Sé que esta última herida no va a ser cicatriz. Me prometí que sería valiente; no se me va a enquistar lo que ha pasado y no me va a cortar la respiración lo que fuimos. Me va a costar, pero sé que puedo. Al final sí me he enfrentado a lo que sucedió, tal cual fue. No encaja. Y aunque seguiré con mil dudas e inseguridades, se pasará la rabia y el dolor, porque al final sí te dije todo lo que necesitaba decirte. Los silencios aún me hunden y seguramente grite más de una vez, pero está bien, porque todo el amor que tenía te lo entregué.
Es difícil quedarse solo, pues la pena puede conmigo; los primeros días no quería ni vivir pero supongo que con el tiempo volveré a sentirme vivo. Parece una broma que me estoy gastando a mí mismo.
Y claro que es romántico todo este dolor que estoy soportando, es el precio a pagar por todo el amor que te he tenido siempre.
Cuando no puedes parar de sonreír y te sientes fuerte, tan fuerte que podrías mover una montaña, comprendes que esa magia igual que viene se va. Hay que valorar cuando se hacen grandes las pequeñas cosas y aceptar cuando se hacen pequeñas las cosas que creías grandes. Contigo creía tener muchas grandes cosas.
Sigue sin gustarme ni una sola línea de las que he escrito. Pero sí he logrado atrapar el universo para observarlo juntos; el problema es que ya no compartimos mundos. Me conformaré con verte sonreír desde lejos, y ya veremos, si algún día, tus cometas deciden pasearse por mi galaxia. Que al final, los fugaces hemos sido nosotros.
Seguiré poniendo puntos de estado de Whatsapp cada vez que te eche de menos, hasta que llegue el último y se convierta en un punto y final. Ya no sé en qué creo ni si me queda algo de ti. Y aún no soy lo suficientemente fuerte como para no entrar en los incendios que me dejas. Estaría dispuesto a arder solo por buscarte.
No he hecho nunca el ridículo. Solo he amado más de lo que pensaba que se podía y qué suerte haberlo hecho. Espero poder volver a hacerlo algún día.
Y sé que no te has dado cuenta de algo importante. Yo veo a través de ti como si fueras un cristal que lo expone todo. Y por mucho que quieras jugar con reflejos falsos para despistar, yo ni alejándome escapo de tus verdades. Algún día, convertiré las grandes cosas en pequeñas y me quedará un amor que quepa en la palma de una mano, pero ni aún así te quitarás ese miedo que tienes de que te quieran. Dices que no estás enamorada y que ha pasado el tiempo. Pero no, no es normal esa última conversación que tuvimos en Tumblr aquel cercano octubre… son esas pequeñas cosas que se hacen grandes.
Y no hago más que pensar que no quiero pensar más, que ha explotado todo y que solo me queda irme lejos. Y sé que estás luchando por suavizarme el golpe, así que quiero que te tranquilices y sonrías porque todo esto solo será un mal recuerdo.
Y ahí lo vi claro, ese “yo qué sé” tan mágico que tienes conmigo no va a irse nunca.
Ahora, que veo todo con otros ojos, me sigue pareciendo triste. Has dejado de ser feliz y has dejado de amarte. Esta vez, sí puedo continuar escribiendo, ya me encargué de vomitar antes. Ojalá salgas de la adicción de vivir anestesiada. Ojalá te quites el escudo tan pesado que cargas. Ojalá vuelvas a recordar todo lo que ahora te es borroso. Ojalá pierdas el miedo a que te quieran. Ojalá vuelvas a hablar por los codos. Ojalá vuelvas a reír tan alto. Ojalá dejes de disfrazar la depresión de siestas. Ojalá te ilusione todo como antes. Ojalá otra vez confíes como la primera vez. Ojalá te enamores como una adolescente. Ojalá escribas más en Tumblr. Ojalá sepas todo lo que vales. Ojalá llenes todo de alegría de nuevo. Ojalá te abras y te escuches. Ojalá florezcas como una rosa azul en primavera.
Puede que te escriba más, o puede que no. Yo ya no soy el mismo y tú tampoco, así que estas cartas confunden emisores y destinatarios. Quizá vuelvo a escribir a quien eras y quizá me lees en quien ya no soy, pero seamos quienes seamos, recorriendo el diario que hemos dejado aquí, cualquiera se maravilla de la preciosa historia que tenemos.