Devocional: La envidia, ¿Qué hacer?
Es un hecho real que todos los seres humanos padecemos de malos pensamientos y sentimientos. La Biblia lo dice en Romanos 3:10: "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno." Y así mismo, como vivimos en un mundo de maldad no nos podemos escapar de sentir y pensar cosas en contra de Dios y nuestro prójimo.
Uno de esos malos sentimientos es la envidia, la causante de muchas desgracias y divisiones entre seres humanos. Ésta surge en los corazones de los hombres al oír y ver el éxito de otros. Tal lo dice Eclesiastés 4:4:
He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Si nosotros trabajamos y nos esforzamos lo más seguro es que alguien nos envidiará. Si tenemos un matrimonio exitoso alguien sentirá envidia de nuestra unión, si tenemos hijos sanos y de buena conducta seguramente habrá alguien que sentirá envidia. Porque el ser humano más que envidiar lo que el otro tiene, envidia lo que su prójimo posee por dentro, esto es, las habilidades y las capacidades que Dios le dió.
Si alguien es hábil para hacer negocios y por eso pudo ascender profesionalmente seguramente le envidiarán. Si una mujer es dulce con su esposo y por eso tiene un buen matrimonio entonces sentirán celos hacia ella.
Y todo eso solamente tiene una consecuencia: Aflicción de espíritu.
El que envidia no es feliz, porque ese sentimiento se instala en su corazón y comienza a brotar espinas que terminan generándole incomodidad, dolor y molestia al ver que otro tiene lo que él (o ella) no tiene. Y si llega a crecer en gran tamaño puede incluso hacer que la persona atente contra su prójimo.
Leamos lo que dice el libro de Job 5:2:
"Es cierto que al necio lo mata la ira, Y al codicioso lo consume la envidia."
¿Y qué podemos hacer al respecto?
Si eres de las personas que envidian a otros lo primero que debes hacer es arrepentirte delante de Dios, y no me refiero pedirle perdón de boca, sino de corazón. Cambia tu manera de pensar, búscale y comienza a leer la Palabra y a confiar que Él a ti también te dió talentos y dones que puedes explotar, que no necesitas lo que otros tienen; tú también puedes ser exitoso en lo que hagas. Mira lo que dice el Señor en 2 Corintios 12:9:
"Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo."
Solo basta con el sacrificio de Jesús, el saber que fuimos (y somos) amados por el verdadero Dios, que se hizo de carne y hueso para morir por cada uno de nosotros y perdonar nuestros pecados. Si tú crees eso Dios te perdona y te da una identidad: eres Su hijo. ¡Que maravilla!
Por ende no debes envidiar a otros, porque ahora como hijo de Dios sabemos que de Él somos y que nos ha dado dones y talentos para explotarlos y bendecir a otros. Ya no hace falta ver hacia los lados, sino enfocarnos en nuestro Hacedor y Él nos dirá lo que debemos hacer.
Ahora, si eres de las personas que otros envidian te invito a no devolverles la misma moneda, ni andar viendo que tienen ellos para también copiarles y hacerles sentir lo mismo. Enfócate en lo que Dios te ha dado y recuerda que toda envidia es pecado delante de los ojos del Señor y es a su vez, causante de una aflicción profunda de espíritu. Nadie quiere vivir cargado y pesado, por eso te animo a no enfocarte en eso sino en seguir trabajando de buena manera y rindiendole tu vida a Dios.
Recordemos finalmente lo que dijo nuestro Señor Jesucristo:
Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. (Marcos 12:31)
El que ama a su prójimo no lo envidia, sino que lo bendice y lo ayuda a seguir creciendo espiritualmente y físicamente.