Hubo un tiempo donde a diario escribía, escribía de ti. De tiiiii. De ti.
De alguien que tenia tu cara y tus dedos y tus ojos. Y que me miraba y me hacía sentir que me iba a morir.
Me hacía sentir viva. Y veía mi muerte.
Me hice la costumbre de escribir diarios que seguramente nunca voy a volver a leer, porque después, poco a poco, fui dejando la tinta y el papel y empecé en este mundo inhóspito de colores y tres dimensiones.
Te conocí. Yo supe que nunca debió pasar, supe en el momento que te dije, que te confesé lo que sentía, supe que me iba a arrepentir. No quería decírtelo. Pero a la vez tenía muchas ganas. Supongo que sí quise curarme. Era enfermo, una obsesión muy extraña. Especial.
Recuerdo sentarme todos los días en la noche, cansada, quedarme dormida escribiendo de ese sentimiento nuevo para mí que era ese deseo.
El deseo. Ahí me descubrí, en ese deseo frustrado. Que entre más frustrado, más deseo.
Era una enfermedad extraña porque me gustaba. Me hacía feliz ese escapismo, porque le ponía un color diferente a las cosas. Como una especie de filtro rosa. Todo era bello. Todo era rosa. Todo, absolutamente todo era belleza y romántico porque estaba "enamorada". Tomaba el tren y me emocionaba y me bajaba sonriendo y sonreía y platicaba con todos feliz porque estaba feliz de estar enamorada.
Me gusta mucho enamorarme. Lo disfruto mucho. Nunca me había desenamorado de nadie.
Nunca me había sentido así. Es como si hubieran quitado un filtro de mis ojos. De verdad. Cuando termine con tu amigo, yo ya sabía que él era así, siempre lo supe. Siempre supe que solo estaba conmigo porque no soporta estar solo, que no me quería a mi sino a alguien que lo acompañe. Siempre supe que no me gustaba estar con el, pero que a la vez sí. Siempre supe lo que no me gustaba y lo que sí. Y lo que me gustaba estuvo ahí siempre, siempre.
Nunca se fue. Siempre tuvo esa sonrisa sincera. Esa ternura. Y otras cosas. No tan vainilla.
Con mi estrella también. Ay mi estrella. Cómo siento tanto esa relación. Ay, me duele todavía. Mi estrellita. Cómo me cuidó. Ay. Y como fui de grosera. Dios mío. Siempre supe lo que me gustaba y lo que no.
Nunca dejo de ser lindo conmigo. Nunca, amor. Nunca me había sentido tan incomoda. Cómo con el. Porque yo no lo quería así. Y sentía un poco que el tampoco a mi. Pero me daba flores, me enviaba canciones. Me buscaba, nunca estuve esperando a que llegara. Nunca. Me besaba y me hacía sentir que me iba a morir dios. Dios. Cómo besaba que tonta fui dios mío. Ay dios. Besaba muy bien. Dios q tonta.
Bueno. El punto aquí no es comparar. El punto es que siento que tú me idealizaste y yo a ti. Porque de la nada eres super grosero conmigo. Y ya. Eso era todo