—Me apena que, por primera vez en tu vida, ames de verdad a alguien y que no sea yo.
—No, no, no es amor —repitió, moviendo la cabeza—. Es más complicado, una enfermedad más bien, ya te he dicho. Me hace sentirme viva, útil, activa. Pero no feliz. Es como una posesión.
Travesuras de la niña mala
















