Dorian:
Era la primera vez que se abría tanto a alguien, pero es que Raleigh tenía algo distinto en la manera de hacer que Dorian actuara, como si fuera una creación de los Dioses para jugar con él, un regalito de Zeus, una trampa. Una trampa demasiado dulce. Sin embargo, en aquellas fechas -o simplemente cuando ella estaba delante- se le olvidaba todas aquellas sospechas.
Sonrió sin más cuando escuchó las palabras y suspiró a echar la mirada hacia la fotografía.
“Cada día las echo más de menos…” dijo en voz suave; aquel día era bastante importante para él, no quedaba con nadie porque sabía que podría romper a llorar en cualquier momento al pensar en ellas. Rio levemente ante su comentario y acarició la mano que tenía entrelazada con la de ella. “Mi hermana me decía que era el feo de la familia y ahora le doy la razón.” respondió levemente, sonriendo con nostalgia a la fotografía.
Se dio media vuelta con un suspiro mientras se quitaba una lágrima fugaz de uno de sus ojos y fue a por la botella de alcohol que había medio vacía y le tendió una copa a Raleigh.
“No suelo compartir esto con nadie que no sea de la familia pero eres una excepción…” le comenzó a explicar mientras le echaba un poco de bebida. “Verás, hoy no es solo Año Nuevo para mí. Fue cuando las perdí a ellas también. No pudieron recuperar nada cuando apagaron el fuego… No tengo tumbas que visitar, solo tengo esa foto.” dijo señalándola con la cabeza y después suspirar. “Raleigh, me haces increíblemente feliz. El que estés aquí, conmigo, que no hayas salido corriendo…” Se notaba en sus palabras que estaba borracho, algo bastante extraño en él pero se pasó el día bebiendo. Se acercó a ella, apoyando una mano en su cintura baja y bajando la cabeza para besarle los labios con cierta intensidad, pero corto, como no queriendo avergonzarse frente a su familia. “Te quiero tanto… Ahora que te tengo no pienso soltarte nunca. Pienso luchar por ti lo que haga falta. Te amo con locura.” le confesó.
Sonrió divertida cuando Dorian dijo que él era el feo de la familia. A ella no se lo parecía en absoluto, de hecho, no podía negar que una de las primeras cosas que le habían atraído de él era su físico, pero tampoco quiso contradecirle, aquel era un comentario sin importancia dada la situación.
Raleigh aprovechó el momento en el que Dorian se separó de ella para volver a mirar a la foto y por un instante sintió que se le hacía un nudo en la garganta, tan solo el pensamiento fugaz de perder ella a su familia hacía que sintiese que el mundo se le venía encima.
Volvió a mirarle al oírle hablar de nuevo y le dedicó una suave sonrisa de agradecimiento, pero no por el alcohol, sino porque él la considerase alguien especial, una excepción. Pero según é continuó hablando, su sonrisa desapareció por completo y su gesto se tornó triste y afectado. No entendía cómo él seguía negándose a denunciar a su padre, es más, no entendía cómo podía haber salido libre de todo aquello, pero ante todo, no quería incomodar a Dorian con algo tan terrible, por eso no había vuelto a sacar el tema desde que él le había confesado todo acerca de su padre aquella noche en los Alpes.
—Creo que podría decir lo mismo...— dijo acariciando de nuevo el rostro de él con ternura. Estaba convencida de que él podría tener casi tantos motivos como ella para salir corriendo.
Correspondió al beso de él con cierta cautela, no quería propasarse estando él tan afectado por el recuerdo de su madre y su hermana, y tampoco por el más que evidente sabor de sus labios a alcohol. Y precisamente, el cúmulo de todo eso fue lo que le hizo pensar a Raleigh que era el origen de la confesión de él.
Por un momento se quedó un poco sorprendida, estaba bastante segura de que era la primera vez que Dorian le decía que la amaba, y una parte de ella temía que fuese el alcohol y la nostalgia lo que hablaban por boca de él. Pero un instante después, quiso pensar que a lo mejor el alcohol simplemente había eliminado esas barreras y murallas que sabía que Dorian había alzado alrededor de su corazón. Algo parecido a lo que le había pasado a ella en el hospital, cuando él había ido a visitarla después de su operación.
Y el recuerdo de aquello hizo sonreír a Raleigh, que no dudó en volver a darle un suave y breve beso en los labios a Dorian.
—No sabes lo feliz que me hace escuchar eso— le dijo en un susurro.












