Como cuidar una relación de pareja
Es muy simple decir aquello de que “la relación de pareja se debe trabajar cada día para sostener la llama del amor encendida”. Mas, ¿y realizarlo? Este artículo trata sobre una de las claves para cuidar este complejo equipo de 2 miembros que es la pareja: acrecentar el intercambio de gratificaciones. Mas, ¿qué es lo que significa esto precisamente? Poner encima las cosas positivas sobre las negativas Si bien suene poco romántico, es vital comprender que en la relación de pareja se debe dar para percibir y a la inversa. O sea, jamás deben faltar las gratificaciones mutuas (no es preciso que sean simultáneas) y cada uno de ellos de los 2 miembros debe querer los sacrificios del otro. En caso contrario, la relación no va a durar o bien, si se sostiene, no va a ser nada satisfactoria. Existen muchas parejas armónicas que hacen esto de forma natural, sin pararse a meditar en que sus interactúes cada día están considerablemente más basadas en el intercambio de gratificaciones que en el castigo recíproco. Cuando charlamos de “valorar” nos referimos a premiar (fortalecer de forma positiva) al otro en el momento en que nos “da” algo que nos agrada, con el propósito de acrecentar estas conductas tan ventajosas para el buen funcionamiento de la pareja. Aquello de “dar sin percibir nada a cambio” suena realmente bonito mas, cuando lo que se recibe es un castigo (malas caras, pasotismo, desatención, desdén…) deja de tener su encanto. Lo inmejorable es que haya un equilibrio entre dar y percibir. A simple vista, está clarísimo y semeja algo normal y fácil. Mas, si tan fácil es, si tan de manera fácil se comprende que se debe valorar a la pareja a fin de que haya una implicación real en el buen funcionamiento de la relación, ¿cómo hay tantas personas que no se sienten valoradas por sus parejas?; ¿cómo otras no comprenden que su compañero se queje de que no se siente valorado, cuando piensan que hacen todo lo que resulta posible para satisfacerle? La contestación es clara: pues no se específica de forma explícita qué se espera del otro, qué conductas y actitudes se perciben como satisfactorias, qué comportamientos no se está presto a permitir y qué nos agradaría que se nos valorase y de qué manera. Todos estos aspectos quedan tácitos y, al no hablarlos claramente, se crean malos entendidos que poquito a poco van dando sitio a abundantes enfrentamientos, insatisfacción, inconvenientes de comunicación y protestas continuadas que van estropeando la relación interpersonal. En la próxima situación falsa, vamos a ver meridianamente la repercusión que los premios y castigos ejercitan sobre la relación de pareja: María, tras un día agobiante en el que ha estado ocupadísima (trabajando a media jornada en el laboratorio, encargándose de los pequeños y haciendo tareas del hogar) decide preparar una cena muy elaborada para darle una sorpresa a Lucas cuando llegue de noche. Para ella es un enorme esmero por el hecho de que está agotada, mas lo hace encantada aguardando que Lucas se lo valore (hacer la cena es la conducta de María, aquello que “le da” a Lucas, aguardando percibir un “premio”). No obstante, Lucas cena muy rápido, sin degustar el alimento ni apenas decir nada. María aguardaba que su compañero le valorara el ahínco, con unas palabras de reconocimiento como: “¡Esto está muy rico!” y con una actitud cariñosa, estímulos gratificantes que hubieran hecho que volviese a sacrificarse en hacer una buena comida dentro de poco y asimismo que hubiera más intercambio de aprecio. En vez de esto, las consecuencias de sus sacrificios han sido negativas, aversivas: en vez de un premio, ha recibido un castigo, lo que hace que deje de realizar buenas cenas. Además de esto, María ignora lo que le ocurre a Lucas en esta situación de interacción. Y es que resulta que Lucas, al llegar a casa agotado tras 12 horas de trabajo, ha hecho el ahínco de explicarle a su mujer lo mal que le ha ido el día, confiando en ella y su criterio y aguardando que le mostrara empatía, le escuchase y preguntara detalles sobre sus inconvenientes laborales. No obstante, en vez de eso, María se ha apurado presionándolo a fin de que se sentasen a la mesa a cenar, haciéndole ni caso (la conducta de Lucas de charlar a María sobre el trabajo no ha sido premiada, al revés, ha sido castigada). Al comenzar a comer, María ha visto como el rostro de Lucas iba mudando (se siente molesto) y ha continuado muda ( asimismo está contrariada, puesto que recordemos que asimismo ha recibido el castigo de Lucas, que come veloz y no le valora la cena). Lucas se ha limitado a comer cabizbajo y sin ganas de nada… igual que María. Al día después Lucas asimismo llega a casa con ganas de charlar de sus inconvenientes laborales con María mas decide, dado el chasco de la noche precedente, no explicarle nada. María no tiene ganas de cocinar nada ni espera ninguna muestra de cariño de su marido. La comunicación, puesto que, reduce. Ninguno de los 2 se da cuenta de lo ocurrido, puesto que toda la situación se ha basado en intereses tácitos que no se han expresado de forma clara y específica. El día precedente, Lucas deseaba que María lo escuchara con interés mas, cuando María le solicitó tan veloz que se sentasen a cenar, no fue capaz de decirle asertivamente: “María, necesito charlar contigo de lo que me ha ocurrido en el trabajo largo y tendido ya antes de cenar. Me agradaría que me escuchases, puesto que para mí es esencial tu opinión. ¿Te va bien?”. María, por su lado, deseaba que Lucas valorase su esmero por haber hecho una buena cena, mas tampoco fue capaz de preguntarle a Lucas: “¿Te agrada? He preparado este plato muy ilusionada, pese a lo fatigada que estaba, por el hecho de que sé que es uno de tus preferidos”. La consecuencia de estos deseos tácitos que, así como muchos otros, quedaron coartados es que, día a día, van reduciendo los sacrificios para agradar al otro, de forma que el tópico de “dar para recibir” se transforma en un “no dar y, en consecuencia, no recibir” recíproco que va agriando la relación. ¿Qué hacer para acrecentar el intercambio de gratificaciones? Ciertos de vosotros podéis meditar que no es tan simple, puesto que no sabéis precisamente qué vuestro compañero sentimental espera percibir, puesto que a menudo se dan situaciones equívocas que llevan a malos entendidos. Y es que, en el cada día, se hace complicado reconocer los sacrificios de la pareja y descubrir de qué manera valorarlos. Para fortalecer el intercambio recíproco de gratificaciones y, por ende, acrecentar aquellas conductas que favorecen la relación haciendo que aumente la satisfacción y el bienestar subjetivo de cada miembro, es conveniente: Valorar lo que el otro nos da y, por consiguiente, aporta a la relación. No aguardes la perfección y aprecia los pequeños detalles y progresos. Pongamos que comenzáis la convivencia y acordáis que los 2, con el tiempo, vais a saber hacer de todo. Tu compañera decide colgar los bellos cuadros que adornarán la casa, expresando que es su primera vez y que lo va a procurar. Si en su primer intento de perforar la pared, en vez de un agujero hace un agujerazo, no le castigues con un: “Todo lo que tocas lo estropeas… ¡Trae, ya lo hago !”. Es mejor valorar que lo ha hecho y enseñar confianza: “¡Has conseguido hacer el orificio! ¡A ver cómo te sale el segundo!”. Ser explícitos y no ir con rodeos ni insinuaciones cuando no nos agrada algún comportamiento que daña la relación. Pongamos que estás disgustada con tu compañero pues estimas que dedica más tiempo a cultivar su cuerpo en el gimnasio que al cuidado de los pequeños. Tú dedicas muchas horas y sientes que esta situación es injusta. En vez de decírselo, decides ponerle morros con descaro y, toda vez que llega del gimnasio, contestar “nada” a su pregunta: ¿te pasa algo?, o bien “no” a su pregunta: “¿estás enojada?”. No obstante, si lo piensas pausadamente, no puedes pretender que te insista, adivine tu pensamiento, cambie su comportamiento y satisfaga tus deseos sin explicarle de qué forma te sientes, el motivo y de qué manera te agradaría que actuara. Si no sóis claros, no podréis negociar nada, no podréis examinar de qué forma deberíais actuar los 2 para lograr un buen funcionamiento de pareja. Se trata, sencillamente de ser afirmativos y expresar lo que sentís y pensáis respetando al otro y también procurando llegar a un acuerdo. En este sentido, es esencial negociar y llegar a un comprensión, eludiendo las imposiciones. Si te terminas de dar cuenta que recientemente solo recibes de tu pareja al paso que no das nada, no la valoras, etcétera, procura mudar el chip pues la relación se marcha a resentir… si aún no lo está. No es cuestión de dejar tus intereses de lado, sino más bien de valorar atentamente qué es aquello que le agrada a tu pareja en la relación. Si te cuesta hallarlo, piensa en el pasado: ¿le agradan los abrazos y, si bien a ti asimismo te agradan, has dejado de dárselos?; ¿le agradaba que le preparases alguna sorpresa para su aniversario y lo has dejado de hacer?…












