Se acerco a ella con deseos de abrazar y acariciar suavemente, sentir su calor de hembra lo exitaba en demasia y tocar sus labios con los propios era un gozo indescriptible. La amaba, si !, era lo más precioso que le habia pasado en la vida y no deseaba otra cosa que tenerla y ser su señor y escalvo fiel, jurando amor eterno, era tras era.
Pero, siempre inevitablemente todo llega a su fin, y él estaba condenado a perderla. Fue aquella mañana fria de otoño, cuando volvio a su hogar, lo encontro vacío, ella se habia marchado. No dejo nada, una nota, un adios, nada, parecia que su mundo perfecto y feliz habia llegado a su fin, cómo llenar este vacío que dejo en mí, como olvidar todas esas noches de pasión, recordar su sonrisa cada mañana al despertar le partía el corazón y sólo pensaba en ella, sólo queria tenerla otra vez en sus brazos y tardo un tiempo en entender el porque de su adios: No era feliz a su lado. Tuvo que admitirlo, los hechos eran claros e irrefutables. El siempre fue frío y distante, no lo quería admitir, pero era así, aunque tuviera en si mismo, todo el amor del mundo para compartir, su lado griz, ensombrecía tarde o temprano todo, no podía cambiar, él lo sabia y sabía que su destino era quedarse solo. Esa realidad, lo atormentaba y era inutil oponerse. Por más que se motivara y disfrazara la realidad de fantasía y felicidad, alegría, optimismo y fé. No servía de nada, tarde o temprano el destino se cumplía. La rabia y la frustración, se apoderaban de él, sentimientos de abandono y soledad indescriptible, eran su compañia. Pero él, siempre se les oponía, no dejaba que lo derrumbaran, tales sentires y pensamientos. Él luchaba constantemente contra ellos, de sobreponerse, de salir adelante airoso. Porque sabia, que si no lo hacia, que si se dejaba vencer por eso, su mundo y vida llegaría a su fín.