well i was making an amimatic about lams but now… i don’t know if i can finish it :’’’v help me
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@cosima-lumperica
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Unraveling
sometimes its bad to lose yourself, and sometimes its a necessary step towards coming to a better future…
@daga.creations.page como siempre tu trabajo es maravilloso. Esmaltes de gel uv. <3 <3 Tiene gotitas de rocío!!!!! Ahhh!
#valparaiso
John you know you shouldn’t stay up that late only Alex can do this I actually wanted to wait until tomorrow with posting it but,, :’)
Jugando en modo manual, con los isos y otras cosas casi olvidadas #valparaiso #atardecer
Cuando las papas te seducen "tú y yo" <3 amor al mercado de av. Argentina ...
Autorretrato II posmo que nadie entiende ... Ni yo
Tratando de poner en práctica lo aprendido de fotografía nocturna y fallando miserablemente. Balance de blancos, sin filtros... :'(
Balance de blancos, sin filtros, celular. @l0reel0raa te amo! No está tan bkn, pero espero te guste. Valpo...entre av. Argentina y mis decisiones ..
She used to be mine...
Kórus Spontánusz Bakai Márton (hegedű) Pável Norbert (PANArt Hang) Vezényel: KOCSIS-HOLPER ZOLTÁN Ének-ZENe - HANGverseny a Kórus Spontánusszal Evangélikus t...
Autores que escuché cuando tomaba clases de Cello: Guido D’Arezzo.
Inventor de notas musicales y partitura.
Entre sus fronteras y el Bosque de los olvidos.
Bueno, he comenzado a escribir en mi blog, pero decidí mantener tumblr, y esta fue la primera entrada:
Mi encuentro con Violette Leduc
Conocí a Violette Leduc en Valparaíso, un día que no recuerdo, pero que dicto como invernal porque todas las cosas maravillosas me pasan en invierno. Me veo. Fue en uno de esos paseos desesperados que comenzaban en la Aduana y terminaban en Av. Argentina con el camino cortado, la mirada perdida y, si tenía suerte, con la esperanza de un déjà vu para el día siguiente. Fue un tiempo donde no había gimnasio en la Universidad, y los electivos eran con inscripción previa y limitada, así que caminar era lo único que solía calmar el estrés de mi trabajo a medio tiempo y los estudios en una carrera que soportaba con la ilusión de otro comienzo académico, un futuro diferente y que, finalmente, nunca sucedería, pero esa es otra historia.
Volviendo a Leduc, no voy a mentir diciendo que había oído su nombre antes o que compré su libro como una forma de comprender la literatura francesa de los ’70. No tenía idea. La Bastarda (1977) estaba ahí, en un cajón desecho en Mar de Libros, con un millón de otros esperando no morir en el olvido. Me costó dos mil pesos, un pequeño tesoro monetario en tiempos de sequía, una miseria. No sé por qué lo compré, pero lo hice, y fue el comienzo de un amor tortuoso y maravilloso.
Ahora, tres años después, tres años de ser leída, adorada, pasada y reparada; me imagino qué hubiese hecho Violette al ver su obra, su vida en las condiciones en que la encontré. Cómo se hubiese horrorizado con las siniestras, sucias y resquebradizas hojas amarillentas, con la portada rota en un descolorido entretono de rojizo y azul, con su biografía categorizada en una patética y triste imitación de libro de tercera, junto a otra decena en los que me había sumergido antes de encontrarla. Para los que hemos visto la interpretación de Emmnauelle Devos como Leduc, debe aparecernos enseguida la escena de la librería, con toda esa rabia de no verse a la vista, de saberse olvidada: “¡¿Acaso cree que Violette Leduc no tiene amigos?, tiene muchos amigos que la defiendan!”.
Violette Leduc fue una bomba y, literalmente, un meteorito sobre mi cabeza, no solo por la profundidad de su obra, sino que también por la poesía de su narrativa. De todos, La Bastarda fue la única de sus obras que no pude leer de corrido, así que tarde dos años en que leía y releía cada párrafo y línea. Es uno de esos libros que consideraba tenía que comenzar y terminar sentada sin ninguna distracción, cosa difícil en estos tiempos tecnológicos. Su lectura, por otro lado, coincidió con el momento que comencé a rayar los libros como una especie de comunicación con otros lectores: pasaje que me gustaba lo subrayaba, pasaje que me llegaba y me inspiraba tenía una continuación de mi puño y letra, párrafo que me hacía cuestionar mi relación con el mundo y las personas a mi alrededor tenía una reflexión con azul, negro o mina.
Lo admito. Me obsesioné con ella y su narrativa, busqué en las librerías sus otras publicaciones, revolví cajones de libros a mil por Valparaíso, imprimí y anillé. Me convertí en una especie de groupie. (¿Cómo se hubiese sentido Violette si lo supiera?) Aún hoy trato de encontrar los cortos que escribió en la Editorial Plon.
Pero ¿cómo no caer? Sus libros son intrépidos, poéticos, profundos; la representación del ser humano encontrándose a través de la escritura. Violette Leduc me inspira, toda ella, incluso los “a pesar de…”. Sus obras me tragan, regurgitan y vomitan. Me empujan a querer escribir sobre mi vida y realizar el mismo ejercicio desesperado de buscar la salvación, el conocimiento y la oportunidad.
Es que Leduc habla de todo lo que no tenía que, y lo hace con soltura y estética, como si escribiera porno alternativo, hard-sof, una dicotomía. Escribe de la sexualidad como nadie en su momento, del aborto, del contrabando, de las pasiones desgarradoras y de su bisexualidad. Relata por medio de la poesía y la narrativa sus encuentros amorosos, y con un especial énfasis cuando comparte cama con Isabel en el internado, cuando descubren su sexualidad en la oscuridad y la adoración. El sexo como una necesidad de la pasión y el amor, de diversión y descubrimiento. Ella amó con desesperación, y fue esa misma pasión la que hastió a sus amantes, amigos o conocidos: “convertía en verdugos a los que amaba”. Los torturó. Y ellos a ella de alguna u otra manera en su imaginario, ahí, en su mente, todos la despreciaban, y ella culpaba por ello al destino y a su fealdad.
Leduc se creía un monstruo: demasiado fea, demasiado narigona, demasiado brusca; se consideraba condenada a la soledad y al martirio por esta condición que combatía violentamente. Fue la percepción desmedida de fealdad lo que la llevó a actuar con la excentricidad por la que fue conocida. La prensa y los críticos de la época rescataron toda su esencia estrambótica y la convirtieron en motivo de burla. Pero Leduc no se disminuyó por ello, sino que se abrió paso entre los círculos de intelectuales y escritores, algunos incluso admitiendo que la envidiaban. La fealdad le dio libertad para enfrentarse al mundo de la única forma que supo hacerlo: con anhelo e insatisfacción.
Violette cambió la forma en que las mujeres se relacionaban con la sexualidad, la vida y la literatura. En sus textos consideró la escritura su única salvación, y a los objetos los representantes de quienes amaba, sus testigos y compañía, sus cómplices y verdugos, como todo lo que rodeaba su vida.
Hoy, encontrar su obra solo es posible de la misma manera en que yo la encontré. Entre un montón de libros mal cuidados, olvidada, con frases escritas, rayada; encontrada por alguien más y abandonada. Parece casi una ironía.
Violette Leduc merece ser leída. Su temeridad con las palabras abre espacios para cuestionarnos las formas de convivencia de las mujeres con el mundo y la literatura. Su narrativa nos abre puertas y cierra caminos, hay que adaptarnos para cruzar a su realidad: hay que beberla y comerla para entrar en su universo.
Esta primera entrada pretendía ser una reseña literaria de La bastarda (1977) y, aunque, se desvió de su función original y terminé presentando la vida de Leduc y mi relación con su narrativa, la dejaré en la misma categoría.
Mi primer tema, por lo tanto, es: Violette Leduc. Gran parte de lo que escriba o haga en este blog durante un tiempo estará inspirado en su obra y su vida.
Espero poder hacerle justicia.
¡Nos leemos!
Que la vida sea absurda no significa que debamos vivir en la apatía misma. Aunque nademos en un océano de preguntas sin respuestas, no hemos de rendirnos ante la vida, debemos enfrentarla dentro de todas sus incomprensibilidad
Tesoro de día domingo <3
Existe una opinión muy generalizada según la cual la matemática es la ciencia más difícil cuando en realidad es la más simple de todas. La causa de esta paradoja reside en el hecho de que, precisamente por su simplicidad, los razonamientos matemáticos equivocados quedan a la vista. En una cuestión de política o arte, hay tantos factores en juego y tantos desconocidos o inaparentes, que es muy difícil distinguir lo verdadero de lo falso. El resultado es que cualquier tonto se cree en condiciones de discutir sobre política y arte- y en verdad lo hace- mientras que mira la matemática desde una respetuosa distancia
Sabato
Morir es malo; los dioses en efecto, así lo juzgan, pues si no, morirían
Safo de Lesbos