en esta época, en este sistema
no tengo un propósito válido para
llenar el vacío de mis sensibilidades
es por eso que
ahora mi propósito es
borrarme de la existencia
I'd rather be in outer space 🛸

Discoholic 🪩
Misplaced Lens Cap

if i look back, i am lost
Keni
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Claire Keane

⁂

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@die4themoney
en esta época, en este sistema
no tengo un propósito válido para
llenar el vacío de mis sensibilidades
es por eso que
ahora mi propósito es
borrarme de la existencia
Oh Señor
No soy deseada, ni esperada, ni soñada.
No habito en el deseo de nadie. Soy la pausa entre dos llamas, en la puerta de una casa que ya no existe.
Qué difícil es anhelar con el corazón, cuando el corazón se volvió testigo.
He amado en silencio, he pedido señales, he tocado la puerta equivocada de un cielo que no responde.
Líbrame de esta calma que duele, de esta fe sin objeto, de este temblor que no encuentra cuerpo.
Déjame perder la razón, si es lo que hace falta para volver a sentir.
Oh Señor, que si no he de ser deseo, al menos sea incendio.
-Foxxa.
No puedo seguir habitando esta soledad dónde no soy el anhelo de nadie
La teoría del deseo
El pasado no tiene voz,
no hay micrófono que lo salve.
Las conexiones se miden en presente,
piel con piel,
mirada que no pregunta de dónde viene.
El profesor aún tiembla,
corrige exámenes de vínculos cruzados,
sin permitirse el placer
de olvidar la teoría y hundirse en la práctica.
Todavía guarda la carta
donde no fue elegido,
y desde entonces teme
que rendirse también sea perder.
Bájenle la guardia,
déjenlo caer,
que el cuerpo no rinde cuentas
ni necesita reputaciones heredadas.
Si tan solo cediera un poco,
descubriría que perderlo todo
también puede ser una forma de ganar.
No venga a demostrar nada,
venga a sentir si le gusta,
entréguese —
que tal vez, en ese instante,
se terminen juntos sin quererlo,
como quien acierta sin estudiar.
-Foxxa.
«A veces también se me acaban las sonrisas para ti, a veces también se me acaban las ganas de escribirte. Pero te quiero, ojalá lo entiendas, siempre te quiero, pero a veces mis abrazos no tienen calor y mi boca no sabe qué decir... Pero te quiero, siempre te quiero, cuando no te convengo, cuando no me soportas, cuando te odio, te quiero».
—Alejandra Pizarnik
Our souls are bound —
we will never betray each other.
Even if doomsday arrives,
even if the world crumbles,
I will keep you bound to me
for all of eternity.
Our connection transcends
this place,
this world.
🌌⛓️Sylus🖤♾️
Y si me olvida, que no sea en silencio: grítelo como si doliera, que lo estaré escuchando.
-Foxxa
They wrapped me in flowers, as if beauty could save me. I smile through the petals, but my heart wilts in silence. Every bloom around me screams the love I’ll never fully hold. I am not adored—I am arranged.
Silencio vocativo
Cariño, tire las flores y salte la puerta. Tómeme fuerte, por primera vez. Pero adviértame, en un susurro, que esto no es un sueño otra vez.
Agárreme fuerte, y recíproce conmigo —y sin mí—, que todavía no sé si es la enfermedad poniéndole nombre y apellido a mi sentir, al sentimiento en mí.
Déjeme embriagarme una vez más, otra vez, mucha vez, con su lujo, su lujuria sin libido, su soledad sin mal gusto.
No me suelte. Gríteme. Si me grita, me despierto. Y si me despierto, lo quiero poseer de forma occisa, obstinada.
Y si lo poseo, no me deje quedarme.
No diga mi nombre; invíteme a perderlo. Y si lo pierdo, quíteme usted también. Pero igual, quédese.
Hágame suya sin saberlo. Y si se va, arranqueme con usted, aunque no me lleve entera.
Y si me olvida, que no sea en silencio: grítelo como si doliera, que lo estaré escuchando.
_Foxxa.
Aunque la incertidumbre me mate.
Aunque el olvido me espante.
Te sigo sosteniendo como una paloma en mis manos, no quiero apretarte, no quiero retenerte, no quiero matarte con obscuros deseos.
Ojalá pudiera volver a mirarte hasta quedarme sin ojos, hasta que la noche riéndose de mi deje de acompañarme, hasta que el calor de mi corazón se extinga y contamine por mil mares.
Y si muero, muero en paz, sabiendo que no contaminé tu esencia, que en tus palabras yo pude ser y por sobre todo que te pude conocer.
Aunque el odio me haga un desplante.
Aunque nuestros caminos se hayan separado.
Te sigo sosteniendo.
_Foxxa.
No quiero sobras de cariño
Ni los restos de tiempo
No quiero migajas
Ni declaración de intenciones a medias
No quiero más
Acto I: La penumbra del deseo
Mi yo actual.
La tarde avanzaba con el peso de las horas muertas, y el aire del cuarto parecía detenido entre la bruma de la persiana americana y los ecos de una música que latía en las paredes.
—Ahí viene mi mamá —dije, con un tono bajo pero urgente—. Andá al otro cuarto, pero pasá por atrás.
Él asintió con un movimiento casi instintivo. No era un hombre acostumbrado a hablar mucho; bastaba con verlo. Su camisa a medio desabrochar y la bragueta entreabierta dejaban ver un desaliño que, más que descuido, era casi una declaración de intenciones. Había trabajado en un frigorífico, de eso estaba segura. Ahora su destino lo llevaba a las pasarelas de Hong Kong. Y yo… bueno. Nunca fui hegemónica, pero mi exotismo suplía las carencias. Con labia era experta en el arte del coqueteo.
Bajé la persiana, dejando el cuarto en penumbra, y subí el volumen de la música. Nos devorábamos con los ojos, con la impaciencia de dos fieras encerradas. Mi deseo crecía como una llama que, al mismo tiempo, quemaba y alimentaba.
Quiero tenerlo en mi boca, quiero atragantarme sin vaciarlo del todo, para que luego me haga mierda de otras formas.
Acto II: La fractura en el silencio
Mi mamá se acercó con pasos deliberados. No irrumpió de inmediato; sabía hacerse notar, como un predador que acecha.
Cuando abrió la puerta, no la dejé entrar del todo. Bajé la mirada. Mi perra pequeña cruzó la abertura con un movimiento nervioso. Al levantar la vista, nuestros ojos se encontraron. Su furia era un abismo que amenazaba con engullirme.
Salí al pasillo, sabiendo que el aire se haría irrespirable.
—¿Qué te molesta? —pregunté con una calma engañosa, pero repetí la pregunta, insistente, como una gota que horada la piedra—. Te avisé. Te avisé cuando llegaste, y aun así violás mi espacio.
Profesas que te preocupas cuando no estoy pero entonces de esta forma ¿me preferís en la clandestinidad?
Ella hablaba sobre mí, con una voz que buscaba aplastarme. Mi rabia creció, y alzando la voz, grité:
—¡Treinta años tengo! ¡Treinta! ¿Me querés seguir tratando como cuando tenía seis, ocho, trece, quince años?
El eco de mis palabras llenó la casa. Sentí que por primera vez, su furia titubeaba ante mi resistencia.
En lo iracundo de la situación, ya no puedo volver a recordar mi discurso. Solo recuerdo la satisfacción de haber sido impecable en mi refutar.
Fui a la cocina y abrí una cómoda. El cuchillo que saqué brillaba bajo la luz tenue. Lo sostuve con firmeza, dejando que su peso hablara por mí.
—¿Preferís pegarme o cortarme? Decidí rápido.
Empecé a rebanar objetos a mi alrededor. El filo surcaba madera y plástico como si nada. Luego, sin dejar de mirarla, le extendí el cuchillo por el mango.
—Yo no voy a empezar. Pero si cruzás la línea, te juro que me voy a defender.
Ella quedó paralizada. La furia que había gobernado nuestra relación durante años parecía haberse desmoronado. Por primera vez, yo había ganado.
Acto III: La memoria de la batalla
Cuando volví al cuarto, él ya no estaba.
Me senté al borde de la cama. La música seguía sonando, pero era un ruido distante, como si perteneciera a otra vida. Fijé la vista en el suelo, sintiendo cómo el alrededor rotaba y cambiaba.
Abrí la puerta del pasillo. Ese corredor había sido testigo de mi primera batalla. Tenía 16 años cuando juré que nadie más que yo iba a consentir quién podía golpearme. Esa vez, terminé con la cara rota, pero ella quedó con las piernas y los brazos reventados.
Acto IV: El peso de las marcas
Nunca más. Desde entonces, su violencia me enseñó a resistir en esta vida despiadada.
Curé mis heridas, día tras día, hasta que las cicatrices se convirtieron en un mapa de mi historia. Aprendí a mirarlas con valentía, como quien observa las marcas de una batalla ganada.
Curiosamente, logramos recomponer nuestra relación después de su cáncer. No había amor, pero sí algo parecido a la paz.
Y no, esto no era un relato erótico. Era un sueño, uno de los muchos que me atormentan y que, gracias a mi habilidad para dominar el mundo de los sueños, poco a poco he aprendido a enfrentar.
Esto fue una de las manifestaciones de mi inconsciente, las escenas de sexo se las contaré en otra ocasión.
_Foxxa.
Vivo entre el canto que se aleja, el eco de las aves que parten, y el murmullo de insectos ardientes en la danza de un calor que despierta.
Ahí, en ese instante suspendido, me encuentro y me pierdo, me escucho en el fondo de mis silencios hasta que vuelvo a partir otra vez.