raleighsaundersindie:
Sonrió divertida cuando Dorian dijo que él era el feo de la familia. A ella no se lo parecía en absoluto, de hecho, no podía negar que una de las primeras cosas que le habían atraído de él era su físico, pero tampoco quiso contradecirle, aquel era un comentario sin importancia dada la situación.
Raleigh aprovechó el momento en el que Dorian se separó de ella para volver a mirar a la foto y por un instante sintió que se le hacía un nudo en la garganta, tan solo el pensamiento fugaz de perder ella a su familia hacía que sintiese que el mundo se le venía encima.
Volvió a mirarle al oírle hablar de nuevo y le dedicó una suave sonrisa de agradecimiento, pero no por el alcohol, sino porque él la considerase alguien especial, una excepción. Pero según é continuó hablando, su sonrisa desapareció por completo y su gesto se tornó triste y afectado. No entendía cómo él seguía negándose a denunciar a su padre, es más, no entendía cómo podía haber salido libre de todo aquello, pero ante todo, no quería incomodar a Dorian con algo tan terrible, por eso no había vuelto a sacar el tema desde que él le había confesado todo acerca de su padre aquella noche en los Alpes.
—Creo que podría decir lo mismo…— dijo acariciando de nuevo el rostro de él con ternura. Estaba convencida de que él podría tener casi tantos motivos como ella para salir corriendo.
Correspondió al beso de él con cierta cautela, no quería propasarse estando él tan afectado por el recuerdo de su madre y su hermana, y tampoco por el más que evidente sabor de sus labios a alcohol. Y precisamente, el cúmulo de todo eso fue lo que le hizo pensar a Raleigh que era el origen de la confesión de él.
Por un momento se quedó un poco sorprendida, estaba bastante segura de que era la primera vez que Dorian le decía que la amaba, y una parte de ella temía que fuese el alcohol y la nostalgia lo que hablaban por boca de él. Pero un instante después, quiso pensar que a lo mejor el alcohol simplemente había eliminado esas barreras y murallas que sabía que Dorian había alzado alrededor de su corazón. Algo parecido a lo que le había pasado a ella en el hospital, cuando él había ido a visitarla después de su operación.
Y el recuerdo de aquello hizo sonreír a Raleigh, que no dudó en volver a darle un suave y breve beso en los labios a Dorian.
—No sabes lo feliz que me hace escuchar eso— le dijo en un susurro.
La mirada de Dorian se enternecía cada vez que observaba los ojos de Raleigh. Su mano, que estaba posada en su cintura como si tuviera un imán allí, la apretaba levemente contra él y suspiró cuando escuchó sus palabras. No sabía si era el alcohol o simplemente que el tiempo cuando él terminó de hablar el tiempo parecía ir demasiado lento y aquello le encantaba.
Sonrió por sus palabras, como si fuera un niño pequeño descubriendo su juguete más deseado después de romper el papel. No importaba si no le correspondía, pero saber que aquello le hacía feliz era todo lo que necesitaba escuchar.
La apretó más a él e inclinó la cabeza, volviendo a besarla pero aquella vez con más intensidad, arrugando la blusa de Raleigh con la mano que tenía en su cintura. En su otra mano, llevaba la copa que se había llenado y, separándose para tomar un poco el aire, beber de nuevo y dejar la copa a un lado.
—¿Quieres bailar? Es el primer año nuevo que estoy feliz y quiero celebrarlo contigo.—Sin duda, el alcohol estaba haciendo que Dorian fuera demasiado sincero con todo. No tenía filtro.—Tanto que no me importaría ir al Olimpo y restregarle en la cara a mi padre que no va a poder conmigo.















