🌙 Escena — El primer beso
El castillo estaba casi vacío esa noche.
Las antorchas del corredor alto de Hogwarts lanzaban una luz cálida sobre las paredes de piedra. Afuera, el cielo estaba cubierto de nubes y el viento movía las copas de los árboles del bosque prohibido.
Él estaba sentado en el alféizar de una ventana, con los hombros tensos.
Sus manos jugaban con el borde de la manga de su suéter amarillo.
No le gustaban los espacios abiertos.
El patio central era demasiado grande, el cielo demasiado alto. Su pecho se apretaba cuando salía ahí.
Por eso había elegido ese corredor estrecho.
Ella llegó unos minutos después.
Su capa de Gryffindor rozó el suelo mientras caminaba hacia él. Tenía el cabello suelto y los ojos más cansados de lo normal, pero ya no tenían ese vacío oscuro que él había visto meses atrás.
Cuando lo vio sentado, sonrió un poco.
—Sabía que ibas a esconderte aquí.
Él levantó la mirada, algo avergonzado.
No incómodo. Solo lleno de cosas que ninguno decía.
Ella se sentó junto a él en la ventana.
Por un momento ninguno habló. Solo miraban la noche.
Luego él dijo, casi en voz baja:
—¿Sigues teniendo días malos?
Ella no respondió de inmediato.
Sus dedos jugaron con el borde de la manga de su túnica.
—Pero ya no quiero desaparecer.
Él soltó un pequeño suspiro que parecía haber estado guardando durante meses.
Él soltó una risa nerviosa.
Luego, como si no supiera cómo seguir hablando, dijo algo torpe:
—Leí tres libros sobre depresión.
Ella soltó una carcajada corta.
—Claro que lo hiciste. Hufflepuff.
Él se encogió de hombros.
Ese comentario la dejó en silencio.
Porque la mayoría de la gente no intentaba entender.
Ella lo observó unos segundos.
Él la miró directo a los ojos.
—Pero aprendí que a veces lo único que ayuda es… que alguien se quede.
El aire entre ellos cambió.
Él se encogió un poco, incómodo con la intensidad del momento.
—Bueno… no soy muy bueno escapando de cosas.
Ella sabía que no hablaba solo en sentido figurado.
Su epilepsia lo obligaba a cuidar el estrés, las luces, el cansancio.
Su agorafobia hacía que el mundo fuera más pequeño para él.
Pero aun así… él estaba ahí.
—Eres la persona más valiente que conozco.
Ella señaló el cielo oscuro afuera.
—A mí me da miedo estar dentro de mi cabeza.
Luego señaló el patio abierto.
—A ti te da miedo estar ahí afuera.
El silencio volvió, más suave esta vez.
El viento movió un mechón del cabello de ella y él, sin pensar demasiado, lo apartó con cuidado detrás de su oreja.
Cuando sus dedos rozaron su mejilla, se quedaron ahí un segundo más de lo necesario.
Sus ojos castaños lo miraban muy de cerca ahora.
—Creo que estoy enamorada de ti.
La frase cayó entre ellos como algo simple y enorme al mismo tiempo.
Él se quedó completamente quieto.
—Bueno, estoy. Definitivamente estoy.
Él se quedó en silencio unos segundos.
—También estoy enamorado de ti.
Ella soltó una risa incrédula.
—¿Y lo dices así como si estuvieras comentando el clima?
—No soy bueno con los momentos dramáticos.
Ella lo observó unos segundos más.
Luego acercó un poco su rostro.
—Entonces no hagamos drama.
Él dudó apenas un segundo.
Sino porque quería hacerlo bien.
Pero cuando sus ojos volvieron a encontrarse con los de ella, toda la ansiedad que normalmente sentía en su pecho estaba… tranquila.
El primer beso fue suave.
Pero cuando se separaron, ella estaba sonriendo como si el mundo hubiera cambiado ligeramente de lugar.
—Definitivamente valió la pena esperar.
Él todavía estaba procesando lo que acababa de pasar.
Ella lo miró con una sonrisa traviesa.
Ella soltó una carcajada y apoyó la cabeza en su hombro.
Y por primera vez en mucho tiempo, ninguno de los dos tenía miedo del silencio. 💛❤️