“Jorge”
Te vi ahí, tan sonriente y transparente. Tan fino y con desparpajo te ves, tan lleno de vida... que me diste ganas de volar, de saltar sin miedo desde lo más alto y caer en el mar. Allí bajamos hasta el fondo y nos quedamos a bailar. Me temblaban las piernas, pero me gustaba. Nunca había aguantado la respiración tanto tiempo bajo el agua, y tú parecías hacerlo tan natural.
Te vi ahí, tan mágico, respirando agitado, aguantando, como alguien que ha vivido mil y una vidas y no lo dice. Cuando te conocí, me fijé en esa barba de dos días que a ti tan poco te gusta pero a mí tanto me enciende, tus ojos, esas pestañas, esa mirada... que me impide el habla y no sé ni de lo que hablarte si no es para acercarme a ti y desear darte un beso bien dulce y lento aunque me lo contenga, esos ojos que me sonríen traviesos cuando te toco, esos ojos que quieren que todo vaya bien, tus ojos. Regálamelos, no te vayas, quédate, mírame, desnúdame, no te alejes, no seas sólo un sueño, no te acabes, no dejes de hacerme esa crema tan buena, no me prives de esa fruto tan rico, que eres tú entero, cuando estemos a solas.
Te veo y pienso tantas veces “ojalá te hubiese conocido antes, ojalá no hubiese perdido el tiempo, PERO QUÉDATE”. Adoro cómo te queda el uniforme blanco, adoro la felicidad que me provoca el hombre que lo lleva.
Supe que eras el mejor de los sueños. Si los sueños tan bellos tienen la capacidad de soñar, suéñame tú también.
Te quiero.
Tu cachorrilla.













