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@deaddarkluna
Espero que mi ausencia te de la paz y felicidad que mi presencia no pudo darte.
Te siguen esperando las cosas cotidianas que tú y yo hacíamos antes, te siguen añorado y te extrañan igual que yo.
Me pregunto; ¿ en que momento vas a volver para darle el sentido original y amoroso que tenía el hacer todo esto? No lo sé, pero ojalá no sea tanto tiempo como para cansarme y olvidar lo que nos unió.
Te sigo esperando, mi amor.
Leregi Renga
Lo hice te dejé, la fuerza de mis manos se agotaba y te solté…
El amor que he sentido por ti, nunca, nunca antes lo han sentido por mi…
Aún no olvido tus momentos, por más pequeños y pocos que hayan sido.
Sigo con él aunque ya dejé de planear un futuro juntos, aunque ya no le hago cartas, aunque ya no me pongo triste si no hablamos, aunque ya no me importa con quien quiera pasar sus fines, aunque ya no quiero ver series largas con él, aunque ya no importa si no pone límites a quienes sobrepasan los míos...
Pero sigo con él en mi imaginación.
Me siento extraña, creo que una parte de mí está muriendo.
Ni ganas de llorar, ni de pensar.
No siento nada mi corazón se cerró.
No quiero que te enamores de mí, porque te vas a desenamorar muchas veces. Quiero que me elijas, pese a las diferencias, a las discusiones, a los problemas y a todo lo que nos pueda costar. El enamoramiento es algo pasajero, en algún momento termina, porque a veces el enamoramiento es idealización, el amor es elegir desde el corazón. Y quiero que me elijas no solo por lo que ves, sino por lo que sabes que se puede construir. Que elijas mi alma, mi espíritu, así como yo elijo el tuyo.
Así que, no te enamores de mí.
La terapia y las pastillas ya no son suficientes, matenme o borrenme la memoria.
Carta de despedida D
Perdóname si quiero abrazarte en las noches, si deseo, a pesar de todo, rozar tu piel con las puntas de mis dedos, sentir la calidez de tu aliento y escuchar el susurro de tu corazón, aunque sé que esos latidos no me pertenecen. Perdóname por esta necesidad insaciable de tenerte cerca, aunque sea en silencio, aunque sea sin palabras, solo para saber que estás ahí, que aún existes en mi mundo, que no eres un sueño que se desvanecerá al amanecer.
Sé que debo irme, que en tus ojos no hay un rincón para mí, que mi amor es un reflejo que no alcanza a tocarte. Pero me duele soltarte, me duele como nunca imaginé que dolería. Intento convencerme de que debo dejarte libre, de que mis manos ya no deben buscar las tuyas, pero todo en mí se resiste, como si el simple acto de abrir los dedos fuera arrancarme a mí misma de mi lugar de paz.
Quisiera tener la fortaleza de fingir que puedo dar la vuelta y no volver la vista atrás, pero cada paso lejos de ti es una herida que no cesa. Me siento rota, incompleta, como si al dejarte ir estuviera dejando ir la única razón que mantenía mi espíritu en calma, mi vida llena de sentido. Y es que amarte se ha convertido en la única forma que conozco de vivir, aunque sé que ese amor se consume solo, como una llama que arde en un cuarto oscuro, sin nadie más para sentir su calor.
Perdóname, entonces, si me quedo un poco más de lo que debería, si mis ojos buscan los tuyos una vez más, si mis manos intentan aferrarse a lo que ya sé que no es mío. Porque aunque sé que debo irme, aunque sé que tú no me amas, dejarte ir es arrancarme el último suspiro de esperanza que me queda, el último vestigio de un sueño que jamás se cumplirá..
Lo amo, y es un dolor que me atraviesa cada vez que me pide que no lo toque, que me aleje, que no lo busque con esta pasión que no puedo evitar. Me dice que no me ama, que no hay lugar en su vida para lo que le ofrezco, y siento cómo esas palabras, tan firmes y frías, se clavan en mí como un puñal, negando algo que mi cuerpo aún grita como verdad. Es como si cada vez que me rechaza estuviera pronunciando una mentira, una contradicción amarga que duele más porque sé que para él es real.
Pero en mí, su nombre es un susurro que se cuela en cada rincón de mi ser, y por más que lo intente, no puedo apartarlo de mis pensamientos. Mi cuerpo, que una vez fue suyo, que se entregó sin miedo y sin reservas, sigue respondiendo a su recuerdo, sigue latiendo al compás de lo que fue y de lo que nunca podrá ser. No puedo evitar sentir que, en algún rincón del tiempo, sus manos también sintieron lo mismo, que su piel alguna vez respondió a la mía con una sinceridad que no pudo ser solo un espejismo.
A veces me pregunto cómo puede negarlo tan fácil, cómo puede decirme con palabras frías lo que su mirada alguna vez me gritó en silencio. Y me duele, como si cada rechazo suyo rompiera algo en mí, una verdad que llevo tan dentro que desarmarla sería desarmarme a mí misma. Porque aunque me diga que no me ama, aunque su boca lo niegue y sus manos me alejen, todo mi ser sigue siendo tan suyo… y tan suyo que a veces temo que ya no me quede nada de mí para recoger, si algún día decide volver su mirada en mi dirección. Yo te estaré esperando.
Si le pudiera pedir una cosa al mundo, a Dios, a ti, sería quédate. No te vayas todavía. Mi cuerpo te espera, siempre te ha esperado y siempre lo hará. Porque desde el primer instante en que fuiste parte de mí, entendí que todo en mí te pertenece, que mi esencia fue hecha para verte, para sentirte, para buscarte aun en los días más oscuros. Siempre seré tuya, incluso cuando tú mismo no te des cuenta. Aun cuando el tiempo pase y las distancias se abran, aquí estaré, lista para recibirte una y otra vez, como si nunca me hubiera ido de tus brazos.
Estoy dispuesta a negociar, a buscar la manera de hacer las cosas bien. Estoy aquí para hablar, para encontrar puntos en común, para ceder si es necesario, con tal de que no te pierda. Porque, honestamente, no miro mi vida sin ti; no puedo concebir un mundo en el que tus manos no busquen las mías, en el que tus ojos no se crucen con los míos, aunque sea de vez en cuando. Me he esforzado tanto, tanto, por ser alguien que valga la pena, por mostrarte que siempre estuve aquí, dándolo todo, entregándote lo mejor de mí en cada pequeño gesto, en cada sacrificio.
Nunca fui mala mujer, nunca quise más que construir algo hermoso contigo, algo que pudiéramos mirar con orgullo y sentir que era nuestro. Luché cada día, esperando que algún día te dieras cuenta de que aquí había un amor verdadero, una entrega sin condiciones, un deseo sincero de que encontraras en mí la paz, el hogar, la confianza.
Solo quiero que lo sepas, que mi vida te pertenece, que si decides quedarte, no haré otra cosa más que seguir entregándote lo mejor de mí. Porque siempre he sabido que valgo la pena, pero siempre he deseado que tú también lo veas.
Si tan solo te hubieses dado cuenta de todo lo que dejé atrás por ti, de las decisiones que tomé solo para que pudiéramos estar bien. Salí de mi casa, de mi refugio, y me lancé a una ciudad desconocida, a un lugar que no era mío, solo para encontrar una manera de ser completamente tuya, para demostrarte que no había nada más importante que nosotros.
Puse en juego mi salud, mi paz, todo lo que era mi vida antes de ti, solo para construir algo juntos. No había sacrificio que no estuviera dispuesta a hacer; cada día trataba de ser mejor, de darte lo mejor, de poner hasta mi última gota de energía en algo que, para mí, lo valía todo.
Y aun así, no fui suficiente. A pesar de haberlo dado todo, de haber dejado mi mundo atrás, sigo sin alcanzar ese lugar en tu vida que soñé tener. Es un dolor profundo saber que, incluso después de entregar cada pedazo de mí, todavía no soy lo que buscas. Me pesa este amor, y me duele reconocer que, a pesar de cada sacrificio, no logré ser suficiente para ti.
D, siempre será "Mi papi" de Cecilia para mí, esa figura irremplazable que, sin importar el tiempo o la distancia, llevará consigo ese nombre tan lleno de cariño y significado...
Perdóname por cada error, por cada palabra, cada acto que te hizo alejarte de mí, por todo lo que hice mal y que, sin darme cuenta, fue apagando el amor que alguna vez sentiste por mí. Me duele saber que en algún momento fuimos todo el uno para el otro, que tu amor llenaba cada rincón de mi vida, y que, de un tiempo acá, algo se rompió, algo cambió.
Han pasado siete meses, y siento que el eco de esos días aún resuena en mí, recordándome lo que solíamos ser, la manera en que me mirabas, la seguridad de que estábamos juntos y que nada nos podía separar. Ahora, solo queda la tristeza de saber que quizá fui yo quien hizo que te apartaras, que me quedara sola con el peso de lo que un día compartimos. Perdóname, si aún queda algo en ti que pueda escuchar este lamento, y si aún es posible recuperar algo de lo que fuimos.
Traté con todas mis fuerzas de demostrarte que alguien sí podía quedarse a tu lado, que había alguien dispuesto a soportar cada uno de tus malos ratos, cada silencio, cada actitud cambiante que otros no comprendían. Quería que supieras que, aunque el mundo pudiera alejarse, yo estaba aquí, dispuesta a amarte tal cual eres, sin condiciones, sin esperar que cambiaras nada de ti. Porque incluso esas partes de ti que otros llamarían defectos, esas cosas que a veces te hacen tan complejo y tan humano, yo las amo profundamente.
Quería ser esa persona que entendiera tus días oscuros, tus momentos difíciles, la que viera en tus caídas una razón para sostenerte más fuerte, no para soltarte. Me enamoré de todo lo que eres, de tu fuerza y de tus debilidades, de las partes de ti que algunos nunca logran ver. Y si alguna vez dudaste, si alguna vez pensaste que nadie podría quedarse, espero que hayas sentido al menos una vez que yo sí quería, que yo sí lo intenté, y que hubiera seguido intentando hasta el final; Nunca te vi como Wall-E, porque siempre fuiste mi Eva, esa figura perfecta que parecía inalcanzable, tan fuerte y completa en su esencia. En cambio, yo era la Wall-E, esa versión frágil y desgastada que se reconstruía día a día, pieza por pieza, tratando de ser suficiente para ti. A veces me sentía rota, con partes oxidadas que necesitaban más de lo que podía darme a mí misma, y aun así, allí estaba, reparándome, intentando ser una versión mejor solo para estar a tu altura, para que al mirarme pudieras ver a alguien que valía la pena.
Quería tanto ser para ti todo lo que soñabas, quería ser ese refugio en el que pudieras descansar sin temores, ese amor que no tenías que buscar en ningún otro lugar. Cada esfuerzo, cada cambio, era un intento de borrar las huellas de lo que ya no funcionaba en mí, de mostrarte que, aunque imperfecta, aunque llena de marcas de un pasado difícil, mi amor por ti era lo suficientemente fuerte como para transformar cualquier pedazo roto en algo hermoso.
Pero, aunque nunca te dije esto, cada vez que me mirabas con esos ojos que parecían ver algo más allá de mis defectos, sentía que, por un instante, era suficiente. Aunque me sentía como un Wall-E hecho de partes desgastadas, frente a ti, era capaz de brillar un poco más.
Siempre amé tus ojitos, Papi… esos ojos que eran capaces de desarmarme y hacerme sentir visible de una manera en la que nadie más lo hacía. Los amaba aún más cuando me miraban diferente, cuando no llevaban en ellos el juicio ni el desprecio con el que el mundo suele mirarme, con el que yo misma a veces me miro al espejo.
Contigo, me sentía como si fuera alguien especial, alguien digna de amor y no solo una sombra más en la vida de alguien. En esos momentos, cuando tus ojos dejaban a un lado las barreras y me miraban con ternura, creía que podía ser suficiente, que podía valer algo, aunque fuese solo por un instante. Eran esos momentos, esos parpadeos de aceptación y cariño, los que guardo como pequeños tesoros en mi memoria. Porque, en medio de un mundo donde a veces ni yo logro verme, tú me hacías sentir que había algo en mí que valía la pena mirar...
Creo que los besos se dan en la boca porque es de donde brotan las palabras.
Si te besara la punta de los dedos, estaría buscando una caricia.
Si te besara la suela del zapato, estaría buscando un camino.
Si te besara los párpados cuando estás dormido, estaría pidiendo permiso para entrar en tus sueños.
Pero te estoy besando los labios porque quiero escuchar mis palabras salir de ti.
Otra vez.
Si te besara la planta de los pies, buscaría un paso en falso
Si te besara la parte interna del codo, buscaría tus cubículos.
Si te besara la sombra, no sabría lo que busco, pero estaría tan cerca.
Si te buscara esta noche, besaría a cada extraño hasta encontrarte.
Otra vez.
Si te besara, sería escurridiza por un lienzo carne que se desborda y que se expande por las vigas de mi casa.
Treparía escurridiza por un muro fronterizo que se desborda y que se expande por las vigas de mi casa.
Treparía escurridiza por un muro fronterizo, entre la piel de la carne que se inyecta en una estructura impersonal llamada nombre.
Estaría consumida antes siquiera de abrir los labios y te besara.
Y no podemos hacer nada por esta muerte, por esta muerte.
Por eso, me guardo quieta, quieta, atenta, al tanto, alerta, alerta, por si acaso, por si acaso hubiese atisbo de encontrar el punto medio entre los muros donde no hacernos daño.
Donde solo darnos cuenta de hasta dónde llega el beso antes de que llegue la rabia...
La vida debería haber hueco para la poesía. Qué bonito sería que todos tuviéramos la capacidad de mostrar, de expresar nuestras emociones de forma poética.
*Te amo*, aunque ya no te guste presumir me, aunque ya no me reacciones a las cosas que te dedico, aunque no me digas cosas lindas, aunque me hayas dejado de decir *te amo o te extraño* de la nada, aunque ya no me trates como antes, aunque ya no me demuestres el mismo interés, aunque ya no me abraces y me digas que soy el amor de tu vida.
Te amo más que eso, porque a veces, cuando las relaciones avanzan, se pierde cierta magia, pero el cariño siempre está.
Te amo a pesar de todo...
¿Qué más tenía que darte para que me amaras?
Te entregué mi risa, mi piel, mis sueños, y en mis manos te dejé el amor que me quedaba.
Aun así, tu mirada parecía buscar algo que yo no podía ser, algo que se escapaba de mis manos y de mi corazón.
Me cuesta dejarte ir. Mi corazón sigue atado a lo que fuimos, aferrado a la idea de un "nosotros" que jamás fue suficiente para ti.
Camino cada día, queriendo ser fuerte, convenciéndome de que estarás bien...
que de algún modo, yo también lo estaré.
Siento el peso de tu ausencia en cada rincón, como si el aire llevara todavía tu nombre.
Me encuentro necesitando un abrazo, algo que me diga que esta soledad no durará para siempre.
Me dejaste con las manos llenas de amor y la esperanza quebrada...
Cat’s internal thoughts
J.S. PARK
grind