte de mi rutina. TĂș eras mi Ășnica enfermedad.
Cuando ya no pude mås, a punto de explotar, me decidà a alejarme de ti, tomé pastillas para olvidarte, terapia para superarte, pero nunca te fuiste en realidad.
Hoy 5 años despuĂ©s, te pido que te vayas, ya, ÂĄde una vez! Que mi vida ya estĂĄ casi hecha y tĂș no encajas aquĂ, que ya no quiero mĂĄs noches en vela a tu lado, que temo volver completamente a tus brazos, a esas horas de dolor infinito, estrĂ©s y descontrol. Por favor, ansiedad, vete y dejame en paz.
Noviembre, 2015. Carta a la ansiedad.