Les Yeux Sans Visage - Georges Franju (1960)
Inquietante experimento de terror es el que llevó adelante Georges Franju con Les Yeux Sans Visage (Los ojos sin rostro para los hispanohablantes), una total anomalía respecto al género. Intimista y sutil, la cinta se bifurca de la senda donde peregrinan Frankestein y Nosferatu, al mismo tiempo que se aleja de los charcos de sangre en cantidades orgiásticas que años posteriores, más que nada en la década del 60, acrecentaría en las salas underground la fascinación por el gore. Podemos percibir que Franju bebió de los psicologismos más retorcidos de Vértigo y Psicosis para poder así envenenar a sus personajes (si bien esta última es del mismo año). Especialmente a la figura del médico, frío y calculador, nada de científico loco, y a su asistente, quienes no son más que autómatas motivados por sus pasiones más profundas y viscerales, pasiones que ni los límites de la moral, mucho menos de la ley, podrán evitar. Uno (Pierre Brasseur) pretende recuperar el rostro desfigurado de su hija a expensas de cualquier ética profesional, y la otra (Alida Vlli) es capaz de lo imposible para conservar la fidelidad de su jerarca.
Y entremedio de ellos, se oculta como una flor pútrida, una muñequita rota de porcelana, la joven Christine, con su máscara inexpresiva y esa andar parsimonioso con el que recorre el caserón donde está encerrada. Pese a no tener rostro con el cual empatizar, la interpretación de Edith Scob además de recubrir al enigmático personaje con un aura fantasmagórico, sintetiza casi toda su expresión al cuerpo. Un cuerpo que impresiona por su languidez y, a mí personalmente, por ese cuello larguísimo y pálido. Si redujésemos la película a la niebla, a los árboles pelados, a Christine y a esa escenografía gótica que la ocupa, Los ojos sin rostro estaría en la misma línea que La Cenicienta, Blanca Nieves o cualquier otro cuento de hadas, con la (no tan) mínima diferencia que acá todo parece estar muerto de antemano.
La mixtura entre lo horrífico y lo poético puede entenderse desde su origen francés. Si bien, no estamos ante un país que para ese entonces acostumbraba a incursionar en los rincones lúgubres del terror, la capacidad metarreflexiva y los simbolismos -que años venideros se volverían una marca identitaria en gran parte del cine francés- encuentran aquí una nueva forma de encarar el género, con un pie en lo clásico y otro en lo moderno. Es seguro que para esa época el trabajo de Franju haya sido ignorado por su rareza narrativa. Se dice también que al estrenarse en un festival se desmayaron siete personas, intuyo que por el impacto de una escena particular. Sin embargo, con el paso del tiempo, este intrigante largometraje se convertiría en una merecida obra de culto, en especial, gracias a la versión parafraseada de Pedro Almodóvar con La piel que habito (2011).
Título: Les Yeux Sans Visage
Año:1960
País: Francia
Duración: 1h 30m
Director: Georges Franju
Reparto: Pierre Brasseur, Alida Valli, Juliette Mayniel