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Así os leo #sinfiltro #PlayadelaBarrosa #Cádiz #ChiclanadelaFrontera #beach #verano #septiembre (en Playa La Barrosa - Chiclana de la Frontera)
Antes de @m_giacchino en el @RoyalAlbertHall llegarán la @FilmSymphony con #FSOTour2017 y @GrupoTalia con #Playphonia ¡Que ganas! https://t.co/8IP37W57du (en Madrid, Spain)
#HansZimmerLive por fin llegó el día. #MúsicaDeCine #HansZimmer #Zenith #Toulouse #France (en Zénith de Toulouse)
Preparado para @TriaRoc #olímpico #nadar #pedalear #correr #DISFRUTAR @RCanoeTriStore @realcanoe @triatlonstore @on_running @orca_triathlon @virKlon @mosconi @joluvi #ManzanaresElReal #Madrid #Spain #España #VamosCanoe #SomosClub
Desde mi butaca
La tarde del 29 de diciembre de 2015 fue la más especial desde que asisto a conciertos en el Auditorio Nacional de Música en Madrid. He podido disfrutar de innumerables conciertos de todo tipo de música, en su mayoría conciertos con la música de cine como temática, pero también de Zarzuela, de música clásica - los menos – o espectáculos increíbles como la proyección de “El señor de los anillos (La comunidad del anillo)” con la OCNE interpretando la banda sonora y, por supuesto, el “Homenaje a John Williams” de la Barbieri Symphony Orchestra con Lucas Vidal en la dirección y la proyección de imágenes de las películas en una pantalla gigante.
Formatos, estos dos últimos, a los que se acerca la gente más fácilmente dado que ofrecen un valor añadido al concierto tradicional.
Y en “ese paso más” que deben dar las orquestas hoy en día para captar la atención de la gente se encuentra la experiencia que tuve la suerte de poder disfrutar. Llevo años asistiendo a conciertos del Grupo Concertante Talía precisamente porque ofrecen cosas distintas a lo que estamos acostumbrados a ver y, por supuesto, por su indudable calidad como orquesta y coro, pero lo de esa tarde fue algo totalmente distinto.
El año pasado presencié el concierto “Singing Europe” cómodamente sentado en una butaca de patio y disfruté mucho con la adaptación de canciones de los 60’, 70’ y 80’ para orquesta sinfónica y coro. Me gusta que los artistas adapten sus repertorios a orquestas sinfónicas porque suenan totalmente distintos y en muchas ocasiones la versión para orquesta supera ampliamente al original. Escuchar a “Los Secretos” o a los mismísimos “Pet Shop Boys” respaldados por una orquesta sinfónica es increíble.
Por eso, cuando apuestan por un concierto con canciones de distintos estilos (pop, rock, soul o R&B) muy conocidas por todo el público, el disfrute es aún mayor.
Este año he asistido al concierto “Singing Europe” de una forma distinta a la del año pasado. Distinta no, MUY distinta. He tenido la oportunidad de sentarme en el mismo lugar donde se ubica la orquesta. Y que puedo decir. Pues que ha sido una experiencia realmente emocionante.
En Europa ya se había hecho y había salido publicado en medios de comunicación. Aquí, en España, la Barbieri Symphony Orchestra lo viene realizando con su “Experiencia Barbieri” desde 2014 y la Film Symphony Orchestra lo ha hecho en el concierto fin de gira del “Tour 2015” en Valencia.
Era la primera vez que lo hacía el Grupo Concertante Talía y así pudimos constatarlo los cuatro afortunados al ver las caras de extrañeza y sorpresa de algunos integrantes de la orquesta al vernos ahí “puestos”. Claro que para sorpresa, emoción y nervios, los nuestros. Cuando Sandra nos acompañó por el pasillo por el que acceden los músicos al escenario y entramos al auditorio nos entró esa risilla floja que indica un “¡madre mía, donde nos hemos metido!”. Los asientos se encontraban detrás de los violines, entre el arpa y los clarinetes, y por delante de las trompas y la percusión. Vamos, “en todo el meollo”.
Nos sentamos, mi pareja y yo cruzamos miradas. Ella está roja como un tomate. Yo hago como si no estuvieran 2.000 personas allí delante, mirando lo que ocurre donde nos encontramos sentados y me centro en prestar atención a la orquesta y disfrutar del momento. Cuando sale Silvia Sanz, la directora, el auditorio comienza a aplaudir. Ella hace que se ponga en pie la orquesta y el coro para corresponder a los aplausos y comienza el concierto. Suenan las primeras notas de un “medley” de los Beatles y se me ponen los pelos de punta al escuchar los instrumentos tan cerca de mí. Miro al clarinete bajo que se encuentra a mi izquierda, alargo mi vista hacía sus compañeros clarinetistas y trato de hacer una panorámica general de toda la orquesta. No me da para tanto. No sé hacia donde mirar de lo alucinado que estoy. Finalmente centro mi atención en la directora. Desde esa ubicación se aprecia perfectamente su gestualidad. Como dirige, como acompaña al coro, el entusiasmo que transmite y a veces, los “toques de atención” que da a sus músicos. Es algo curioso, interesante y en muchos momentos, divertido.
Entre pieza y pieza algunos músicos nos miran y sonríen. Ellos están acostumbrados a eso pero nosotros no y es posible que se nos note un poco tensos. Tampoco sabemos muy bien qué hacer porque no podemos movernos mucho para no “despistar” a nadie y sobre todo, para no molestar. Creo que nos portamos muy bien.
Transcurre el concierto y en el descanso, Silvia Sanz viene a saludarnos. Intercambiamos impresiones y nos hacemos una foto. Nos avisa de que la segunda parte será todavía aún mejor. ¿Mejor que lo ya vivido?
Pues sí. El repertorio incluye canciones englobadas bajo el título de “El guateque” y otras pertenecientes a la “movida”. Yo me animo y comienzo a mover el pie y las manos levemente para seguir el ritmo de la música. Lo que escucho pide a gritos que lo haga.
Finaliza el repertorio “oficial” y un “selfie” de la directora da paso a la posibilidad de realizar fotos y vídeos durante los bises. También aparecen las boas y los sombreros, como todos los años, para el fin de fiesta. Y claro está, a los “acoplados” nos cae uno de Papa Noel para no desentonar. El auditorio acompaña los bises con palmas y uno de los músicos se anima a imitar a Tom Jones en “It’s not unusual”. Para que nos vamos a engañar, lo borda.
Por desgracia el concierto llega a su fin y con ello esta maravillosa e inolvidable experiencia. Confío en que tanto el Grupo Concertante Talía como otras formaciones sigan ofertando a los asistentes a sus conciertos la posibilidad de presenciarlos de esta forma. Creo que es algo que nadie olvida el resto de su vida.
Gracias al Grupo Concertante Talía por el fantástico concierto que ofrecieron. Enhorabuena por esos 20 años y deseo que sean muchos más.