“La Hija de la Luna”
por Aldana Garay B.
Una niña regresa a su casa luego de un agotador día en su escuela, siempre esperaba a llegar allí porque sabía muy bien que su abuela estaría ahí para cuidarla.
Todos los días, o al menos casi todos, su abuela la cuidaba porque sus padres trabajaban y ella lo entendía, siempre fue una pequeña muy inteligente y en su mayoría es gracias a la crianza y compañía de su abuela.
Al llegar a su casa, al bajar del auto de sus padres, corre hacia la casa y poder saludar a su abuela. A estas horas en la hora de la merienda mientras tomaban un té, su abuela solía contarles historias muy interesantes y maravillosas. Y eso, es lo que le fascinaba.
Se acerca a donde está y ahí la espera con esa sonrisa cálida y los brazos abiertos para recibirla, la pequeña corre y se envuelve en ellos. La saluda con un beso, y se despiden de sus padres. Lentamente se acerca a la mesa ya preparada.
—¿Cómo te fue hoy Melisa? —pregunta con tono dulce y ella le sonríe inmediatamente lecuenta, como puede pronuncia las palabras en el trayecto, y así pasa unos minutos.
—Bueno, pequeñita —dice mientras le tocaba la nariz— hoy te cuento una historia de un pequeño país que tenía tres pueblos: El pueblo de La Luna, El pueblo de las estrellas y El pueblo del Sol.
>>Todos estos pueblos vivían bastante lejos uno de otros, pero algunos se mantenían comunicados. Los alcaldes de estos lugares era tres hermanos, eran las personas más amables que habían y siempre trataban todo con cariño y ternura. Además, cada pueblo tenía una peculiaridad. Tal como sus nombres decían tenían un poder destinado a ellos.
Los habitantes del pueblo de las estrellas tenían el poder de la luz, en su gen estaba la magia pura y con ella podían controlar la tierra, aunque su poder era más bajo porque sus astros estaban muy lejos. En cambio, los habitantes del pueblo del sol controlaban muchas más cosas porque su fuente de poder estaba muy cerca, controlaban casi todo en el planeta.
—¿Y los lunares?— dijo la pequeña muy ansiosa por la historia, creía que sus favoritos serían estos. Su abuela a escuchar como los llamó y solo se rió al escuchar como los había llamado, le recordaba tanto a su hija cuando pequeña.
—Bueno, los "los lunares" no se sabía muy bien, porque muy pocos eran bendecidos con un poder. Pero a ellos no le importaban ya que todos vivían en armonía.
>>Pero un día, el tiempo se llevó a los alcaldes por su vejez y Kin, su hijo, tomó el gobierno a la fuerza. Destruyendo a todo aquel se opusiera, nunca se supo la razón por la que pasó todo eso. Muchos decían que era ambicioso y quería todo para él y el egoísmo cegó a su corazón amable y dulce como el padre.
Una vez que tuvo el reinado, el pueblo de las estrellas. –el relato es interrumpido por su nieta—¡Estelares!—la abuela solamente le dedica una sonrisa y sigue con el relato.
—Los estelares... fueron rápidamente al pueblo vecino a hablar con alguien. Entonces como no podían dejar que el egoísmo por el poder de Kin destruyera todo lo que los tres alcaldes tardaron en destruir decidieron que el hijo menor, Hute, tomara el mandato mientras tanto y él fue directamente a hablar con los lunares.
>>–No me sorprende–dijo uno de los miembros del congreso que armaron con mucha velocidad.
–De alguna manera debemos pararlo, pero nosotros no contamos con poderes –respondió otro. Pero se vio interrumpido antes de seguir por el hijo mayor del alcalde del pueblo lunar.–No estábamos muy seguros y por eso no lo mencionamos, y menos mal, pero Amaris está teniendo irregularidades en cuanto un comportamiento normal y dimos que estaba manifestando los poderes de La Luna.
Todos los miembros del Congreso estuvieron impactados, ¿Hace cuánto no pasaba esto? ¿Por qué ahora? Y miles de preguntas similares aparecieron pero inmediatamente llamaron a Amaris "hija directa de la Luna". Mientras ellos planeaban como detener a Kin, él planeaba como atacar al resto de los pueblos.
Lo que nadie sabía es que Kin en realidad estaba hechizado con magia negra y oscura por una persona que solo guardaba rencor en su corazón y el egoísmo lo tenía aquel ser. Ese ser guardaba en su corazon solo odio, fastidio y sed de venganza por el antiguo alcalde, ya que según él, le robó su puesto. Según él, era Solo suyo y ahora podría tomar aquello que creía merecer.
Aprendió durante tanto tiempo usar magia negra, sin saber que, siendo un ser solar eso lo mataba lentamente. Y sin saber también que, el destino estaba sellado y La Luna estaba apunto de cumplirlo.
Solo Amaris sabía todo esto, porque La Luna se lo mostró, ella sabía todo lo que pasaría y eso la aterraba. No estaba preparada, no. Pero también algo dentro suyo le pedía que salvara a todos, algo suyo decía que debía cuidarlos y si ella tenía que morir, lo haría sin dudarlo. Todo lo que quedaba y todo lo que dejaría de pronto se tenía que volver irrelevante pero otra parte suya no podía, simplemente no. Amaris se encontraba en una pelea interna muy grande ¿valía la pena hacerse la ciega y que todo los demás mueran? No, evidentemente no pero ¿por qué pensaba en eso? Amaris se miró al espejo y se dijo ¡Despierta! No hay nada que hacer, su destino también estaba destinado y no importaba cuanto amara a Kin, él ya simplemente no era lo mismo. Aquel chico adolescente parecía ser solo una proyección de lo que alguna vez fue y que por lo visto, como sus nombres demostraban siempre estarán más lejos que cerca y a pesar de que Amaris le dolía, sabía que debía aceptarlo. Bueno, tenía muchas cosas que asumir y aceptarlas. Lo haría, claro que sí, pero cuesta y duele. Y mientras pensaba todo aquello sintió como una fuerza golpeaba cerca suyo, al mirar por la ventana notó que la hora había llegado. Era hora de terminar todo esto de una vez, y dentro suyo deseaba que realmente acabara de una vez. Lentamente se acercó hacia donde estaba Kin, el terror y la adrenalina formaba parte de sus venas. Lamentaba todo lo que pasaba y sabía que nadie estaba preparado, pero cada paso que Amaris daba la valentía se formaba más y más. Kin y Amaris se enfrentaron y lo que ella vio, lamentó ver a la persona que más amaba estar tan diferente pero lo asumía y al rededor de ellos hizo un muro mágico. Hute, que desde fuera miraba a Amaris y demostró el orgullo que sentía por ella, quien siempre admiró. Y poco a poco también se acercó a pesar de que sabía que esto no lo incluía pero cualquier soporte que pudiese dar lo haría.
Mientras dentro de aquel muro se mostraban a dos personas que despertaron su poder por dentro. Al muchacho se le veía con sus ojos brillantes demostrando que su magia solar estaba despertando y a ella, con símbolos a sus pies demostrando que la magia estaba apunto de envolverla y cuando lo hizo, en sus brazos se veían marcas de la Luna. En definitiva, Amaris hacia honor a su nombre, ella era hija de La Luna y nadie podría refutar. Por fuera de aquel muro miraba la gente expectante por lo que sucedería dentro, estaban asombrados. Pero no podían esperar menos de quién demostró que realmente fue bendecida por La Luna. Volviendo a entrar al muro, Amaris comenzó la lucha empujándolo con una fuerza de aire intensa, Kin y el ser que lo controlaba ¿Los herederos de La Luna controlaban todos los elementos como los seres Solares? El impacto logró que Amaris siga golpeándolo y sin que ellos se dieran cuenta. Kin en uno de los golpes se defendió golpeándola pero el Kin "verdadero" sentía dolor por cada golpe que daba y por cada acción mala que comía, lo mataba por dentro porque usaba mucha fuerza para detenerlo. Amaris también se controlaba lo suficiente, lo único que faltaba sacar toda esa magia dentro.
Y en algún momento entre los golpes ella lo logró y se impactó, aquel ser era idéntico a Hute ¿qué pasaba aquí?. Lentamente giró su cabeza hacia la dirección contraria y notó que Hute estaba igual de asombrado que Amaris y Kin, pero no había tiempo para pararse y pensar, entonces Amaris rápidamente lo atacó con fuego, y el ser quiso detenerlo y falló, la magia negra lo había debilitado momentáneamente pero en cualquier momento los destruiría a todos. Pero no sintió que Kin y Amaris fueron directamente a él, y usó lo último de fuerza que le quedaba. Y los jóvenes también activaron toda la fuerza dentro suyo. Mientras Amaris reforzaba el muro que los dividía del resto de la población para que ninguno sufriera el ataque final.
Las tres fuerzas se juntaron y lograron lo que el destino una vez selló para acabar todo el mal que pasaba entre los herederos de la Luna, las estrellas y el sol separó. El verdadero Hute miraba por fuera todo lo que pasaba y miró al cielo que se oscureció y demostró las estrellas, sus manos se iluminaron y creo un final.
Todo lo que acaba de pasar es el final del mal y sí algún día vuelve a aparecer dos enamorados lo volverán a parar. Y el ciclo finalizará.
Amaris y Kin serán felices juntos y para siempre. Mientras veía que pasaba lo que ya sabía, los dos jóvenes murieron junto el egoísmo de su hermano. Deseaba con todo su corazón que ellos donde sea que estén pudieran estar juntos. Y se dedicó a que los dos fueran recordados por su pueblo para siempre. —Y este es el final pequeña.—dijo con dulzura en su voz. Sabía que su nieta no lo entendería ahora pero esperaba que en un futuro lo recordara y entendiera.—Ven, vamos a ordenar toda la mesa y esperar a tus padres mientras te ayudo con tus tareas. Y ambas se agarraron las manos y se fueron a limpiar.
Y sí, Melisa un día recordaría esta historia y lo entendería, el primer amor era tan complicado.














