La piedra en el estanque
En la colina de los recuerdos amargamente guardados, yace las cartas que escribí en desvela en mi cabeza, pero que nunca envié. Hay un sin fin de fotos de momentos que encuadré y diálogos en pié de página que a mi mal pasar, se encuentran con absoluto apremio en mi memoria.
He me ahí, arriba en la cima, quizás como una gran señora recolectora de vida, que en su extraño pasar, jamás pidió estar a tal altura, ni consigo a cuestas el miedo fortuito de saber que los pies le cuelgan demasiado lejos del suelo, el que a penas puede con tanto peso.
El peso no se tiene en suelo, esta como incrustado en mi columna, en cada vertebra, en cada nervio que pareciera que está encima de los antiguos montículos de tierra que conforman mi propia figura. Es por eso que con cuidado y temor, procuro que nadie escale, porque no sé que tipo de dolor y derrumbe me espera en tales parajes inhóspitos, que suenan lejanos pero que calan cada hueso próximo de mi propio mundo.
Reviso de nuevo, ahí estás. El día de lluvia, la invitación tímida y abrupta, mi inocencia febril de joven ingenua, expectante a que la vida le enviara una señal para empezar de nuevo, incluso a pesar de seguir limpiando escombros del desastre natural anterior.
Llegué a la hora, llegué en paraguas, maquillada, pero con pleno sol de verano en el corazón. Tu apurado mirando entre la gente, tratando de divisar mi cara en la multitud cerca del amplio paradero.
Así empezó mi último hilo, ahí empezó...
Lo trataste de cortar como nada semanas después, mi orgullo por supuesto simuló un par de tijeras y una sonrisa mal lograda que te dejaba en claro que todo estaba bien, que nada importaba.
Primera erupción después de mucho tiempo. Noche joven sola en mi cuarto y se dispararon los demonios de mi boca por tratar de guardarlos, por haberme cosido los labios de la más pésima manera. Entonces exploté, te quemé, nos quemamos y después el aguacero, la voz quebrada, la desesperanza y la provocación de culpa.
Empezó en lluvia. Terminó en lluvia.
“Viví mucho tiempo en una burbuja tóxica que incluso me salvaba de estas catástrofes que jamás viví”. Pensé.
Pero te dije: Esto es como una taza de té derramada sobre la mesa y nada más.
La gran mentira.



















