Una nueva conquista. Cnqst2-Día 1: La fiesta de cumpleaños (parte3)
Yo sigo subiendo y bajando pizzas, con mi tarea de camarera, y en medio de ese trabajo, le sirvo pizzas a un grupo en donde hay un chico que tiene un lunar muy lindo en una cara muy linda. Por unos segundos cruzamos ojos. Se sirve su pizza, me vuelve a mirar, sonrío y sigo, con su imagen un poco impregnada.
Yo sigo en la fiesta, decidida a emborracharme: el chico que me gusta se fue de la fiesta con otra chica. Bebo y bailo. Hay mucha gente, tanta que a veces es difícil caminar: hay pocos espacios, es Julio 2020 y parece que estamos en el veranito del covid. Para pasar la amargura por el desamor, busco a mis amigues, a eses con les que puedo bailar desprejuiciadamente: Dana, Fausto y Tedi. Tedi no me da mucha bola, él baila acaramelado con su nuevo chongo gringo, Gaby.
En un momento de la noche, me topo de frente con Tedi, mi amigo con el que vivo hace cuatro meses y comparto cuarto en esta finca hippie en donde me tocó pasar la cuarentena. Le cuenta mis desventuras con el cedro, el sólo me contesta “¡hay unos chicos mas churros en esta fiesta!”, y yo automáticamente pienso en el chico del lunar al que le serví la pizza. No tengo idea quién es, ni como es que llegó a esta fiesta donde todes nos conocemos con todes.
Pasan los minutos y yo sigo bailando fuerte, con mis amigues bizarros que bailan bizarro como yo. Les argentines dominamos la consola, y el resto de les asistentes nos insulta por monopolizar el baile. Colombianos, españoles, italianos y franceses nos abuchean con cada nueva cumbia. Se arma una disputa folklórica, yo sigo dándolo todo en la pista, pero en un momento me aburro o el alcohol llega a mi glándula inhibidora y con mucha presencia decido pasar caminando cual torbellino, seguro y fuerte, por al lado del chico del lunar. Lo busco, está con sus tres amigues sentado en un muro, charlando. Pienso que debe ser tímido porque no lo vi bailar en toda la noche. Hago mi despliegue y me dirijo al baño. Descargo, me acomodo y vuelvo a pasarle por delante. Para disimular, voy a la pista. Bailo treinta segundos, y se arma otra trifulca por la música. Entonces es ahí cuando la inspiración me viene y me siento lista para seducir. Encaró hacia el murito, camino y sin pedir permiso me meto en la conversa:
-Chicos, disculpen, ¿les puedo hacer una pregunta?
Sin que me contesten, y sin medir en qué momento de qué charla había yo hecho eclosión allí, sigo, pero esta vez mirando a los ojos al chico del lunar:
-¿A ustedes les gusta la música que está sonando?¿Alguno quiere proponer alguna canción? Porque nos están pidiendo que la cambiemos, pero yo ya no se que poner.
En ese momento el chico del lunar me dirigió sus primera palabras. Me dijo que el conocía una cumbia argentina muy buena. Le pedí el nombre: no la conocía. Entonces, desinteresadamente, le dije si quería venir a ponerla él. Me dijo que si, que claro, y cuando nos íbamos escuché a su amigo arengarlos con un “Vaya, vaya” acompañado de un ademán de manos, que me hizo pensar en que quizá el chico del lunar quería algo de intimidad conmigo.(continuará)










