Los vínculos invisibles
El reloj marca las 12:30 am la hora exacta en la que debería estar dormida, sin esperarlo un pensamiento de esos que te taladran la cabeza se asoma por el borde de la cama y me hace pararme a escribir.
Cuando conocí a “Pepe el toro” todo ocurrió como si algún guionista cine de la época de oro lo hubiera escrito (desde luego Pepe el toro es un nombre clave, él no es una ciudad) era un hombre alto, corpulento, de pelo negro azabache, una mirada de odio fulminante que cuando me miraba a mi se tornaba en absoluta ternura, unas manos grandes, unos labios firmes y una pasión desbordada, todo eso envuelto en una camisa a cuadros, botas y unos jeans holgados.
Me conquisto como en las películas en blanco y negro, me trataba con indiferencia pública pero buscaba espacios en donde pudiera acorralarme con su mirada, el primer beso lo robó, reaccionaba con autoridad a mis desplantes y terminaba apaciguándolos con un beso intenso, me dominó, tal vez era la forma en la que cedía a todo lo que yo quería, cuando yo quería, tal vez era la forma en la que me hacia sentir, protegida, respaldada, cuidada, complacida.
Si para este punto ya se enamoraron de él también es mi responsabilidad decirles que todo eso tuvo un precio, algunos otros ya se dieron cuenta que la descripción grita “DADDY ISSUES” a todo volumen (pero de esos no hablaremos todavía) el precio fue caro y lo pague a muchos meses con intereses (emocionalmente).
Tuvimos una relación muy pasional, intensa, íbamos a 200 km/hr, todo el tiempo me trató como si fuera inmaculada, yo era “Psique” y él Canova* esculpiéndome nadie podía tocarme, nadie podía verme, nadie lo merecía, solo él (ahí se empieza a poner raro ¿no?).
Yo antes de él reía escandalosamente, lideraba escapes universitarios, iba a todas las fiestas, hablaba sin miedo a fallar hasta que con la llegada de “Pepe el toro” a mi vida empecé a ceder, apenas sentía que iba a expresar algo me hacía “la mirada” y yo me neutralizaba, obedecía ordenes que nunca expresó, solo eran miradas de control.
Ahora que conocen a “Pepe el toro” les voy a contar sobre nuestro vínculo invisible, durante nuestra relación pasaban muchas cosas en mi vida, Youtube explotó y yo estaba ahí, dos semestres más y me graduaba, antes de nuestra relación le había dicho adiós a quién por muchos años creí el amor de mi vida, mi abuelo estaba muy enfermo, mi familia estaba devastada, mi relación con mi padre era invisible, en fin, el escenario para el caos estaba puesto.
Cuando creí que nada se podía poner peor, se puso peor, “Pepe el toro” y yo estábamos besándonos intensamente en el sillón de mi casa cuando escuché que todo se movió muy rápido, sillas arrastrándose en la planta alta de mi casa, gente corriendo, gritos y entonces mi corazón se detuvo, gire la mirada, mis tías traían arrastrando en hombros a mi abuelo, bajaban la escalera, sus caras eran de completa angustia y la de mi abuelo de agonía, mi mamá salió corriendo para encender el auto, todo ocurrió en segundos que para mi fueron eternos, fue la última vez que vi a mi abuelo caminando y no pude besarlo, no pude abrazarlo, lo subieron rápido al auto y se fueron al hospital, nunca regreso igual a casa.
Mi vida no fue la misma, pero ahí estaba “Pepe el toro” para abrazarme, para contemplarme, para encerrarme en el único lugar en donde me sentía segura, sus brazos, abstraída de mi realidad, los meses siguientes fueron los más duros mi abuelo regresó a casa a “bien morir”, nunca se volvió a parar de la cama, nunca más me volvió a decir “mija” nunca más olí el cigarro que fumaba todas las tardes sentado en su auto mientras leía el periódico, estaba en una cama, sin poder hablar, abriendo sus ojos mucho mucho para que pudiéramos intercambiar emociones de alguna forma, aferrado a quedarse, pero un día simplemente se cansó de luchar, el día más oscuro de mi existencia sin lugar a dudas, “Pepe el toro” estuvo ese día aquí y todos los que siguieron.
Yo no era yo, mi abuelo ya no estaba y yo no quería estar tampoco, no quería a nadie cerca, solo a mi familia y a “Pepe el toro”, no volví a ver a nadie en un rato, solo estaba con él, tiempo después permití que mis amigos me buscaran y vino la “intervención” me di cuenta de que le cedí por completo el control sobre mi, las personas que me quieren se cansaron de mi estado autómata, faltando a las fiestas de cumpleaños, ausente, endiosada con la falsa adoración y me sacudieron tan fuerte que empece a ver más claro y pude correr lejos de ahí, ahora con dos duelos que sanar.
Nada nada fue sencillo, pasaron muchos años y yo no podía olvidar a “Pepe el toro”, siempre que volteaba al pasado estaba segura que él y yo íbamos a estar unidos para siempre por el vínculo invisible que compartíamos, porque estuvo en el momento más oscuro de mi vida, mi modo de entender las relaciones después de él me llevo al fracaso una y otra vez, fui yo quien lo colocó ahora en un pedestal inmaculado, me llamaba cada aniversario luctuoso de mi abuelo para asegurarse de que estaba bien, seguí un poco su vida a través de los amigos en común, conocí a todas sus novias por fotos, cada tanto buscaba una excusa para hablarle y cuando eso pasaba nos envolvíamos en nuestro amor, nos imaginábamos una vida juntos, nos moríamos de ganas de comernos a besos, considere muchas veces acabar con lo que había construido para volver a sus brazos, a su protección, de pronto, fui a terapia por primera vez.
¡Ay la terapia! Después de varias sesiones logré reconocer que el pedestal inmaculado en el que lo puse estaba tan alto que nadie jamás lo iba a alcanzar y siempre iba a ser un fantasma que me acecharía en cualquier relación futura, también pude reconocer que llene de significados románticos acciones que eran violencia, pero sin duda el aprendizaje más grande de la terapia fue que entendí que él tuvo “la suerte” de estar conmigo en ese preciso momento de oscuridad, no lo eligió, pasó, pudo ser él o cualquier otro y que el vínculo invisible era en realidad una barrera que yo romanticé y que no me dejaba seguir.
Claro que agradezco su compañía en ese momento, en la vida he aprendido a ser todo menos malagradecida, ese momento en el que estuvo, que era mío y de mi familia se va a quedar en mi mente para siempre, pero el significado que yo le di a su persona en mi historia no, él ya no está en un pedestal, las llamadas en el aniversario luctuoso dejaron de llegar después de que deje de contestarlas, luego trato de llamarme en mis cumpleaños pero tampoco conteste, hoy está en el pasado.
A veces es cuestión de tiempo darnos cuenta de lo importante que es mirar para adentro, entender como llenamos de significados cosas que son hechos, descubrir que soltar es necesario, otras decidimos no hacerlo, pero lo que es real, es que en el autoconocimiento siempre vamos a encontrar las respuestas porque sin importar nada, nadie más que nosotros mismos somos responsables de avanzar.
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