Se nota que es domingo...
Elliott, por un momento, pensó que la conversación había acabado, por eso no pudo evitar alzar las cejas cuando Liz se levantó sin decir nada e hizo una seña para que la siguiera. El residente se levantó, siguiendo a su amiga hacia el elevador. La escuchó atentamente mientras hablaba, tragó en seco al oír la última frase y presionó el botón para detener el elevador. Vio a Liz, tratando de encontrar las palabras correctas, presionó sus labios. —Liz,— dijo para llamar su atención. —Alguien muy cercano a ti, murió.— dijo, dejando de darle vueltas al asunto. —Las cosas no van a estar bien por un rato, de hecho, nada va a estar bien por un rato.— dijo, buscando su mirada. —Pero no todo será así siempre, y estoy seguro que tu hermano estará más que feliz de hablarte más si se lo dices.— le dijo. —Sólo no desesperes, las cosas estarán bien. Si de algo sirve, no dejaré que te hundas,— ladeó la cabeza. —Onco estaba de cabeza, pero puedo convencer a algún adjunto de, no sé, de que te enseñe, y quizás no sea mucho, pero también puedo enseñarte algunas cosas.— suspiró, viendo a Liz, y se acercó con la intención de abrazarla. —Nada está mal contigo, sólo dale tiempo. El mundo parecerá menos jodido, algún día. ¿sabes? Y lo que necesites, en lo que pueda ayudar,
Apretó los labios y jaló aire profundamente en un intento por mantenerse tranquila mientras lo escuchaba con atención. Era como si todo se estuviera acumulando en su pecho, provocándole una presión que le hacía creer que en cualquier momento explotaría. Había intentado pensar que todo no eran más que tonterías, cosas que terminarían pasando tarde o temprano; pero poco a poco se le habían acumulado a tal grado que ya no se creía capaz de seguir pasando por todo eso sola. Su vista comenzó a enturbiarse al escuchar su “no dejaré que te hundas” y no pudo contenerse más cuando él se acercó para abrazarla. Correspondió el abrazo sin dudarlo un instante y se aferró a él mientras las lágrimas corrían por sus mejillas sin que ella hiciera un intento por controlarlas. Estaba cansada de tener que controlarse todo el tiempo, de perder personas importantes que se llevaban partes vitales de ella y actuar como si no fuera la gran cosa. Y saber que se podía desahogar con él sin ninguna presión significaba más de lo que Elliott posiblemente se imaginaba porque quizás era la única persona en la que Elizabeth podía confiar lo suficiente como para hacerlo. –Gracias, Elliott –susurró al cabo de un instante, aún manteniéndose en aquel abrazo, sin tener la intención de apartarse. –Por estar aquí y no dejarme sola.











